Morelia: tras el rastro de Manuel González Galván12 min de lectura

Raúl López Téllez

Constructor, restaurador, pintor, fotógrafo, coleccionista, pero sobre todo un defensor del patrimonio arquitectónico e histórico de Morelia, son la suma de atributos en una personalidad como Manuel González Galván, cuya talla en nuestros tiempos se antoja difícil de alcanzar, pondera su discípulo y principal difusor de la obra del arquitecto, el historiador Ramón Sánchez Reyna.

A propósito de la inauguración de la exposición “Manuel González Galván. Tras las huellas de sus pasos”, Sánchez Reyna señala que ese transitar del personaje hay que buscarlo tras las restauraciones, construcciones y remodelaciones que emprendió, además de los debates -incluso con la jerarquía eclesiástica- que sostuvo cuando de defender la identidad vallisoletana y moreliana se trataba. “Personaje cumbre de la cultura, el arte y la arquitectura en Michoacán, que poco se conoce porque las nuevas generaciones no saben de él”, define.

Manuel González Galván nació en Morelia en 1933 en el barrio del Carmen, y falleció el 20 de diciembre del año 2004. Integrante de una generación donde destacan historiadores y críticos del arte como Teresa del Conde, Jorge Alberto Manrique, Xavier Moysén y Elisa Vargas Lugo, los pasos tempranos de González Galván refieren su participación en un certamen para jóvenes menores de 18 años de edad, con un jurado integrado por “el joven Juan Soriano”, en el que resulta premiado junto con otras 19 obras elegidas de artistas como Rafael Coronel y Jesús Escalera, otro michoacano que descollaba en las artes plásticas. “Acueducto en gris”, es la obra ganadora de González Galván y recibe además de un diploma y dinero, una beca para estudiar en la Escuela de Pintura y Escultura “La Esmeralda”, del Instituto Nacional de Bellas Artes.

González Galván nació y creció en un ambiente de artistas. Su abuelo, Francisco Galván, impartía la clase de dibujo en el Colegio de San Nicolás; su madre, Guadalupe Galván, ejercía la pintura, por lo que el joven Manuel tomaba el mismo camino y recibió clases con el pintor Joaquín Pérez de la Busta, en un estudio ubicado por la pila del Ángel, refiere Sánchez Reyna sobre las bases que tenía el niño y adolescente, con las que llega a “La Esmeralda” donde tuvo como maestros a Francisco Zuñiga, en escultura, y a Alfredo Zalce en grabado.

Exposición “Manuel González Galván. Tras las huellas de sus pasos”

Entre los 17 y los 19 años, Manuel González Galván inició un registro de la ciudad caminado por sus calles y plazas con una cámara fotográfica que ya pocas veces dejó en sus viajes, con la que logró un archivo -donado a la UNAM en el año 2005, un año después de su muerte-, consistente en alrededor de 15 mil diapositivas.

Cuando inició ese andar con su cámara, “en la ciudad ya había modificaciones y deterioro”, lo que lo habría llevado a estudiar la arquitectura virreinal a la par de impartir clases en la UNAM, dice Sánchez Reyna, curador de la muestra que exhibe un promedio de 100 piezas inaugurada este 16 de mayo.

Su visión de restaurador -alimentada además por un viaje a Guatemala y Nicaragua, donde  dibujos y fotografías sustentan esa travesía en un libro, Diario de viaje de un estudiante de arte-, lo llevan a participar años posteriores en remodelaciones del Templo del Carmen y su plaza; en el Templo de San José y su jardín; en el Callejón del Romance; en el edificio jesuita de Clavijero y donde fue el constructor de su fuente; Conservatorio de las Rosas, y el Palacio Municipal además del antiguo Palacio de Justicia.

Centro Cultural Clavijero

Otras remodelaciones fueron la de la Plaza Valladolid, punto fundacional de la antigua Valladolid; la Catedral de Morelia, en cuyo entorno propuso crear una plaza monumental donde el inmueble no estuviera en su centro sino dentro del conjunto, lo que crea una explanada que es la segunda en dimensiones después del Zócalo de la Ciudad de México, indica Sánchez Reyna en entrevista con el-artefacto.

