Nurio: La dimensión de lo perdido II11 min de lectura

Raúl López Téllez

Antonio Ruiz Caballero abunda en las características del artesón consumido por el incendio en el Templo de Santiago Apóstol en Nurio, que Juana Martínez Villa ubica como una pérdida espiritual para la comunidad indígena, “porque el espacio religioso es el alma de la comunidad, sobre él gira toda la vida, afortunadamente les queda una capilla, que es como un santuario alterno, sin embargo deben estar devastados”. 

Autor de una tesis sobre los artesones de Naranja, en Zacapu, y Nurio en el municipio de Paracho, Ruiz Caballero destaca la temática de los ángeles músicos en el caso del artesón perdido, por “los significados que se asociaban a la música en la época colonial, siendo una manifestación tan importante desde la evangelización y ya en los tiempos de una cristiandad indígena, era muy importante, y desde muchos puntos de vista, son complementarios, en el escenario que constituía el templo, si la intención era dar una imagen del paraíso, donde digamos se unían varias manifestaciones artísticas para dar esa imagen del paraíso, la música, lo visual y aparte todo lo que ocurre con el ritual, los olores incluso, del incienso, de las velas. Por esa razón, para mí ha sido muy importante el tema”.

-La idea de los artesones, sobre todo en estas iglesias de las comunidades indígenas, ¿tenían un fin específico, construirlos ahí?

“Yo creo que siempre tiene una finalidad ritual. Finalmente el asunto es que son poblaciones que se convirtieron al cristianismo; podemos hablar de un cristianismo indígena, que no es exactamente igual al que se practica en Europa, que tiene muchos elementos en creencias y prácticas de religiones indígenas precedentes, pero que en este momento me parece que es una demostración de ellos mismos de que son plenamente cristianos y así como los ´artesonados historiados´, que es el término que acuñó el arquitecto Manuel González Galván, la misma función tiene una cúpula pintada, por ejemplo, que finalmente es abrir una imagen del paraíso, como abrir una ventana a ese cielo habitado por ángeles, por santos, y además de eso, yo sí creo que están algunos de ellos relacionados con prácticas de carácter devocional, que es el sentido de que encontremos alguna relación con la letanía lauretana, que sabemos que se rezaba o se cantaba o se canta todavía en algunas comunidades, esta letanía de la virgen que está en más de uno de estos artesonados.”

En el caso de la Capilla de San Lorenzo, en Zacán, interviene Sánchez Reyna, “un poco también en la Capilla de Nurio, las temáticas luego se van entrecruzando; por ejemplo en la Cañada de los Once Pueblos, hay más presencia de los apóstoles, acá en la Sierra, en la parte alta, más la presencia mariana, y lo mismo que pudo acontecer con la pintura mural de Charo, de Cuitzeo, tienen un carácter didáctico, en su momento no eran solamente cuestiones decorativas, sino que se practicaba algo en ellos, es acrecentar la religiosidad, que además las comunidades indígenas de México y yo creo de América, aprendieron muy pronto esa religiosidad implantada en buena medida por órdenes religiosas, en el caso de Michoacán, agustinos, franciscanos, que compartían algunas de estas doctrinas o capillas de visita, como se les denominaba”.

Un cielo musical

-¿Particularidades alegóricas del artesón en Nurío?

“La idea en general es que como casi en todos los techos de Iglesia pintados, es una imagen del cielo, pero la particularidad de ésta, es que es un cielo musical, era un cielo musical. Cuando uno entraba, la primera imagen con la que se encontraba era un pinjante dorado que representaba al Sol, un Sol encerrado en un círculo y además en un cuadrado, uno volteaba a los lados y lo que veía era a estos ángeles músicos, eso fue lo que a mí me acabó de enamorar de ese artesón.

“Eso ya es la señal de que hay música en ese cielo y es un lugar común en el arte cristiano, el asunto de los ángeles músicos que están interpretando música celestial, pero cuando uno revisa algunas cuestiones que tienen que ver justamente con estas ideas neoplatónicas en el contexto cristiano, de que existen tres tipos de música, que se concebían y estaban en los tratados de música de la época. Se hablaba de la música mundana, pero no entendiendo el mundo terreno sino como el Universo, la creencia de que los astros al moverse producían sonidos, esta música no era audible para los seres humanos y era la música divina, interpretada por los ángeles, sobre todo por las jerarquías más cercanas a este centro (el Sol), que significa a Dios en torno del cual están agrupadas las jerarquías de los ángeles, los nueve coros.

Foto: Ramón Sánchez Reyna

“Después está la música humana, que tiene que ver con la comunicación del alma y el creador, en la medida que uno lograba el conocimiento interior, la purificación, podía entrar en armonía con esa música mundana. Y el tercer tipo, es el que se le llama la música ´instrumentalis´, que es la música real, sonora, concreta, que el oído humano puede escuchar y que la produce la voz humana como el mayor de los instrumentos musicales y los instrumentos propiamente.

