¿Nos desbarata el viento?2 min de lectura

Livier Fernández Topete

Escuchamos a Caifanes en el jardín de la casa familiar, emocionados todos, cantamos otrora al unísono letras de «El nervio del volcán». La menor no vivió eso con nosotros o ni siquiera lo recuerda, pero después de varios años tiene la suerte de entrar en escena, de recordar su olvido: Muchos años uno cree que el caer es levantarse y de repente ya no te paras

…porque los huesos, porque la caída libre, porque hay que retorcerse en el suelo aunque se retrase el ponerse de pie.

Otros años uno cree que el amor es eterno y de repente estás muy solo. Porque la soledad trae melancolía y la nostalgia trae retiro y el aislamiento trae encuentro y verdad que vienen del adentro. Afuera, afuera tú no existes, sólo adentro. Afuera, te desbarata el viento sin dudarlo. Afuera, nadie es nada, sólo adentro.

Siguen los años y uno cree que puede creer y tener todo el poder y de repente no tienes nada, porque afuera….

El ser humano es lento, perezoso, incluso a veces estático, puede estacionarse por años o décadas en una lección que no termina de entender. Una broma nos juega el universo al concedernos un tiempo breve en el planeta. Según lo que nos lleva aprender algo importante, deberíamos vivir cientos de años, pero no, damos manotazos en el pozo de nuestros procesos, comprendemos poco y a veces a destiempo. Algún fanstasma vigilante se ríe de nosotros, la realidad es un capricho, nosotros niños carpichosos y ciegos que buscamos afuera, afuera, afuera lo que adentro reclama nuestra escucha. Somos volcanes en erupción que desconocen sus nervios, sus fibras sensibles y movilizantes. Cráteres inflamados, irritados e irritables que vomitan hacia afuera, porque adentro el pozo sin fondo, las razones y sinrazones, la contradicción de nuestra existencia.

Afuera no nos cuidan, sólo adentro encontramos el cobijo de la autocompasión al reconocer el arañazo incurable, la huella de nuestra entrada al mundo, la herida abierta, la falta que intenta llenarse, la fractura en la médula espinal que coarta pero que se aferra a la esperanza.

Un vuelo se atisba, pero no es allá afuera, sino que se eleva desde adentro, adentro, adentro donde el viento no nos desbarata, pues es plataforma para despegue, suave vaivén para renacer afuera.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.


Imagen de portada: Fotograma del video-instalación Inside-outside, de Anna Uscinska de Rojas

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