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Livier Fernández Topete

Dormir en nuestra cama; comer en nuestra mesa; bañarse bajo nuestra regadera; abrazar, besar, convivir con los seres amados; ver la luz de todos y de nadie entrar precisamente por nuestras ventanas; sentir la confianza que nuestros objetos facilitan; estar rodeado de nuestros aromas; cruzar nuestra primera puerta (la que deja del otro lado al resto del mundo), la segunda (la que dibuja nuestra intimidad), la tercera (la que musita nuestros secretos); atravesar y quedarnos –ojalá fuera para siempre- del lado de la cuarta puerta (la del reconocimiento y  la insondable gratitud de/por lo que se tiene).


Imagen de portada: Wendy Rufino

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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