Sing a Happy Song o Fue el gato quien me dijo que las matara5 min de lectura

Caliche Caroma

Marjane Satrapi nos había sorprendido y conmovido con Persépolis, aquella animación de 2007 en donde la transformación de un país, Irán, va de progresista a fundamentalista, este cambio, retroceso, no le sienta nada bien a las mujeres, la protagonista de Persépolis nos lo deja muy claro. Marjane Satrapi es mitad francesa y mitad iraní, una directora, dibujante de historietas y escritora que en 2019 lanzó Radioctive, un biopic sobre Marie Curie. Pero no es de estas películas de las que aquí se hablará, sino de su trabajo de 2014, The Voices.

Hollywood le encargó este proyecto a la directora, el guion no era de ella, pero lo hizo suyo, como buena artista que es. “Yo no quiero enviar un mensaje, sino más bien contar una historia”, palabras sustraídas de una entrevista que le hicieron a Marjane Satrapi durante el Festival de San Sebastián en 2014. ¿Qué historia nos cuenta en The Voices?

Jerry trabaja en una fábrica de tinas para baño, aparenta ser feliz, un tipo bien parecido que, a pesar de lo gris del paisaje industrial, parece disfrutar de los colores intensos, azul y turquesa, que pintan los pequeños detalles de embalaje, así como el de su uniforme rosa. Pero las cosas cambiarán, la historia agarra vuelo y el protagonista nos sorprenderá más rápido que el choque de un alce contra una camioneta. Éste es uno de los personajes más interesantes que ha interpretado Ryan Reinolds, quizá le queda bien el papel de estúpido interesante; además hace las voces de Bosco, el perro, y del Señor Bigotes, el gato.

Sí, Bosco y el Señor Bigotes hablan, bueno, sólo hablan con Jerry, ambos animales son parte de las voces que atormentan al pobre empleada de la fábrica: “¡Mátala, Jerry, mátala!”. No es el primero, ni será el último caso de humanos que dialogan con los animales sobre asuntos criminales, afuera del cine y dentro del séptimo arte encontramos muchos ejemplos. Spike Lee dirigió una película sobre David Berkowitz, el asesino que aterrorizó al Bronx en 1977, el film se llamó The Summer of Sam. David confesó que fue el perro del vecino quien lo obligó a matar a todas esas jóvenes mujeres a las que les disparó.

De regreso con Jerry, lo acompañamos a sus visitas con la psicóloga, profesional de la mente interpretada por Jacki Weaver. Más que escucharlo, la psicóloga insiste en que se tome su medicamento: “¿No te estás tomando tus pastillas, Jerry?”. La mamá de Jerry también escuchaba voces, pero no de sus mascotas, eran ángeles quienes le hablaban, el padre, cansado de esta situación, los violentaba a ambos, todo se descontroló, ¿cuál es el límite, la frontera de la cordura? Jerry era apenas un niño cuando tuvo que ayudar a cortar el cuello de su madre, no es fácil hacerlo con un vaso de vidrio roto.

Bosco es la voz del bien, de lo sensato, el perro que intenta ayudar a Jerry. El Señor Bigotes, más allá de juzgarlo como el malo de la historia, tiene la responsabilidad de llevar a Jerry hacia el inevitable infierno. Viendo de lejos las cosas, Jerry es víctima de las circunstancias, un accidente detona la bomba de su cabeza, tic tac: «Lucifer es el ángel caído». Primero fue la bella Fiona, luego la pequeña Lisa y, por último, la rolliza Alison. Las voces se multiplican, ahora son cabezas cercenadas que habitan el frigorífico: «Hola, Jerry, te estás volviendo loco». Cuando los hermosos colores se van, queda la mierda del perro, el vómito del gato, el lavabo lleno de sangre, la basura acumulada y un hombre solitario, un niño triste, que más que pastillas, necesitaba amor, compresión y ternura.

Igual de escondida que la locura de Jerry, está The Voices. La película pasa desapercibida en la plataforma Netflix (hay que bucear en el montón de porquerías que la ene escarlata sugiere), la sinopsis no nos dice mucho, como todas las sinopsis, al intentar aproximarse, aleja. Viene el “sin embargo”, desde el comienzo, con el arte de la presentación, ya se puede uno dar cuenta de que este largometraje nos traerá algo enfermizo, nos frotamos las manos, sudamos ante la estilización del asesinato, el cuchillo, entra, el cuchillo sale. Guion de Michael R. Perry y una fotografía que, de tan bella, perturba, a cargo de Maxime Alexandre.

El final musical de la película recupera una canción de los O’Jay’s, “Sing a Happy Song”, lo que vuelve más retorcido todo lo que vimos y vivimos junto a Jerry en estos 103 minutos que dura la obra de Marjane Satrapi. Busquen en Youtube este final con fondo blanco, bailen junto a Jesús y los papás de Jerry, no pueden faltar las mujeres a las que les cortó la cabeza. Imperdible montaje sobre este tema setentero. Y como despedida, una de las escenas de The Voices, no se asusten porque aparece en inglés, en Netflix pueden ponerle subtítulos o verla doblada al español, como a ustedes les guste. El Señor Bigotes y Bosco les mandan un caluroso abrazo.

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