“Una cosa muy interesante en este artesón y en el de San Bartolomé Cocucho, es que los ángeles no están puestos al azar, los instrumentos que tocan están agrupados claramente, de un lado los de cuerdas y del otro los de viento, con cantores, no solamente los instrumentos musicales, sino que también ahí había un ángel precioso que tenía un papel de música, que incluso tiene la notación musical de la época, en un momento dado se podría hacer el ejercicio para ver si se puede reconstruir el fragmento musical. Entonces, básicamente lo que nosotros tenemos es este centro, que representa a Dios, en torno de él, está el círculo que es conocido el tratado de uno de los autores neoplatónicos, Dionisio Aeropagita, que hace toda esta descripción del Universo y él habla justamente de que en el centro está justamente Dios, en torno a él está el círculo de Dios, y después siguen agrupadas las jerarquías de los ángeles; el cuadrado representa al parecer justamente el mundo, y es como esos rayos del Sol que al mismo tiempo puede ser esa música del Universo, se distribuye por los cuatro puntos cardinales del mundo o del Universo, la voz incluso de los apóstoles, etcétera, el mensaje cristiano se difunde por todo el Universo, ahí está una imagen del universo neoplatónico único, que posiblemente esta parte central es difícil de codificar, no solamente por una comunidad indígena de la época, sino de cualquiera de nosotros. ¿Cuál es el punto central de ese mensaje de ese cielo musical con la gente?, son los ángeles, además es la jerarquía inferior de los ángeles, que es la que puede entrar en contacto con los seres humanos; en la Biblia, siempre que aparecen en contacto con los humanos, son ángeles o son arcángeles, son los mensajeros”.

-¿Se puede hablar de un tiempo que haya durado la elaboración de la pintura?

“Es muy complicado saberlo. Hay una descripción del obispado de 1861, ya habla de un artesón pintado, pero es improbable que haya sido en un año la duración de todo esto, en ese mismo año pasa el obispo por Nurio, creo que es por los meses de marzo-abril, no sé si en la descripción se están refiriendo a que está en proceso la obra, hablan de una inspección ocular, una descripción que creo que hace el mismo cura, Juan Rodríguez Calvo de Mendoza, no tengo ahorita el dato preciso”.

Aprender de la desgracia

-¿Cuáles serían las recomendaciones inmediatas a partir de Nurío respecto al resto de estos inmuebles?

“Creo que al final de la restauración de Tupátaro se creó un sistema detector de humo, de fuego, recuerdo estaba planteado al inicio, se comentaba; yo he preguntado a gente conocedora, cercana del área de electrificación, y me han dicho que solamente hay tres maneras de poner equipos para de alguna manera combatir el fuego, uno que es el agua, otro que es una espuma y otro que es una especie de gas, sumamente tóxico, venenoso, y tendría que verse esta situación, porque por sus características de ser techumbres de madera, todas están sujetas a un accidente de esta naturaleza, entonces yo creo que por ahí se tendrá que empezar”, propone Sánchez Reyna.

Foto: Ricardo Morelos

-¿Protocolos de Protección Civil, usos y costumbres de la misma comunidad que no atenten, los cuetes, la pólvora, la cera?

Ante la pregunta, Martínez Villa señala que estos ángulos deben cuidarse: “De repente uno  invade demasiado este sentido litúrgico que tiene el espacio y de repente pareciera que el bien patrimonial se convierte en un espacio de nadie, no puede intervenir directamente la comunidad, no puede darle el uso litúrgico que comúnmente tenía porque está prohibido esto, ya está prohibido lo otro; yo creo que hay que ser sumamente cuidadoso, pero sí hablar con ellos, bueno, no se trata de que no se queme pólvora, pero vamos a privilegiar en un momento dado el patrimonio edificado, o establecer un lugar un poco más alejado, que sé yo, ellos mismos seguramente tendrán algunas alternativas.

A la búsqueda de esas opciones, dice Martínez Villa, “nos interesa ir a Nurio, platicar con la comunidad en general, no sólo con las autoridades civiles; las comunidades tienen sistemas de cargos, y la iniciativa de Toño contempla una serie de entrevistas, talleres, donde se logre conversar ampliamente con los jóvenes. Nurio es una comunidad muy especial, por una serie de procesos de movilización que ya tienen bastantes años, no es una comunidad fácil, pero me parece que una responsabilidad inmediata es ésa, conocer un poco, cuál es la expectativa que ellos tienen respecto de su templo”.

Sánchez Reyna señala que “la restauración de las capillas de la Sierra, y el propio caso del ex Convento de Tzintzuntzan, los restauradores primero capacitaron a jóvenes de las comunidades para que ellos fueran la mano técnica que restaurase sus propias capillas, con la asistencia de la restauradora. Y hay una experiencia distinta, lo mismo sucedió en Tzintzuntzan, involucraron a gente joven. Ahora, son poblaciones de mucha migración a los Estados Unidos, la gente que habita en las poblaciones indígenas es gente adulta mayor, los jóvenes vienen por temporadas, algunos ni terminan la secundaria y se van; Juanita decía la importancia de los cargos, el cargo de la fiesta, es un arraigo tremendo en los pueblos, no importa gastar todo lo que sea necesario para tener la mejor fiesta, tener el mejor arreglo del templo, etcétera.”

Pero, ¿dónde está la postura de la Iglesia sobre la tragedia de Nurio y, en general, del resto de artesanos y otras obras que se resguardan en los inmuebles religiosos?, cuestiona el catedrático de la Universidad Michoacana.

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