Ochoa, el sisífico arte de cargar con la literatura II13 min de lectura

José Agustín Solórzano

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Si eres editor eres un mercader. Aunque la escritura como acto involucra otras partes del cerebro. Estamos hablando de creación artística y no de un lado práctico de la vida. Sin mi propia escritura no sería editora. Aunque parecieran senderos que se bifurcan.

A veces, siguiendo en este tenor, se espera del escritor que hable de los beneficios de lo que hace, por ejemplo de los beneficios de la lectura o la escritura. Hay miles de entrevistas a escritores que, cada cual a su medida, ya tienen cierto éxito, y es desde ahí desde dónde se les pregunta. ¿Cómo le hiciste para estar donde estás? ¿Vale la pena la literatura?, ¿se puede vivir de ella? Creo que aplica también para editores y no respondería lo mismo Villa Matas que un autor mexicano de “Provincia”, ni Herralde que Sidharta Ochoa. Entonces esperamos que el escritor o el editor nos hable desde el cómodo lugar de los obstáculos ya sorteados, pero por qué. Yo, por ejemplo, pienso en lo difícil que es ir a contracorriente de ese sistema del que hablas cuando se es autor, editor y además una mujer que escribe, edita y va en tacones con bolsas de libros por todo el país. Recuerdo el día que te conocí. ¿Se piensa en vencer el sistema, o sólo en encontrar un lugar en él? ¿Peleamos contra el sistema o buscamos nada más una trinchera para hacer literatura y, si se puede, vivir de ella?

Sí. Supongo que la condición es diferente para cada quien. Hace unos dos años que regresé de la Ciudad de México a la frontera, después de siete años en la ciudad me cuestioné duramente a mí misma. Después de todo la editorial no me había hecho rica pero sí había minado muchas relaciones y mi patrimonio. Una vez estaba en una cantina en la Condesa junto con unos amigos y escuché que una conocida se refería a mi como la «pinche vieja c***», y dije: ay, caray, pero sí yo nunca he querido que se me vea así. Otra colaboradora me dijo lo mismo: es que tú eres perra. Pero de verdad que mi intención nunca ha sido ser vista de esa manera, o como «mujer peligrosa», dijo otro autor. Después de hablar mucho con otros editores y amigos hasta el cansancio de esta situación concluí: siempre que hagas algo, no importa quién seas, vas a tener críticos. O como un escritor me escribió por correo: siempre habrá golpeteo. Solo pásalo de largo. Y sí, así ha sido desde el inicio. Por ser mujer. Quizá. Por mis maneras. Quizá también por eso. No sé si Herralde recibió golpes duros en su patrimonio o en sus relaciones personales a partir de tener una editorial. Seguro no. Luego me di cuenta que no importaba. Yo sí vivo de la literatura, pero estos últimos años recibí ingresos de autores extranjeros y la cosa ha sido mucho más relajada. La mayoría tiene agentes y no entramos en una relación cercana con ninguno de ellos. Sólo con su obra. Ahora vivo esa cómoda situación. No sé si volveré a editar a demasiados autores mexicanos. La situación es precaria y precariza el trabajo de todos. Siempre hay que tener una lana extra para pagar deudas generadas por los costos del libro. Muchas veces no puedes imprimir todo. Sobre todo cuando no es una coedición. Digamos que cuando entré a esto pensé que sería algo mucho más relajado. Ahora que ya llevo siete años en este negocio me doy cuenta que es todo menos eso.

Por otro lado yo sigo escribiendo y a veces me siento más eufórica con el rol de autora. Hay un aura de artista en ello. De pureza. Si eres editor eres un mercader. Aunque la escritura como acto involucra otras partes del cerebro. Estamos hablando de creación artística y no de un lado práctico de la vida. Sin mi propia escritura no sería editora. Aunque parecieran senderos que se bifurcan.

Tú lo has dicho, a la edición te llevo tu vocación como escritora. Primero se quiere escribir literatura, luego pareciera que de manera natural decimos: ¿bueno y por qué no hago libros? Al principio creemos que podría facilitar las cosas, como tú misma dices, creíste que sería mucho más relajado. Pero al final las complica, incluso hay muchos editores que dejaron de escribir, porque el editor debe encargarse de un montón de cosas que el autor deja de lado para seguir alimentando el famoso y, creo, sobrevalorado “genio creativo”. Y sí, hay muchas piezas en el juego del “mercado literario”, por supuesto está el escritor, el editor, pero también están otros personajes, por ejemplo el librero (que pareciera a punto de desaparecer) y el lector mismo, la pieza fundamental del juego. Sin lectores no hay para qué imprimir libros, pero creo que en el siglo que nos está tocando vivir podríamos hablar de un mercado literario sin lectores. Actualmente los libros que sostienen a las grandes casas editoriales son en su mayoría ejemplares que poco tienen que ver con La Literatura; dejando de lado los libros de texto tenemos a todos estos best sellers de youtubers famosos o influencers, son libros que se venden por miles, que se agotan nada más llegar a los estantes y que sin embargo no se leen, o se leen apenas como ese tipo de lectura lo permite: superficialmente. Quienes compran esos libros no son lectores, sino precisamente: no lectores, personas que compran el libro porque es de fulanito o fulanita de tal. ¿Qué le puede ofrecer una literatura como la que nosotros hacemos, o como la que publica Abismos, a este tipo de consumidores?

