¡Lo dijeron en la tele!3 min de lectura

Ismael García Marcelino

Más allá del exabrupto de uno de sus conductores decanos, que no ha merecido la atención de quienes en materia de salud no solo detentan la autoridad, sino que gozan de credibilidad y liderazgo serio en el territorio mexicano, todo parece indicar que, en los hechos, aquí está el detonador para que las mentiras de Salinas Pliego en torno a su emporio comercial —Banco Azteca, con sucursales en cada calle, Salinas y Rocha y Elektra, que tienen secuestrado a cada uno de sus usuarios en los pueblos más necesitados—, se irán mostrando en su más cruda verdad. No hay mucha certeza en torno a si se aplicará todo el peso de la ley, como tendría que ser, pues ya se sabe que Javier Alatorre es amigo del presidente, pero es de notar que el manejo irresponsable de la información en un momento tan serio y alarmante para la sociedad frente a la contingencia por el virus que tiene al país confinado a sus habitaciones, nos dibujará de cuerpo entero, tal y como son, a TvAzteca y a sus conductores.

Lejos ha quedado el tiempo de las televisoras comerciales con poder absoluto para ornamentar y magnificar a voluntad información de todo tipo, hasta hacer que un lindo monigote o una muchacha curvilínea moviendo sus atributos y emitiendo chillidos se convirtieran en el modelo a seguir para convertirse en artista. Sin vueltas, me refiero a Televisa y a TvAzteca. Sólo hay dos cosas peores en sus historias: una, que por años tuvimos que creer a pie juntillas cada cosa que dijeron y, dos, que el daño que con la cultura del amor por la basura infligieron sobre diversas áreas de la expresión artística, teatro, literatura, música y pintura, por lo menos, se ha prolongado hasta la fecha y sus efectos se sentirán todavía por mucho tiempo.

Hay razones para echarles en cara los daños colaterales: Por años han gozado de la hegemonía informativa que la ignorancia, el poder económico resultado del monopolio (luego llegaron a ser sólo dos) y la falta de alternativas les otorgó sin cortapisas ni regateos; por años educaron a los televidentes con absurdos teleteatros y “escuelas” para “formar” artistas, un Movimiento Azteca con más pretensiones políticas y económicas que espíritu misional de cooperación y programas de concurso donde con toda crueldad se burlaron de la necesidad de las sociedades más pobres; programas de entretenimiento donde el morbo y el señalamiento, junto con la descalificación y las loas a lo bobo, a lo bobo; esquetches para alentar la conciencia social manejados por personajes sin conciencia social (viene a la memoria Rocío Sánchez Azuara, pero ha habido peores) o teleteatros para entusiasmar a  los televidentes en desgracia, pobres, desempleados o enfermos graves, a que creyeran en soluciones  milagrosas basadas en la fe religiosa. Perverso, muy perverso. Lo dicho en la televisión llegó a tener categoría de oficial para mucha gente: Si lo decían Raúl, Jacobo, Javier, Brozo o Paty Chapoy, tenía que ser cierto con tan incuestionable valor de verdadero como un chupacabras o la verosimilitud con que una niña puede esconderse por semanas en el cajón de una cama.

No es para menos, gracias a esta dinámica televisiva, con efectos nocivos para México y América Latina, lo que un día se instaló en nuestro modelo de música “moderna” está lleno de júligans y enriqueguzmanes (copias pirata de lo que los Estados Unidos copiaban de Europa); lo que hoy tenemos como idea de cultura está lleno de bukis y juangabrieles conviviendo con la pretensión de un sitio, apenas de aceptación, para las culturas indígenas en ese mundo artístico, para lo cual tienen que irse adecuando a las formas comerciables de presentación.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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