Viajes: Troncones6 min de lectura

Caliche Caroma

En el municipio de La Unión, Guerrero, un afortunado encuentro, Troncones: «Mi pueblo es tan pequeño que cabe en mi corazón», palabras de Juan Antonio de la Riva que le van muy bien a esta alegre reunión de playas, montañas, gente maravillosa, variedad gastronómica, gatitos y perritos. El surf es el rey, mar abierto: «Love is a huge wave», y también playita tranquila, trajes de baño, pansas de puerco. 

La temporada de invierno comenzó, muchos michoacanos, chilangos y noruegos, gringos, africanos y franceses, lugar cosmopolita, pregúntenle al Ciego, las mejores tiritas aquí se comen con totopos, tostadas, galletas, Iván las prepara que repites plato, zanka, ahí está Ana, Playa y Ceiba. Con Las Cuatas comes bara. Satanás vendé ostiones, así le dicen al Don. La comida rica es, aunque difícil encontrar relleno, ni modo. Te rentas una bicicleta o traes la tuya, paseos costeños por la avenida que atraviesa todo Troncones. Precaución, paso de iguanas. Navidad y año nuevo con calor.

Troncones, más cerca de dios que de Ixtapa. Las Yolis frías y los cocos con ginebra y/o vodka. Alberca, música en vivo, María Jetzabel, pásale, tenemos uifi. El sol se toma una Viky bien fría en la tiendita rojiblanca. A las cinco unas pizzas de Jardín del Edén, Mary y Jean te atenderán. De regreso, suponiendo que te quedaste en Mi Casa Su Casa, te tomas un cóctel sabrosón para acompañar al ocaso en Amor Tropical, Natalie y Rodrigo, la barra combi. Por cualquier restaurante que pases, los colores y sabores de la noche, el olor a camarón frito, al ajo, maracuyá. De fondo canciones de mar, el océano canta.

Cocinas económicas con tortillas a mano, arroz y frijoles, el de la verdura y fruta trae su camioneta con remolque, pásale, uerita, la papaya está para hoy. La Mexicana atendida por Isabel y Doña Vicenta, comida nacional, pregunte por el guajolote. El mañanero en Café del Pacífico, la marisquería de lux se llama Orbe. Por las mañanas se ponen los señores del pescado fresco (pecado freco), la camioneta con la báscula. Son un montón de lugares para visitar, y falta la Majahua, cercana comunidad de nombre musical. 

Cualquier época del año es buena para visitar Troncones, varios prefieren la de diciembre, la última semana del año, o sea, ésta (texto escrito el 30 de diciembre de 2019). Después vendrán los gringos a divertirse un rato, huyen de su frío, llegan a este terruño con palmeras. Pero el mexayork puede caerle sin purrum, siempre y cuando tenga con queso las quesadillas, Troncones no es caro, venga y compare, cómodas hamacas, esto es como un comercial a la talla.

Foto: Lucía Espiral Arroyo

Lo mejor de Troncones es la gente que aquí vive, sonrientes, amables, han hecho de su pueblo un lugar limpio y seguro, para ellos y para quien los visite. En el mar encontrarán guapos salvavidas como el Chabelo y el Cuico. Sin hoteles gigantes, los recorridos se vuelven una aventura que no te cansarás de repetir: Ven a Troncones, debes obedecer. Lucía Arroyo ha capturado en fotografías parte de la mística tronconense, ella es una de las organizadoras del Mercado Orgánico/Eco Tianguis de los jueves en Casa Tres Mujeres.

Al final la actividad artísitica. Grupos locales y foráneos han encontrado en Troncones un escenario importante para darse a conocer y convivir con otros artistas. Han tocado en estas playas: Chalanes del Amor, Sebastián Maciel, Hugo Leyva, Yohualli Mc, Chejeré, Sonaxa, Zihuanaband, The Nanche´s, Los Meketrefes, José Luis Cobo, dj’s varios, entre otros. El arte reciclado es común en Troncones, botellas, tapas y madera son los materiales reutilizados para hacer cuadros sorprendentes. Las casas del lugar tienen una arquitectura única, no hay una igual a otra, las plantas tropicales se desbordan por las paredes. Los nombres de las casas y hoteles son muy divertidos: Casa GuaGua, Casa Bonita, Casa de los Gatos, etcétera. Arte es el mar y la arena que pisan tus pies.

La frase de despedida: «Aquí yace Sutano, murió en paz pues conoció Troncones».

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