Me he estado preguntando lo mismo. Cómo hacer para que se lea un libro aunque esté cinco segundos en la mesa de novedades. Recuerdo que cuando entré al Péndulo los libros duraron una semana y fue mucho. Frente a otras editoriales que venden más, ya no digamos youtubers o influencers sino libros de alto consumo literario, es imposible competir. Es como andar por el bosque con unas velitas de pastel iluminando el camino. Un editor me platicó que un libro de superación de una editorial transnacional vendió 50 mil ejemplares en dos semanas. Si te digo el nombre no vas a saber quién es. Yo tampoco lo conocía. El circuito de los que leen literatura es muy pequeño. Es quizá insostenible. Agregándole complejidad: la mayoría de los títulos de editoriales independientes ya no aparecen en la búsqueda de Amazon cuando pones en el buscador el nombre del libro. Muchas veces debes poner autor y título y aun así el algoritmo no arroja el título, pues son marginales tus ventas. Aunque siempre están ahí en Amazon.com (no MX) en mi caso. Y aun así debes dar varias búsquedas antes de encontrar el título buscado.

¿Será que como dices hay un sistema que conspira contra el autor talentoso o la editorial independiente? Jaja. Estoy de acuerdo contigo, Sid. Aunque también me gustaría hablar de tu obra. Leí algunos ensayos tuyos, pero no he tenido oportunidad de leer algo más reciente, por ejemplo el ensayo con el que ganaste un premio recientemente. ¿Qué escribe Sidharta, cuáles son sus preocupaciones, sus intereses?, ¿por qué el ensayo?

Sí pareciera un complot. Pero más que conspiración es un tema de rentabilidad. Con respecto al ensayo fue el primer género que escribí de adolescente y que realmente me gustaba… luego me mudé a la narrativa. De morra gané un concurso nacional de ensayo y siempre me apasionó la discusión de conceptos. La exploración de la abstracción y el pensamiento. Hice un libro de compendios de artículos que no tuvo pena ni gloria y más crítica mala de mis amigos. Pero me valió. Es un género que me gusta, y luego en 2019 gané el Magdalena Mondragón con este ensayo sobre Ernest Hemingway y Martha Gellhorn. Tardó mucho en llegar su versión final. Me interesaba explorar influencias intelectuales. En este caso es una influencia intelectual mediada por el matrimonio.

Recuerdo una película sobre Hemingway y Gelhorn, bastante cursi, por cierto. Pero qué hay de eso en tu ensayo. La mayoría ubicamos a Ernest, aun sin haberlo leído, sabemos de El viejo y el mar o hemos escuchado anécdotas sobre su estancia en Cuba, sobre su suicidio; es un personaje de la cultura popular, pero Martha es para muchos una mujer desconocida. ¿Cuál fue la influencia de ella en la obra de su esposo, y de él en la suya? Dices que tardaste en terminar el libro, ¿por qué?

Completamente. Hemingway es un narrador genial. Pero también es el súper hombre alfa. Todo lo puede, todo lo hace y nada le sale mal. Creo que la peli al menos hizo que el nombre de Martha Gellhorn se mencionara. Aunque es retratada como una mujer un tanto ingenua que ve en Hemingway a su maestro. Mi ensayo apunta a que Hemingway, al sentirse disminuido por las habilidades como periodista de Martha, empieza a perder el control.

Tardé algunos años en llegar a esta versión final del ensayo porque empecé escribir eso sobre influencias intelectuales. De autores y editores y de maestros y discípulos. En este caso la relación estaba atravesada por un matrimonio y un divorcio.

Y también abordo el tema del suicidio en el ensayo. Es un tema recurrente en la narrativa de ambos. Ambos terminan suicidándose en la vida real pero Martha lo hace hasta que estuvo muy mayor, ya que ya no podía viajar. Siguió siendo corresponsal de guerra hasta después de cumplir ochenta años.

