Seis cuatro5 min de lectura

Horacio Cano Camacho

La novela negra pasa por una magnifica racha, lo hemos comentado mucho en el-artefacto. Y este fenómeno tiene aspectos muy positivos entre los seguidores pues nos abre las puertas de ediciones que antes era imposible conseguir o teníamos que esperar mucho. Las editoriales buscan por todo el mundo un “Stieg Larsson”, un nuevo fenómeno literario que les multiplique las ventas y atraiga nuevos lectores.

Por fortuna sigue siendo un género vigoroso y seguido aparecen nuevas voces que hay que seguir, más allá del asunto comercial. Últimamente el lejano oriente está llamando mucho la atención de las editoriales. Las novelas llegadas de Corea, China o Japón están consolidando una suerte de corriente a la que hay que prestarle atención como lectores.

Hideo Yokoyama

Días atrás apareció en español Seis cuatro, de Hideo Yokoyama (2021, Salamandra), un libro precedido de una magnifica crítica en su país de origen, Japón, donde constituyó un fenómeno de ventas cuando apareció, en 2016, logrando vender más de un millón de copias en la primera semana en las librerías de aquel país. Así que en cuanto lo anunciaron, yo lo encargué en electrónico, lo que resulta toda una ventaja que nos libera un poco del lento circuito libresco en México. El autor, Yokoyama es considerado como la “nueva” voz de la novela negra social en su país.

Me llegó el jueves pasado y de verdad ha cubierto mis expectativas con creces. Seis cuatro me resulta difícil de calificar. Es una novela de suspenso, indudablemente, pero es una historia muy reposada. No quiero decir lenta, porque eso en México tiene connotaciones negativas. De manera tranquila, con un hilado muy fino, va describiendo a sus personajes y las situaciones alrededor de su génesis. Seis cuatro es el nombre clave de un antiguo caso del secuestro de una niña. Los padres pagaron el rescate, sin embargo, la niña fue encontrada muerta días después y la investigación determinó que fue asesinada inmediatamente luego de su desaparición. La policía Nacional de Japón (PNJ), a pesar de que puso todo su esfuerzo y recursos, nunca dio con él o los secuestradores.

Catorce años después del suceso, el caso regresa, extrañamente en forma de una visita de un alto mando de la PNJ al distrito donde ocurrieron los hechos, con el propósito -poco creíble- de rendir “un homenaje” a la víctima y renovar el impulso en la policía pues es un caso que está a punto de expirar legalmente y constituye una afrenta para la policía. Pero este revivir del caso oculta algo más, por principio un enfrentamiento entre las diversas divisiones de la PNJ que están enredadas en una guerra soterrada.

Quien lo percibe es Yoshinobu Mikari, un policía de gran capacidad que es nombrado jefe de prensa de la división. Mikari es un policía aplicado, capaz y con un alto sentido del deber, pero se encuentra en medio del enfrentamiento de los mandos, su trabajo burocrático y la desaparición de su hija adolescente.

Ayumi, hija de Mikari desarrolló lo que en Japón se conoce como hikikomori, una condición de aislamiento social de la gente joven, generalmente alrededor de los 15 años. Ayumi abandonó la escuela y se recluyó durante meses en su habitación, suspendió toda comunicación con sus padres, incluso caminaba de cara a los muros. Sus padres, muy alarmados, buscaron ayuda profesional para descubrir que su hija sufría de dismorfofobia o trastorno dismórfico corporal, es decir, no acepta alguna condición corporal, en este caso su propio rostro. Un día, en medio de la crisis por el caso seis cuatro, desaparece de su casa sin rastro alguno, lo que sume a sus padres en una situación de desolación total.

Esta condición llevará a Mikari a sentir una identificación muy cercana con los padres de la niña secuestrada y muerta años atrás pues alcanza a entender “el rostro del padre de una niña asesinada, un rostro arrasado por el dolor y el sufrimiento…” al tiempo que lo impulsa a retomar, contra las ordenes superiores, el caso y sus indagaciones van revelando una historia distinta a la que todos pensaron, incluido él, que formó parte en ese momento del grupo de reacción para personas desaparecidas.

La forma en que Hideo Yokoyama va hilando las historias paralelas de Seis Cuatro y Ayumi nos permite adentrarnos en varios aspectos de la sociedad japonesa, que pese al muy alto y envidiable nivel de bienestar del que disfruta, es una sociedad altamente jerarquizada y con una muy fuerte presión social por la reputación, el éxito, el miedo a decepcionar a sus familias y muchos otros factores que conspiran contra si misma y a la fecha han producido más de un millón de hikikomori, en los cálculos más conservadores.

Pese al tono sosegado con el que va narrando, nos mantiene pegados página tras página. Es absorbente y adictiva. No recurre a la descripción morbosa de crímenes o carece de acciones de vértigo, pero se torna una obsesión para el lector.  Sus 787 páginas (electrónicas) me parecieron un suspiro, se las recomiendo ampliamente…

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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