Materia oscura: Días confusos5 min de lectura

Nancy Murillo

A veces sientes que la monotonía te persigue, que anda brincando a tu alrededor cada vez más cerca, tallándose en tu piel, apretando como si quisiera asfixiarte.  Corres hacia el frente para huir de ella, hacia la derecha, a la izquierda…  Ahí  está.  Te desplomas con la garganta apretada,  porque te das cuenta que ya te está habitando, se ha enseñoreado en tu cuerpo, la quieres arrancar desde lo más hondo;  pero semejante al chicle,  por más que la estiras no se despega,  permanece adherida a su base.

En uno de esos confusos  días,  me encontraba leyendo sentada en la barra de la cocina.  Era casi la una de la madrugada.  Todos  durmiendo.  La casa entera adormecida en su oscuridad. 

Empecé a escuchar ruidos a mí alrededor,  como si alguien anduviera hurgando en los cajones de los gabinetes,  no le di importancia.

—Aquí no hay nadie además de mí —pensé  —y no voy  a investigar a esta hora si anda  algún ratón por ahí dentro. Esos ruidos son normales en una casa que se contrae o se expande por los cambios de temperatura.

Continué concentrada en mi lectura. Un fuerte golpe como de cajón cerrándose con violencia,  me hizo brincar en el asiento. ¿Cómo se pudo cerrar ese cajón tan bruscamente si ni siquiera está abierto?

El  húmedo trapo de limpiar, estaba secándose extendido sobre el escurridor de platos, a un lado del fregadero. 

Desparramo la mirada para que escudriñe lo que sucede, en eso, el trapo mojado se levanta, se impulsa y se arroja contra el suelo estrellándose sonoramente.

—¡Ay cabrón! —Intenté bromear, nunca había visto que un trapo se suicidara. Tal vez el trapo se cansó de ser un simple trapo.  O sintió que era muy difícil llegar a ser secador de vajilla y prefirió lanzarse al vacío… pero… ¿Cómo se impulsó  por sí mismo?

En ese momento se me pusieron los pelos de punta. Salí volando de la cocina, ni siquiera apagué la luz, mucho menos se me ocurrió levantar el trapo.  Solo alcancé a aferrar el libro y caminar rápidamente por un eterno pasillo hasta mi recámara. 

Pasaron algunos días. Ya olvidado el incidente, en esa hora que no es de día ni de noche, como a las siete de la tarde,  me  encontraba en mi habitación, recostada, con la televisión encendida.

Enfrente, a un lado de la tele hacia la izquierda, el perchero para trajes tenía colocado un sweater pintolillo en tonos ocres y chedrón. A mi derecha, hay un ventanal que da a la terraza.  No veo el programa, contemplo el jardín que en esos momentos ofrece una placentera melancolía. La bruma comienza a velarlo.  Los árboles diluyen el verde de sus hojas  en la sombra que los carcome,  macetones con helechos salpicados de gotitas de rocío, mudan de color hacia el gris,  el último mechón del día se estaciona unos momentos en el intermedio.

Al notar que algo se mueve, me vuelvo hacia el perchero. El  sweater pintolillo empieza a levantar una de sus mangas,  con lentitud, se sacude un poco y continúa hasta dejarla perfectamente vertical. Se mantiene un momento  y cae,  como si lo soltaran de pronto.
—No hay ninguna razón para que un sweter sea autónomo —pensé. —Esto que estoy viendo no es real.

No hui, ni lo comenté, sencillamente permanecí viendo tele. Ni por curiosidad volví a mirar hacia el perchero.

Más tarde recapacité que algunas veces las oscuridades interiores de las personas, se esparcen hacia el exterior; que pudieran acumular tanta energía hasta materializarse,  haciéndose presentes de alguna manera.

Pero sea ésta la explicación o no,  es demasiado incómodo  enfrentarse con fantasmas, sweaters saludadores, y trapos suicidas.


Nancy Murillo

Licenciada de Artes Visuales en la Universidad de Nuevo León. Diplomada en la escuela de Arte Dramático también en la Universidad de Nuevo León, diplomada en “Cuenta -cuentos” en el taller de Difusión Cultural del Teatro de la Ciudad de Monterrey, N.L., participó como actriz en diferentes obras teatrales dirigidas por: Rubén Gonzalez Garza, Julián Guajardo, Virgilio Leos Luis Martin.
Algunas de sus publicaciones son: El libro de poesía Los Caminos Transparentes (1987), en la revista Rumbo 2000 escribió el cuento La Mandragora, también para la revista Dos Filos, publicación  bimestral del Estado de Zacatecas, coordinada por el escritor José de Jesús Sanpedro y en la revista Galere del departamento de difusión cultural de Arte, A.C. de Monterrey, N.L. dirigida por Lic. Celso Álvarez.

Participó en el «Primer Encuentro de Lectura y Conversación de Escritores» organizado por el Gobierno del Estado de Coahuila y coordinado por el escritor Jesús De León (1990).

Escribió para la revista mensual Historias y Entretenimiento y para el directorio La Terquedad de 1990 a 1992, ambas publicaciones del consejo editorial Del Gobierno del Estado de Coahuila y dirigidas también por Jesús de León, después escribió también, de 1997 a 1998 para la revista El Correo Chuan editado por el grupo La Mancuspia y coordinado por el escritor Héctor Alvarado. Monterrey, N.L.

Participó en los “Miércoles Literarios” de la Casa de la Cultura en Santa Catarina, N.L En diferentes etapas he sido integrante de: “Taller de Narrativa y Poesía” coordinado por el escritor Pedro Ojeda, “Taller de Narrativa” dirigido por Jesús de León, “Taller de poesía” dirigido por Sergio Cordero y en todos los talleres organizados por la Casa de la Cultura de Monterrey, N.L.

Fue Juez Master Internacional de horticultura y diseño floral afiliada al National Garde Club, Inc. de San Louis Missori. Conferencista Emérita del Consejo Mexicano de Jueces en horticultura y diseño floral del Estado de Nuevo León. Recientemente ha sido integrante del taller de escritura creativa “Las Pitonisas” dirigido por la escritora Patricia Laurent Kullick. También tiene un taller llamado “Wiccas de escritura creativa”, juntoa Nora Lizeth Castillo Aguirre y Nora Carolina, Malena Muzquiz, asesoradas por Nora Lizeth.
                                                       


Imagen de portada: Foto de Abstracto creado por freepik.

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