En ese sentido, ¿podríamos decir que Martha sobrevivió al macho alfa que fue Hemingway, quien podía con todo pero no pudo con el peso de su propia vejez?

Sí. Y sobre todo que no pudo con el hecho de ser tratado como igual.En mi ensayo recojo algunos testimonios escritos de la envidia que sentía él por la vitalidad de Martha. Y por el hecho de que sugiriera viajando y escribiendo como corresponsal después de casarse con él.

Espero poder leer pronto ese ensayo, debe ser divertido leer esos testimonios. Por ahora y para ir encaminándonos al cierre de la charla, una pregunta más actual, pero que ligo con el tema: hoy hay cada vez más escritoras posicionándose en los aparadores, premiadas además, escribiendo y “robándoles” los reflectores a los hombres, ¿podrán o pueden ellos con eso, con el hecho de ser tratados como iguales o seguimos afectados por el machismo hemingwiano?

Definitivamente seguimos afectados por el machismo más ruin y el medio literario lo expresa de diversas maneras. No olvidemos que el Me Too en México inicia por el hashtag Me Too Escritores Mexicanos. Hay una resistencia a compartir espacios. La norma era disminuir y calificar negativamente los temas y estilos de las autoras. Muchas no querían estar en mesas de escritoras mujeres. Hace poco estaba con un amigo que es muy exitoso. Lo invité a una reunión con otro grupo de amigos en San Diego. Todos estaban muy interesados en quién era y qué hacía. Así que acaparó la atención. Cuando terminó la reunión le dije: hoy te dejé ser la estrella. Los dos nos carcajeamos. No sé si todos los hombres se tomarían a la ligera esa percepción. Cuesta trabajo compartir. Históricamente los batos eran los listos, los incuestionables. Son tiempos de compartir los espacios, los reflectores como bien dices. Creo que el Me Too en muchos sentidos, con sus grandes problemas, evidenció justamente la incapacidad de varios escritores de tratar de igual a igual a una mujer. Ya no digamos la violencia que se hizo manifiesta. Que se sigue pensando que un grupo de mujeres conspiran contra las carreras de gente inocente. Justamente es lo contrario. Las denuncias se reiteraban y repetían. La cultura mexicana hace que tengamos más obstáculos qué superar. Vienen tiempos diferentes.

El Me Too Escritores Mexicanos sacó a flote muchas cosas, no sólo lo evidente: que los reflectores caían sobre los hombres y a cambio de “prestárselos” a las mujeres, se pedían favores (sexuales casi siempre). Pero una de las cosas que más me llama la atención respecto a lo que dices es tu aseveración de que vienen tiempos diferentes. ¿Qué podemos esperar de las escritoras ahora que han empezado a reclamar los espacios que históricamente pertenecían a los hombres? ¿Brillará la literatura escrita por mujeres? Y una pregunta que me parece interesante: ¿estarán preparadas las autoras para aceptar que también habrá malas escritoras y pésimos libros escritos por mujeres, como los hay escritos por batos que a base de influencias llegaron a la cumbre de su carrera?

Siempre ha habido rumores sobre escritoras que consiguen algo en su carrera por tener algún tipo de relación con un hombre. Creo que esa creencia es parte de la estrategia de siempre: hablar mal de las autoras en relación a anécdotas muchas veces inventadas. Eso es patriarcado puro. Jamás nos preguntamos con quiénes andan o no andan los autores varones. Y con respecto a la calidad literaria ¿cómo re valoramos la obra de autoras? Pienso que se les ha valorado negativamente y con más rudeza que a los hombres. Las balanzas se tendrán que invertir. Pienso que si Valeria Luiselli fuera hombre no se pondría en duda su calidad literaria por las cosas que ha conseguido como autora. Quizá no sea la más amable de las autoras pero ha forjado cosas importantes. Ve también la carrera, por ejemplo, de Liliana Blum. Es la más internacional de las autoras mexicanas en la actualidad. La leen muchísimo. Hace dos años veías su novela tapizando varios stands en la FIL Guadalajara. Y la siguen re editando. Es autora de «provincia» y rompió todos los esquemas… siguen existiendo muchas autoras secretas, por ejemplo Marina Herrera, cuya obra ha rescatado la académica radicada en Texas, Adriana Pacheco. Por eso pienso que el mundo literario tal y como lo conocemos está por desaparecer. Incluso un editor veterano me lo dijo: el mundo cambió radicalmente en cinco años y hay escritores que no se han dado cuenta.


Imagen de portada: Alejandro Casas | CNL-INBA

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2 comentarios sobre «Ochoa, el sisífico arte de cargar con la literatura II»

  1. Oscar Alonso

    ¡Ah! Ya encontré la segunda parte. Gracias.

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