“Cuando empieza a haber automóviles, fue fraccionada en tres, al que se denominó Plaza Ocampo y entre la reja de Catedral se abre una calle para autos; luego se abre una calle transitable para automóviles, que corre hacia la Cerrada de San Agustín, se le crea un camellón con palmeras como era la moda y se queda volando, sola, la Plaza de Armas. El gobernador lo llama siendo él estudiante de arquitectura, le pide que caminen por la plaza y le platique qué desearía él para la plaza, y le dice, devolver la unidad a esta gran plaza, que fue una sola y que la Catedral debe estar adentro como ha estado. Se cierra efectivamente, podemos ver los desniveles de piso, se vuelve a hacer peatonal la cerrada de San Agustín, como lo había sido toda la vida de Morelia, se le quita el camellón de la Calle Real que tenía palmeras, arbotantes y dragones, y que (González Galván) decía, no tienen nada que ver con la ciudad las palmeras. Se integra entonces una sola plaza”, aunque no se concreta en su totalidad y se crea la Plaza Benito Juárez, anexa a Catedral y que une a la Plaza de Armas, en “un lenguaje muy barroco sobre la ciudad”.

En la década de los años 60, González Galván proyecta y construye la escalinata de la Tesorería Universitaria, en contraesquina del Jardín de las Rosas, y el inmueble particular que se ubica frente a la misma; el Teatro Ocampo; la Plaza de Carrillo y como “asesor nato” de alcaldes como Alfonso Martínez Serrano, plantea la demolición del mercado en San Francisco que devuelve la majestuosidad al ex convento, además de planear mercados como el Vasco de Quiroga, el Valentín Gómez Farías -más conocido como del Santo Niño-, el Independencia y el Revolución o San Juan, y constructor del Templo de San Martín de Porres en la Colonia Industrial, en 1964. En ese periodo municipal ya con Marco Antonio Aguilar Cortés como alcalde, señala, “se retiran los ambulantes y se crea el Mercado de Dulces y Artesanías.”

En ese conjunto de obras, dice Sánchez Reyna, “ahí vamos encontrando la huella intelectual y profesional, arquitectónicamente hablando, y su defensa por la ciudad.”

De todo lo hecho, refiere el historiador, “no hay un cálculo de obras creadas, diseñadas o remodeladas” por González Galván en el ámbito público, además de proyectos realizados a particulares, al igual que, considera el estudioso, no se ha dado la difusión adecuada de su legado.

Escalinata de la Tesorería Universitaria

“Una de sus primeras obras fue, quitar la fachada de concreto de la casa del profesor Porfirio Martínez Morales y ponerle una fachada moreliana, de cantera, al grado de que cuando los arquitectos del INAH crearon el listado de los 113 monumentos para enviar a la UNESCO, la incluyeron como una fachada antigua, porque pareciera que tiene siglos ahí”, destaca en cuanto al estilo que regirá el criterio de González Galván como arquitecto: sobriedad, sencillez y funcionalidad: “no destruir en un Centro Histórico para construir lo nuevo; la mancha urbana va creciendo”, señala en referencia al Templo de San Martín de Porres, el cual afirmó lo realizó para demostrar a sus detractores que sí sabía construir moderno, contemporáneo, “pero donde debe de ser”.

Más allá de un homenaje que le rindió la Universidad Michoacana hace 20 años, la exposición abierta este sábado 15 de mayo en el Centro Cultural Clavijero, ofrece un acervo poco conocido con las facetas del Manuel González Galván artista, dibujante, pintor, escritor y proyectista, una exposición que se alimenta con los aportes del Fondo Documental Fotográfico “Arquitecto Manuel González Galván”.

-Obviamente no hay un sucesor de González Galván…

“No, es muy difícil, hay gente consciente, pero se necesita una conciencia y un compromiso, porque al enfrentar una defensa de esa naturaleza te vas a echar de enemigos personales e institucionales…”, señala, a lo que agregaría sobre el conocimiento actual de su legado: “¿Pero qué sucede hoy? Que este ametrallar de los medios de comunicación y de las redes, distraen sobre todo a los jóvenes, hay que buscarlos y hay que ubicarlos para que siga habiendo escuelas sobre la defensa del patrimonio”.

