Materia oscura: Pensamientos mágicos en teléfonos inteligentes. Y la ciencia es un montón de dudas7 min de lectura

Emmanuel Alcalá

A través de un trozo avanzadísimo de tecnología me mandaron un texto escrito por un doctor en Esto y Aquello, doctorado adquirido a través del Muy Importante Instituto de Esto y Aquello. Ser doctor era parte de la retórica. Magister dixit. Decía que para curarse de coronavirus, tomarse tres gotas de limón diluidas en un litro de agua, agitando vertiginosamente para otorgarle los infinitos poderes curativos del Prana y del Más Allá, que solo bajan y se condensan si uno se los solicita con agitados madrazos.

Al final de tan importante servicio social adjuntó su número. Le escribí pidiéndole que dejara de comunicar falsedades. Después de criticar a la medicina tradicional, me dijo que lo que estaba diciendo no era falso, que había estudiado en el Muy Importante Instituto, avalado por SEP. Hablamos un poco más sobre nuestras respectivas capacidades intelectuales, después dejó de contestar. Más tarde, alguien me preguntó por otras posibles curas o medidas preventivas, y solo pude decir que siguiera las medidas oficiales. «¿Cuáles?» me preguntó. Le pasé una liga de Secretaría de Salud. Al leer una entrevista que le hicieron a López-Gatell en donde critica la solidez de algunas medidas de la OMS, volví a pensar en esa pregunta. ¿Cuáles?, ¿qué funciona?

Los científicos no saben la respuesta de antemano, por eso investigan. Incluso después de investigar, siguen sin saberlo con certeza. El caso es este: los deseos y expectativas de las personas son contrarios a la naturaleza de la ciencia. En el imaginario común, parece que la ciencia es o debería ser infalible, que dicta verdades ahistóricas. Eso es falso. Los conocimientos y creencias dominantes de una era son cuestionados en otra. El cambio y progreso científicos son dos problemas abiertos que se han discutido intensamente desde los 60 (después de que Thomas Kuhn publicara Estructura de las revoluciones científicas).

¿Cuál es el estatus de nuestro conocimiento?

Una definición clásica, debida a Platón, es que el conocimiento es una creencia justificada y verdadera. ¿Podemos afirmar que conocemos algo si su naturaleza es cambiante y progresiva y, por definición, no es verdad? Según varios filósofos (Karl Popper, por ejemplo), en el mejor de los casos solo podemos saber que algo no es falso, por lo que la ciencia es como un escultor que va quitando pedazos de falsedades. Pero ¿cuándo parar?

Por otro lado, si el conocimiento científico no es verdad, ¿por qué funciona, y por qué funciona tan bien? Hilary Putnam famosamente dijo (en su no-miracles argument) que si el conocimiento científico no contuviera algo de verdad, sería un milagro que funcionara.

Claramente, parece que estamos en algún punto de ese continuo. Es cierto que la ciencia parece funcionar muy bien, y nuestra realidad actual está llena de ejemplos. Nuestros celulares se comportan tal como los ingenieros y científicos que los diseñaron esperaban que se comportaran, aunque nunca exactamente como calcularon (siempre con un margen de error). Pero la incertidumbre no es algo con lo que las personas quieran lidiar. Es probable que sea atropellado al cruzar la calle, pero me comporto como si tuviera la certeza de que nada me pasará.

A diferencia de la religión o la política, dijo Luigi Luca Cavalli-Sforza, la ciencia no ofrece certezas. Quizá debido a eso la gente busca respuestas más satisfactorias en otro lugar, en alguien que no titubee, pero (y lo digo con cierta duda) casi seguro será una respuesta falsa. La medicina o la física a veces fallan y a veces aciertan. La discrepancia entre López-Gatell y la OMS atestigua el frágil estatus de la ciencia, que ha dividido la opinión pública en México: unos citan a uno y critican al otro para certificar sus decisiones, pero no tenemos ninguna razón para pensar que no están tomando decisiones basados en el mejor criterio disponible.

Una idea imperante, popularizada por George Box, es la de la aproximación a la verdad y la utilidad de las teorías: las teorías son útiles si funcionan y nos dicen qué hacer, pero son meras aproximaciones (y una aproximación no es verdad, o totalmente verdad). La ciencia usualmente se basa en criterios estadísticos. Algo funciona con cierta frecuencia, y con cierta frecuencia no. Muchos científicos han abandonado el ideal de la verdad, por su naturaleza metafísica (se necesitan criterios metacientíficos para establecer si algo es verdad), por lo que se centran en aspectos prácticos: con qué frecuencia funciona. Y esto puede ser algo lamentable, porque si se trata de la salud de las personas, como en medicina, es trágico saber que la ciencia no podrá salvar a todos.

¿Por qué hacerles caso? ¿Por qué vacunar a nuestros hijos? ¿Por qué quedarnos en casa en esta pandemia? Tomaré la aproximación de Pascal. En un argumento llamado la Apuesta de Pascal, que trata originalmente de la existencia de Dios, diseña un juego con cuatro opciones, cada una de las cuales otorga diferentes beneficios y tienen distinto valor. Supongamos tenemos las siguientes opciones con respecto al COVID-19 o la vacunación:

a) Tiene razón y seguimos sus consejos (grandes beneficios).

b) Tiene razón y no seguimos sus consejos (grandes perjuicios).

c) No tiene razón pero seguimos sus consejos (perjuicios -posiblemente- moderados).

d) No tiene razón y no seguimos sus consejos (no pasa nada).

Si seguimos sus consejos, podríamos caer en una de las opciones “a” o “c”. Al sumar los beneficios, parece que esta opción nos haría ganar a la larga. Si no seguimos sus consejos, y caemos en “b” o “d”, al sumar los resultados parece que perdemos (y vaya, perder la vida puede que sea algo importante).

Esta idea se puede generalizar a otros escenarios. Para quien sea adepto a ideas que contravengan ciencias establecidas, este es mi consejo: evaluar si le podría beneficiar o perjudicar hacer caso, y en qué medida.

Para seguir estas líneas que no se juntan, sígueme en Materia oscura.

Imagen de portada: Andrea González

Emmanuel Alcalá

Licenciatura en Químico Farmacobiólogo en Universidad de Guadalajara Graduado con tesis en Organismos Genéticamente Modificados. Maestría en Análisis de la Conducta en el Centro de Estudios e Investigaciones en Comportamiento (CEIC), Universidad de Guadalajara. Graduado con tesis de Redes Neurales Artificiales. Doctorado en Análisis de la Conducta en CEIC, UdeG (2017 – 2020). Investiga mecanismos de aprendizaje en formación de hábitos usando modelos animales.

Sus intereses van de la química a la psicología experimental, las computadoras, las ciencias cognitivas, neurociencias, economía y modelación matemática en psicología. También le interesa el Software libre, la comunidad hacker de Linux y el código abierto, Ciencia Abierta y gratuita y en general cualquier iniciativa de conocimiento libre que combata los monopolios editoriales que lucran con el conocimiento realizado con dinero público. Tiene un fuerte interés por la filosofía y, fuera de lo académico, por la literatura, el cine y el café bien cargado.

“Como en La Fundación de Asimov, creo que, para bien o para mal, la sociedad está sujeta a leyes estadísticas, como las moléculas de un recipiente, y nuestra conducta puede ser manipulada a gran escala”. 

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