Roguez: la perfecta imperfección7 min de lectura

Caliche Caroma

Hace un par de meses que el foro, café y galería Kitsch tiene en sus paredes la obra de Roguez, un pintor que vivió mucho tiempo en la Perla Tapatía, pero ahora regresa a la Ciudad de la Cantera Rosa para encontrar la inspiración y retomar los orígenes, en estos párrafos se encuentran algunos momentos de su existencia, su sentir e influencias. Su obra se puede visitar en la calle Eduardo Ruiz #559, Centro Histórico y Pictórico de Morelia, Michoacán. Vayamos a las palabras y pinturas del autor.

Roguez por Roguez

Mi nombre es Jaime Rodríguez Núñez, originario de Morelia, nací en 1966. Ando en los jóvenes 55 años. Mi vena pictórica se puede decir que viene de familia, aunque no pensé en dedicarme a esto cuando era niño, todo lo contrario. Algo que me marcó mucho fue un episodio que tuve en quinto de primaria, me dieron a dibujar un Pato Donald y fue un desastre, me dije que lo mío no era la pintura y el dibujo.

Agarré por otro camino. Poco a poco fui haciendo textos, desde la prepa, me atraía mucho la escritura. Luego me fui a estudiar a Guadalajara, donde comencé a explorar la gráfica, la ilustración, pero no tan enfocado en hacer pintura. Es hasta 1990 que termino la universidad cuando comienzo a trabajar en el diseño gráfico. Conocí en esa época, 1993, a alguien que me enseñó las nociones de pintura, como el acrílico, óleo, etcétera. Me gustó más el acrílico porque seca más rápido, el óleo es interesante, es la técnica madre, pero yo me desespero rápido.

En 1994 me dediqué a pintar más, expuse por primera vez con un grupo de amigos. Luego ya lo hice de manera esporádica, a la par del diseño gráfico, esto último es lo que dejaba más dinero, el tiempo que invertía en la pintura, era tiempo perdido para el diseño, una disyuntiva que tuve durante varios años. Iba y venía de la pintura, sin embargo, era el diseño la prioridad.

En 1995 hice una serie de cuadros que buscaban retratar la idiosincrasia del mexicano, sin caer en los clásicos tulipanes, sandías, etcétera. Quise plasmar en estos cuadros a la gente común, al borracho de la cantina, al marchante en el mercado, los mexicanos de la calle. Representé ese juego entre la irreverencia y lo corriente, lo naco (como algunos dicen despectivamente), los huaraches, y no para hacerlo menos, todo lo contrario, para reconocer su valor que tiene en nuestra sociedad.

En 2017 regresé de lleno a la pintura, por diversas situaciones, me di cuenta de que no andaba tan errado. Estoy en el plan de decir ¡como va! Fueron casi 30 años dedicados al diseño, cualquier otro ya se hubiera jubilado como diseñador. En mi caso, la formación como diseñador y desarrollador de conceptos me ayudó a conformar un estilo en donde hago mucha conceptualización antes de pasar a la pintura. Digamos que soy un diseñador que pinta.

Durante 17 años fui maestro en la universidad, allí tenía que preparar contenidos, bajar la información para que la pudieran comprender los estudiantes. Eso me ayudó a ser muy puntual en lo que quiero comunicar y esforzarme para que aquello que esté representando tenga una conexión directa con las personas que observan mi trabajo.

En mi creación hay un proceso en donde observo demasiado, tomo notas, traigo mi cuaderno de apuntes para todos lados, lo que está alrededor me influye y eso es lo que vacío en la pintura. En algunos cuadros que tengo ya en el archivo, por decirlo de alguna manera, les agrego texto, los delimito. Luego dejé de ponerles las palabras, al no hacerlo los dejaba abiertos y la gente los interpretaba libremente, como yo nunca lo hubiera hecho, dándome así otra mirada a lo que hacía. Entonces comencé a jugar con eso, ponerles a algunos textos y a otros no.

Llegó el punto en donde integré textos a todos los cuadros que pintaba, a unos les pareció bien y a otro no, esto sucedió en 2020. A mí sí me gusta mucho ponerles palabras. Se ha vuelto el texto un elemento más en mis obras. Varía el peso que las palabras tienen en mis pinturas, pero siempre están presentes. Se ha vuelto algo así como mi cuaderno de notas transportado a la pintura.

En mis influencias están Pollock, me parece un excelente pintor, admirable su trabajo. Saturnino Herrán, Tamayo, Siqueiros es otro de mis hits. La obra de Velázquez, de Goya me encanta su sátira. Me gusta Vincent van Gogh, pero me gusta más Gauguin, porque él maneja mejor los colores desde mi perspectiva, además de que su vida me parece interesante, me atrae el viaje que hizo, quisiera seguir sus pasos.

Estos cuadros del Kitsch son de marzo de 2020 hasta julio de 2021, es un recorrido de más o menos un año, producción que coincide con la pandemia. En ese mismo marzo de 2020 estuve en el Art Fest de Guadalajara, de donde han salido artistas muy notables, presenté allá pinturas que están en el kitsch, vienen en estas obras una presencia muy fuerte del texto, varios amigos míos me dijeron que le había dado en el clavo.

Pero se nos vino la pandemia. Decidí meterle todo a la pintura, regresé a Morelia por varias circunstancias, me reconecté con mi pasado, después de 35 años de vivir en Jalisco. La mayoría de los cuadros traen la exploración para saber en dónde estoy parado, voltear a verme a mí mismo, la búsqueda. Tengo dos hijos, estoy divorciado, y me pregunto ¿qué estoy haciendo en este mundo? Y pues tomé el toro por los cuernos, se abre así un mundo de oportunidades, donde otros verían el fracaso yo encontré un renacimiento.

Elijo pintar y lo que venga es parte de esta elección. Y toda esta problemática está vertida en estos cuadros. Me he dado cuenta de que a veces hay que apagar la mente, dejar de pensar para hacer. A veces me siento a pintar y sale un cuadro de un jalón, yo le llamo a esto la perfecta imperfección.

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