Riesgos de los viajes en el tiempo6 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia

Joyce Carol Oates es una de las autoras favoritas de esta columna, ya en otra ocasión hemos hecho un perfil de ella y reseñado algunos de sus libros. Fiel cronista del lado más oscuro y profundo de Norteamérica, nos ha dejado libros que configuran una de las obras más vastas y memorables de la narrativa actual. A sus más de ochenta años, nos sigue sorprendiendo con su capacidad imaginativa y creativa. El libro más reciente es una obra que perfectamente pudiera haber sido escrita por algún(a) escritor(a) mucho más joven y totalmente actualizado en las nuevas tecnologías de este inicio de siglo; esto además de su experiencia y oficio acumulados en más de 50 años de escritora, nos brindan una obra deslumbrante que está iniciando su camino en aras de convertirse en un clásico de la literatura contemporánea; se trata de Riesgos de los viajes en el tiempo (Editorial Alfaguara, Junio 2019 ISBN 978-84-204-3471-1).

Está novela se desarrolla en un mundo totalitario, en el futuro cercano,  el año 2040 aproximadamente, en una Norteamérica en donde se ha reescrito la historia y la sociedad está dividida en castas por “tonalidad de piel” y en donde toda disidencia es castigada severamente en base a un estricto código que tiene tipificados cientos de motivos como atentados a la autoridad vigente.

La protagonista de esta novela es Adriane Strohl, una adolescente de 17 años que vive en Nueva Jersey en lo que se llama “Estados Atlánticos del Este“, una adolescente inteligente e introvertida que se cuestiona el mundo que le rodea y así misma. Ella es escogida para dar el mensaje estudiantil de fin de curso y ese es el detonante de la trama: ante las autoridades estudiantiles y del gobierno, su mensaje es considerado subversivo y es detenida y condenada al “exilio”, pero este es un exilio “peculiar” pues es condenada a viajar a otra época, al año de 1959 a un pueblo llamado Wainscotia, en Wisconsin USA.

Adriane es provista de inmediato de una nueva identidad y se le inserta en una comunidad de estudiantes universitarios en donde entra de lleno a una sociedad que no entiende y que a su vez la rechaza por “extraña”. La autora aprovecha este recurso para cuestionarse los valores de una sociedad hipertecnológica en donde la inteligencia artificial y los viajes en el tiempo son realidades de curso común (de donde viene Adriane) con los de la Norteamérica semirural de los años 50. Hay pasajes en donde nos muestra el asombro de nuestra protagonista frente a una máquina de escribir mecánica (algo que ya muchos de nuestros jóvenes sienten) y ante las costumbres de sus compañeras, sobre todo la “incomprensible” costumbre de fumar en todos lados con la que se encuentra en Wainscotia.

Este “nuevo” mundo, al que se enfrenta y la incapacidad total de comunicarse con alguien de su vida anterior configuran un cuadro de soledad y depresión en Adriane que hace que su búsqueda de un aliciente vital se vuelva cada vez más imperiosa, y es cuando conoce al otro protagonista de la novela: “Wolfman”, un profesor universitario de psicología conductiva que le cambiará por completo la perspectiva de vida a Adriane durante su período en el “exilio” a que fue condenada.

Joyce Carol Oates en base a estás sencillas premisas escribe una novela que no nos deja indiferentes al mostrarnos una distopía absolutista, en donde se controla hasta el pensamiento y donde tu destino está predestinado por el color de piel; donde se manipula a la masa para revestir de decisión democrática una ya tomada de antemano por la autoridad (el pasaje en donde se juzga y condena a Adriane es estremecedor), nos recuerda a las tácticas maoístas de la revolución cultural en China y a muchos gobiernos dictatoriales y demagogos que aún existen.

Como su colega, la escritora Margaret Atwood -la creadora del “Cuento de la criada”- nos muestra sociedades que por terribles que sean son perfectamente posibles y factibles, ya que todo lo que describen en sus obras de ficción tiene un sustento real y ya ha pasado en algún lugar, sin embargo, Joyce Carol Oates no solo cuestiona este mundo distopico -con el recurso del viaje en el tiempo- también nos lleva a una sociedad cerrada y prejuiciosa que de alguna manera es (fue) el origen del siniestro mundo futuro, una sociedad que se muestra también en otras de sus obras, aquella que tras la placidez de la America rural esconde racismo y prejuicios al por mayor,  en una época en la que la psicología conductista marcó la pauta en los ámbitos universitarios y sentó las bases para el control del individuo y de las masas.

Nuestra autora es tal vez de las escritoras contemporáneos que mayor oficio y capacidad narrativa tiene: hace que una obra basada en premisas sencillas nos cautive y sus personajes cobren vida, nos muestra escenarios brutales de una violencia excesiva, pero lo hace con la maestría de un oficio pulido en décadas. No cae en lugares comunes, no deja espacios para la moraleja, le habla a un lector adulto que saca sus propias conclusiones y que en sus afilados diálogos y pasajes necesariamente se ve reflejado, ya que los temas que plantea son terriblemente actuales .

En esta columna “Bufete Negro” de vez en cuando nos damos la licencia de recomendar una obra que no necesariamente cumple con las premisas de la Novela Negra , este libro por sus características y temas que aborda es de esos excepcionales que se resisten a encuadrarse en una sola categoría, y es perfecto para este inicio de año o fin de década , cuando nos gusta recapitular y planear el futuro inmediato.

Se los recomiendo ampliamente.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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