Materia oscura: Para clonar a su suegra4 min de lectura

Luis Felipe Lomelí

Y aunque parezca un suicidio a gota gorda, no lo es. Pues no hay mejor manera de vengarse y joderle la vida a una persona que atosigarla desde chiquita y ser la causa preponderante de sus pedos sicológicos. Por eso, agarre a su suegra y clónela (cabe aclarar, por aquello de las parvas ignorantes, que si se clona a un ser vivo, no resulta uno igualito en edad y complexión sino un feto que tendrá que ir creciendo hasta ser un bebé, un niño, et caetera). He aquí unos pasos sencillos de realizar en la comodidad de su hogar.

1. Obtenga la muestra de ADN de su suegra, una célula, y por favor no sea pendejo y se atenga a una porción sanguínea en un mosquito almibarado ¡eso es ciencia ficción! Mejor, siga los andamios de nuestra amiga Dolly y rásquele una teta. Puede ser algo complicado, pero sabemos que para usted no hay imposibles.

2. Ponga su muestra en una cajita Petri con agar (alimento celular que puede conseguir en la farmacia de la esquina).

3. Una vez hecho lo anterior, consiga un óvulo fértil. Nada de menstruaciones ni óvulos anticonceptivos. Y también póngalo en agar, en otra cajiota, por supuesto, porque si no aquí se acaba el chiste.

4. Lave concienzudamente un frasco de mayonesa (en embriología y genética es de suma importancia un medio aséptico). Luego vierta en él un chorrito de placenta, la cual puede obtener de un bote de champú o tratamiento para el cabello. Vale madre que la placenta sea de ballena, al fin y al cabo, son símiles.

5. Ponga el frasco de mayonesa a calentar a baño María. Una vez que esté calientito, vierta la muestra de su suegra y el óvulo. Es vital que la placenta no hierva ni baje mucho su temperatura, esté pendiente.

6. Con unas pincitas para las cejas extraiga el núcleo del óvulo y tírelo a la basura. Después, ayudándose de las mismas pinzas, tome el núcleo de la célula de su suegra e insértelo en el óvulo.

7. Agregue placenta —a la misma temperatura— hasta que el frasco esté casi lleno. Y ya está, la madre naturaleza se encargará del resto. Sólo conserve el envase en el horno de la estufa, el microondas o una pecera para simular las condiciones climáticas de un vientre materno. Cuando el feto comience a desarrollar su cordón umbilical, enchúfelo a otro frasco con alimento para embriones, que bien pueden ser croquetas Campeón pulverizadas con leche Nestlé. Ni se le ocurra darle Gerber, porque puede causarle mutaciones capaces de matarlo in vitro.

Claro está que a medida que vaya creciendo su suegrita clon, usted ameritará cambiarla de bote (tal vez al de los trapeadores o al que usa para lavar el auto) pero lo dejamos a su libre albedrío. Porque nueve meses más tarde, ahora sí, su linda suegra estará  garras de usted para que haga con ella las depravaciones que más le plazcan: desde la utilización de objetos punzo-cortantes, violaciones y/o zoofilia infantil, hasta torturarla mnemotécnicamente con discursos religiosos del “fin del mundo”. No dude en hacerlo: ¡Son horas y horas de sana diversión!

Post Scriptum.- El proceso de clonación anteriormente señalado también puede aplicarse a empresas menos loables, como copiar a su hijo para tener uno de repuesto o, si su egolatría alcanza proporciones arrebatadoras, clonarse a sí mismo para tenerse por vástago.

Et vale.


Luis Felipe Lomelí (Etzatlán, Jalisco, 1975.

Ingeniero físico con especialidad en biotecnología, maestro en ecología de zonas áridas con especialidad en ecofisiología vegetal y simulación matemática, doctor en historia y filosofía de la ciencia y candidato a doctor en literatura.

Premio Bellas Artes «San Luis Potosí» 2001 por su primer libro de cuentos Todos santos de California. Premio Latinoamericano de Cuento «Edmundo Valadés» 2004 por El cielo de Neuquén, incluido en su segundo libro Ella sigue de viaje. Premio Nacional de Literatura «Gilberto Owen» 2017 por su libro de cuentos Perorata. Y Premio Bellas Artes de ensayo literario «Malcolm Lowry» por Estética de la penuria: El colapso de la civilización occidental entre los guaycuras. 

Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y sus últimas novelas publicadas son Indio borrado y Okigbo vs. las transnacionales y otras historias de protesta. Se le considera el autor de uno de los cuentos más corto en español:

El emigrante

—¿Olvida usted algo?
—Ojalá.

Imagen de portada: Human cloning, de Christian Darkin

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