Sinopsis del ocio6 min de lectura

Caliche Caroma

Las recomendaciones nunca son recomendables. Abstente de dar consejos, aconsejaban los viejos cuando no los mandaban al asilo de ancianos o al rincón de la casa, mecedora y su lechita, la pantalla encendida: “Ésa ya la vi, pero déjala, mijo, me gusta recordar porque recordar es…” Total, usted puede ignorar estas líneas, la libertad es el anacrónico control de la televisión o el mouse de su computadora o el dedo ágil que se desliza en la pantalla táctil: “A lo que sigue porque este uei ya me aburrió”. Hay aquí un intento, una mera aproximación para que el lector vaya a su cuenta de Netflix (se da por hecho que usted tiene una cuenta de la ene escarlata o se la prestó algún pariente o amigo pudiente) y vea lo que pasa como bueno, bondad de entretenimiento, a según el rating y la diversión a costa de la desgracia de los demás. Todo es un spoiler, la rebelde revelación de dos miniseries de asesinos seriales.  

Murder Among the Mormons 

Mark William Hofmann engañó a todos, lo hizo desde pequeño, mintió y, como no lo descubrieron, siguió mintiendo durante toda su vida. La mentira le dio dinero, fama, prestigio, es decir, poder. Un artista del engaño, falsificador de documentos perdidos, cimbró a la iglesia mormona entera: una salamandra blanca que lleva el mensaje del caos, la caligrafía de trescientos mil dólares. Un hombre peligrosamente inteligente que se vio atrapado en la telaraña de sus propios infundios y para salir del problema decidió asesinar: “Los muertos ya no sufren”. Una mentira repetida hasta el cansancio se convierte en el credo de una humanidad necesitada de fe.  

En esta miniserie, apenas tres capítulos de cincuenta minutos cada uno, el espectador emitirá más de un juicio acerca del personaje principal, Mark Hofmann, seguramente pasará de compadecerlo a aborrecerlo, jueces somos todos y en el juicio andamos, véase los litigios de redes sociales. Quizá la moraleja, porque hemos leído mucho a Esopo, sea que la mentira siempre se descubre, o quién sabe, porque fue la ambición lo que destruyó a Mark, la mala administración de lo que ya había obtenido, al creerse intocable se volvió soberbio y obtuvo su castigo, divino o no. También queda esa sensación de que todo es falso, la verdad es un constructo de algún tipo listo que juega a esconder monedas en el bosque para luego desenterrarlas y sorprender a los incautos.   

Murder Among the Mormons fue traducida como Un falsificador entre mormones a pesar de que murder es asesinato y de que Hofmann no sólo falsificó documentos de mormones, también hizo pasar como verdaderos textos de grandes personalidades de la literatura y la política norteamericana como George Washington, Mark Twain, Emily Dickinson y se fue a las grandes ligas con su versión del Juramento de un hombre libre. En fin, el eufemismo disfrazado de traducción. La dirección de esta pequeña serie corre a cargo de Jared Hess, es una producción de 2021 y la acción (porque hay mucha acción a pesar de ser mormones los protagonistas) se desarrolla en Salt Lake City. A Joseph Smith no le gusta esto.   

Night Stalker  

La historia de Richard Ramirez (sin tilde porque gringo) es perturbadora, como corresponde a casi todas las historias de los asesinos seriales, cumple con el perfil de estos seres lleno de odio y rencor contra una sociedad que los maltrató desde pequeños: violencia familiar, abuso sexual, rechazo generalizado, abuso de drogas duras, falta de cariño (compresión y ternura). Todo regresa, la rueda de la vida es cruel y no conoce el perdón ni la misericordia, nadie se baja hasta que se baja. A mitad de la década de los ochentas, en Los Ángeles y San Francisco, un hombre de origen mexicano, flaco y con los dientes feos, se dedicó a matar, lastimar, violar y robar a todo tipo de personas, sin un perfil específico de sus crímenes, situación que desconcertó a las autoridades. Niños, adultos y ancianos recibieron los duros golpes, muchos de ellos mortales, del Acosador Nocturno 

Sembró el miedo durante más de un año en California, el tal Richard Ramirez pintaba pentagramas con la sangre de sus víctimas y le hizo decir a una mujer, para que no matara a sus hijos, mientras abusaba de ella: “¡Te lo juro por Satán!”. Los detectives encargados del caso del Night Stalker, uno de origen italiano y otro de raíces mexicanas, no tenían mucho para atraparlo: huellas de zapatillas deportivas, una gorra de AC/CD, un retrato hablado que se acercaba muy poco al rostro de Richard Ramírez, se acercaban, pero no era suficiente. Estos detectives llegaron a sentirse amenazados por el asesino que mataba a varias personas en una misma noche, a unos pocos kilómetros un asesinato de otro, muy cerca de donde vivían sus posibles captores, incluso llegó a meterse a la casa de un policía, sin miedo al éxito del terror. Insaciable bestia que violó a ancianas e infantes por igual, le gustaba que sus víctimas lo vieran a los ojos para que se llevaran esa mirada diabólica como último recuerdo de este mundo atroz. “Nos vemos en Disneyland”, palabras que pronunció cuando lo sentenciaron a muerte. 

Dirigida por Tiller Russell, la serie de cuatro capítulos lo pondrá al filo de su asiento (o cama, porque ahora muchos ven las series desde la comodidad de su cama), con material de archivo que nos transporta a esa época de colores encendidos, ropa mal cortada y peinados extravagantes, época que ha regresado con todo, por cierto. Acosador Nocturno: a la caza de un asesino en serie es el nombre completo de este monumental trabajo de investigación y recreación, no porque sea chiquita es poquita la labor de producción, lo contrario. Ahora sí, a descansar las nalgas viendo atrocidades.  

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