Cerrada de San Agustín

-Se puede hablar que tocó intereses de empresarios y políticos…

“Claro. Con la Sociedad Defensora del Patrimonio de Morelia, además de la Comisión Nacional, enfrentamos dos cosas particularmente, la no construcción del comercio en la azotea del viejo Hotel Oseguera y la no ejecución del mural en el cubo de la escalera del Palacio Clavijero. Hicimos una encuesta muy importante sobre la consciencia de la ciudadanía respecto a ser Morelia Patrimonio de la Humanidad y como estaba inundada de comercio ambulante, y había una conciencia extraordinaria…”, alude a proyectos que finalmente se concretaron pese a las más de 10 mil opiniones recabadas en sentido contrario.

Con la jerarquía católica, refiere, se enfrentó cuando como asesor de la remodelación de la fachada de la Catedral, siendo integrante de la Comisión Nacional para la Preservación del Patrimonio entre los años 1992 y 1993. “Un día se encuentra con que el retablo de la Virgen de Guadalupe, la que ve a la Plaza Ocampo, estaban cortando la cantería, las partes dañadas y metiendo injertos y en la Torre Poniente, la fachada que da a la Plaza de Armas, San José, y en el cupulín de la torre oriente, estaban pintando vilmente la cantería de color rosa, como un pastel con betún. Habla con el arzobispo Estanislao Alcaraz, para parar la obra y le dice que no. El arquitecto regresa de inmediato a México y recurre a Efraín Castro, coordinador de la Comisión Nacional de Patrimonio, llaman a rueda de prensa y se para la restauración de Catedral, él renuncia a la asesoría. La compañía ofrecía enmendar los daños, y él pide que no, que se retire y que empiece una restauración adecuada. Del color puesto y que la compañía ofrecía quitar, raspando con cepillos de aluminio y él dice que no, que se vea el error cometido”.

Palacio de Justicia

-La Catedral fue la obra que más ponderó…

“Fue su pasión y tendrán que pasar décadas, quizá siglos, para que vuelva a haber un conocedor y estudioso con la agudez que fue González Galván; la conoció como nadie.”

En el caso de la declaratoria emitida por la UNESCO, destaca que González Galván fue el autor de una carta dirigida al gobernador Genovevo Figueroa Zamudio sobre la situación patrimonial, con la cual iniciaron los trámites y que influyó para que se estableciera la Zona de Monumentos en Morelia en 219 manzanas, desarrollada en conjunto con Teresa Martínez Peñaloza, directora del INAH Michoacán, y Ricardo González, director de Patrimonio del Instituto.

Plaza Valladolid

Se le pide un perfil cercano de su mentor y Sánchez Reyna habla del texto que presenta la obra: “Manuel González Galván-Morelia. Morelia-Manuel González Galván. Conjunción indisoluble. La vieja Valladolid fue el escenario y él supo desarrollar sus habilidades de dibujante, pintor, escultor, fotógrafo, historiador del arte, arquitecto, creador y defensor del patrimonio. Todo fue en torno a Morelia”.

En la trayectoria de González Galván, resume Sánchez Reyna, “hay dos líneas principales, la ciudad y lo religioso, va jugando con los dos temas, y dentro de lo religioso destaca lo angelical, hay cuadros muy surrealistas de los ángeles, ángeles que se cortan las alas, ángeles sin una pierna y que van andando con muletas, teniendo alas para volar; ángeles que ven hacia un vacío; ángeles que grafitean un muro que parece de un panteón, con ´Dios no existe´, cosas de esa naturaleza…”.

Teatro Ocampo

“Manuel González Galván. Tras las huellas de sus pasos”, Centro Cultural Clavijero, Sala 3, Planta Baja. Acceso libre y controlado por medidas sanitarias. Abierto de martes a domingo, de 09:00 a 18:00 horas.

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