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Livier Fernández Topete

Naciste así, con todo lo que ya se ha dicho sobre ti, con todo lo que el lenguaje te ha enseñado, a tu favor con las verdades o con lisonjas que encubren su violencia, y en tu contra a través de las miles de formas de anularte, de agredirte, de sobajarte, de ignorar tu deseo.

Germinaste a un mundo hecho para que los hombres tuvieran más derechos y más placer, aunque ellos también han sufrido esta construcción de los géneros. Tu semilla ha crecido entre mentiras, coacciones, crueldades y ferocidades.

Los machos y otras hembras, han hecho de ti un bulto, un objeto, un saco que difícilmente se concebiría a sí misma como Persona ¿Cómo habría de hacerlo si las primeras dos miradas que la constituyeron la vieron a través de esa lente? ¿Cómo, si nunca te miraron?.

Afloraste en un contexto de carnívoros y carniceros, tu flor de carne y hueso brotó en un planeta indiferente a tus colores.

Brotaste en tierra estéril para tu aroma.

Apareciste por el cuerpo de otra mujer crecida bajo el mismo cielo oscuro.

Manaste de una fuente límpida para estancarte en un pantano.

Pero eres afortunada de roderarte de otras féminas que han decidido reconocer y alzar sus voces, que están dispuestas a escucharte aunque en tu historia te hubieran tan sólo oído.

Recuerda que eres vícitma y victimario de tu propia existencia y la de los tuyos, no te olvides de que eres parte de otras hembras de otras especies que con el mero institnto tienen tanto que enerñarte. Conmemora el coraje y la valentía de las muchas otras que en distintos tiempos han surcado tu camino.

Ya no tienes excusa para bajar la frente, levanta el rostro, iza la voz como tu más alta bandera, haz lo tuyo, deja huella en los tuyos; procura hacerlo con la consciencia, la suavidad y la congruencia que esperarías de cualquier hombre, aunque esta batalla (sobre todo contigo misma) te lleve toda la vida combatiendo. Tienes las armas, la compañía de otras guerreras, tienes a soldados dispuestos a pelear por tu lucha. Enójate si quieres, llora si es necesario, concilia, ama y deja que te amen.

Nº3. Lucía y Cupido, de Ángeles Agrela

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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