¡No tenemos Cambio!3 min de lectura

Ismael García Marcelino

Algunas razones que nos hacen cuestionar el discurso de la sociedad tienen que ver con la decisión de cambiar las cosas que nos parece que no están bien así. Se requiere valor para cambiar esos esquemas. Veamos por qué:

Pagar el pasaje con un billete de doscientos pesos en una combi a las cinco de la mañana parece una estupidez, pero solo por mayoría de votos; si lo pensamos bien, una actitud como ésta no acierta solo porque la mayoría cree que traer moneda fraccionaria, cambio, vuelto o morralla es una obligación de quienes usamos el transporte; es como si tuviera que llevar plato y cubiertos cuando entro en un restaurante (por cierto podría hacerlo, si quisiera, y eso estaría muy bien, sobre todo para evitar que algunos establecimientos usen loza desechable, pero de ahí a que tenga que hacerlo, hay una diferencia importante). Es como si, por encima de mi desempeño como maestro de escuela, como empleado en una oficina de gobierno, como dependiente de mostrador en una farmacia, como comerciante o cualquiera que sea mi oficio, tuviera que estar atento a que el chofer de la combi consiga trabajar sin problemas. “Es que voy empezando”, se defiende y encima se molesta. ¿Cómo evitar el conflicto que de origen no debería provocar un conflicto? Solo con un cambio en nuestras formas de pensar.

El chantaje en los bancos tiene en la extorsión que representa confinar a la fila de los apestados a todo usuario que no puede o no quiere (no queremos) contratar una cuenta que nos convierte en víctimas voluntarias de su ‘crédito’ su actitud más perversa; tal chantaje con que los hace esperar el tiempo que a la cajera se le antoje es una divisa que pretende hacernos caer en la trampa de una tarjeta bancaria. ¿Cómo hacerles entender a los incautos que lo que un banco busca no es atender mejor, sino enredarlos con mayor facilidad, cobrarse a como dé lugar y de paso imputarles incapacidad personal para administrarse? Solamente con un cambio de razonamiento.

Una treta detrás de otra y fundadas todas en la falsa idea de la felicidad que las empresas verán transformada en algo más contante y sonante que nuestra sonrisa. Esa sonrisa será solo una mueca frente a las dificultades para pagar el obligado regalo del Día de la madre, del Día del amor y la amistad, del Día del niño, del Estudiante y cada fecha que la sociedad mexicana suele inventar con multitudinaria aceptación. Una muy compleja trama de compra y venta de afecto que, sin embargo, muy pocos rechazan, por divertida. ¿Qué argumento convincente se le ocurre a usted para hacerle entender que regalar para ser amado y amar tendría que ser un gesto detonado por algo menos bobo que el comercio y la cosificación de los sentimientos humanos? Solamente con la voluntad de cambiar.

Cambio de Michoacán fue el periódico que nació a pesar del anquilosamiento periodístico que Michoacán vivía con periódicos que servían para consultar la cartelera, encontrar trabajo o un cuarto en renta, para leer el horóscopo o adornar el tablero de un taxi. Esa es la crisis del periodismo subsidiado por gobiernos inamovibles del partido oficial y oficialista que Cambio de Michoacán hizo tambalear al crear un espacio para que algunos escribientes dijeran las cosas en un tono menos autocomplaciente. Por las razones que sean, si no tenemos ya un periódico con esa actitud, no veo gente con ganas de meditar sobre las cosas que es mejor cambiar, aunque en ello nos vaya la tranquilidad de la paz y el silencio.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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