Ríete de ti mismo: Carlos Ballarta4 min de lectura

Caliche Caroma

El miércoles cuatro de noviembre de 2015 estuvo en Morelia Carlos Ballarta, representante mexicano del género stand-up (monólogo no siempre gracioso que se hace de pie), el recurso favorito de este humorista de larga y lacia cabellera es la autocrítica, además de la incómoda burla que hace de temas políticamente incorrectos, verbigracia, las drogas, los discapacitados, el racismo, la religión, el carácter mexicano, etcétera. Esta entrevista fue realizada al finalizar su espectáculo en un tugurio moreliano denominado Mi Riconcito; hoy, casi inédita, aparece en el-artefacto.

En uno de sus brazos lleva tatuado el martillo y la hoz, símbolos del socialismo-comunismo, pero para él sólo son representaciones del absurdo generalizado: “Se me hace bien cagado que haya pagado por este tatuaje, me río de eso”. Carlos Ballarta no terminó la preparatoria (bachillerato) en clases presenciales, asegura que no tolera a los maestros, obtuvo su diploma por internet; le gusta leer, su libro favorito lo escribió un griego llamado Platón, el discípulo de Sócrates, los Diálogos.

Vivir en México es lo peor, dice una de esas canciones de rock cantadas por el senil Alex Lora, a propósito de esto, Ballarta le hace la competencia a los Hiperiones, grupo de intelectuales mexicanos de mitad del siglo XX, y reflexiona (mano en la barbilla): “El mexicano es desconocido para el mexicano, muchas de las cosas que ocurren tienen que ver con el desconocimiento totalizador de lo que uno es; tenemos una ubicación geográfica, pero no una cultura definida”.

Irónico, casi todo lo que pasa aquí. Carlos Ballarta sufrió de agorafobia, pavor a los lugares públicos en donde se forman las largas filas para comprar los elotes con crema y/o mayonesa. Ahora se presenta ante multitudes, sus “shows” están en Netflix y sus gafas oscuras son reconocidas por fulanos y perenganos, no lo bajan de pacheco: “Pero no soy marihuano, no fumo esa madre, eso es lo más irónico”.

El conocimiento de sí mismo, una búsqueda filosófica que para Ballarta vale sólo por el trayecto, no por la consecución del acto: “Qué hueva el día que ya te conozcas a ti mismo, ¿después qué? Lo que importa es tener muchas respuestas, ¿qué soy?, pues un chingo de cosas, estamos abiertos a todo”. Intenta llegar a públicos diversos, no considera que sea un cómico para intelectuales, lo que él busca es saber de qué se ríe la gente, porque la risa es un juego inteligente, se llega al otro por los motivos de su risa, de sus pasiones: “Tengo un problema con el sexo anal, porque también le llaman sodomía, es un término muy elegante para un acto tan sucio; si provocó la ira del señor, es algo que tengo que probar”.  

En la capital michoacana han proliferado los standuperos, los hay de chile, mole y pozole, cada grupo social tiene su comediante, el detractor tolerado que se para ante un público más o menos nutrido y les dice sus “verdades” a los demás, casi siempre siendo él mismo el protagonista de estas aventuras. Para Carlos Ballarta la actividad del standupero se resume de esta manera: “Hay una frase de Kurt Cobain que me gusta mucho, traducida al español diría más o menos así, odia a tus enemigos, salva a tus amigos y habla con la verdad”.

Parafraseando a Octavio Paz, otro humorista destacado, a partir de lo escrito en su ensayo Risa y Penitencia, sólo los dioses ríen, una risa a calzón quitado, sin pena ni falsedad, como también lo hacen los niños y algunos locos. Carlos Ballarta considera que el mundo está falto de sentido, cada quien le da su rociada de seriedad a las cosas y luego viene él a burlarse de los rostros adustos que esperan en la fila del elotero (supra): “¿Por qué vergas estoy enchilado? Le pedí al de los elotes, como un caballero, lo miré a los ojos y le dije, póngale de la que no pica”.

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