Materia oscura: Cyberventana4 min de lectura

Luis Britto García

Un virus informático autogenerado permitió a las computadoras fantasear, el imaginario electrónico es  presentado como realidad y los Internecios lo toman como tal. Se declara absolutamente todo sometido a la ley del mercado.

Los códigos de bits y de pix desarrollan dinámicas transformadoras que como las de la memoria borran/reconstruyen/falsifican toda información aleatoriamente. Alfabetos, Sistemas Numéricos, Matemáticas, Geometrías, Notaciones Musicales mutan con la inaprehensible velocidad del relámpago.

Resonadores radiomagnetotérmicoacústicos modifican al azar el código genético de todos los seres vivientes. Proyectores de láser graban marcas de publicidad en nuestras retinas.

Los monopolios de las tarjetas de créditos emiten falsificaciones perfectas de signos monetarios que pierden su valor cada media hora. La droga se hace la única moneda del mundo.

La máquina semioticotópica convierte en realidad todas y cada una de las metáforas poéticas de todos los tiempos. Se obtiene el copyright sobre las emociones de manera que no podemos sentir sin pagar regalías a las industrias culturales.

Las pantallas de ordenadores y televisores titilan en ritmos que desatan crisis de epilepsia colectiva. Los laboratorios de las multinacionales dejan escapar el virus-droga incurable que se incrusta en el metabolismo y vierte perennemente en la sangre compuestos sicotomiméticos.

El proyecto Genoma Humano lanza marcas y modelos de hombres adquiribles en las Bolsas de Valores Humanos. Nuestros seres queridos son sustituidos por dobles audianimatrónicos, lo que imposibilita las relaciones personales.

Nebulizaciones de L dopamina desatan estados de depresión colectiva. Réplicas cibernéticas de líderes descerebrados gobiernan los restos de los entes políticos, entregándolos por trozos a las trasnacionales.

El Fondo Monetario Internacional impone a los individuos la esclavitud por deudas perpetua o hereditaria que hasta ahora se imponía sólo a las naciones. El índice Dow Jones descubre que los seres humanos no son rentable y se decreta nuestra aniquilación mediante la droga rejuvenecedora que nos convierte en fetos y luego separa al espermatozoide del óvulo.

Los monopolios se apoderan de los pulmones vegetales de Guayana y de Siberia y nos venden el aire por inhalaciones. Se escapa de los laboratorios israelíes la bacteria que se come al petróleo y sus derivados, y al disolver todos los tapones de plástico libera los microorganismos devoradores de recuerdos y de ojos. Los laboratorios de las trasnacionales lanzan el virus-sinapsis que implanta ideas fijas en nuestras neuronas.

Entregamos a nuestros administradores autorizaciones para vendernos a los poderes del capital extranjero. El Banco Mundial impone el pago de matrículas para la educación, de manera que sólo quienes tengan conocimiento puedan tener acceso al dinero. En todos los alimentos se incorpora como aditivo la droga que crea dependencia hacia la primera cosa que vemos.

El monopolio de la información logra acaparar toda la información disponible del mundo dejándonos a todos desinformados. Los ordenadores de los silos nucleares ensayan juegos de Apocalipsis para ponerlos en práctica al desarrollar la estrategia perfecta de Destrucción Mutua Asegurada.

Atrapados en mundos de realidad virtual invertimos nuestras ganancias en proyectores de realidad metavirtual que replican la realidad verdadera o por lo menos crean una indistinguible de la verdadera. Bienes, creencias y órganos son propiedad del primero que haga una oferta que no podamos sobrepasar. Son declaradas obligatorias la prostitución sexual y la intelectual.

Un polímero del ácido desoxirribonucleico convierte toda la naturaleza animada en inanimada. El núcleo de ferroníquel de la tierra se convierte en un cerebro que reflexiona sobre el horror de la nada que lo circunda. Intentamos el suicidio colectivo como única defensa contra la perversión multitudinaria de los fantasmas neurónicos. Ni siquiera muertos descansamos en paz, nuestros cerebros están en animación suspendida atormentados por pesadillas electrónicas que acumulan variantes de nuestros terrores arquetipales y nuestras fobias.

Ya todo esto está sucediendo en la realidad pero un corte de láser en tus lóbulos prefrontales te impide advertirlo.           

Foto de Steffen Brinkmann.

Luis Britto García (Caracas, Venezuela, 1940).

Narrador, dramaturgo, ensayista, periodista, guionista cinematográfico, político, abogado y profesor universitario. Autor de una fecunda y brillante producción impresa que, partiendo de la explotación feraz de las más variadas modalidades genéricas de la creación literaria (como el relato breve, la narración extensa o la escritura dramática), redondea con el ensayo y la vocación lúdica de su producción en general.

Algunos de sus libros son las colecciones de cuentos Los fugitivos y otros cuentos; Rajatabla (Premio Casa de Las Américas) y Abrapalabra. La publicación de Abrapalabra (1979) vino a consolidar, desde el propio guiño lúdico de su título, ese estilo vivaz, paródico y alucinado que toma el lenguaje como punto de partida y lo convierte, más que un vehículo de expresión del hecho literario, en el hecho literario en sí.

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