Atrapados por la lengua5 min de lectura

Horacio Cano Camacho

Nuestra manera de hablar y de escribir, dice mucho de nosotros y se constituye en una huella que puede rastrearse y muchos criminales han sido Atrapados por la lengua, y no precisamente el órgano, lo han sido por la lingüística forense. Resulta que el uso de una palabra, la construcción de una frase, una conjunción, nos identifica y pueden ser la clave para probar una acusación.

Cuando escuchamos la palabra forense, de inmediato nos remitimos a un médico patólogo que se dedica a abrir cadáveres humanos en frías salas de autopsias (que en México también les llamamos necropsias), para analizar las causas de la muerte y la posible participación de diversos factores, internos y externos. Los programas tipo CSI de alguna manera nos han “familiarizado” con esta imagen. Incluso, un forense, de acuerdo con estos programas, es una suerte de sabio o computadora ambulante, que además tiene múltiples competencias, desde la medicina legal, hasta la ecología, la geología, la entomología, la biología molecular y claro, la psicología y psiquiatría. No contentos con ello, saben hacer análisis de ADN, análisis químicos, edafológicos y hasta son astrofísicos, ya entrados…

En realidad, todas estas y mas son efectivamente competencias del análisis forense (salvo la astrofísica, claro), sin embargo, recaen en diferentes especialistas, es un trabajo verdaderamente multidisciplinario. Cada especialista, de acuerdo con su área de competencia, busca evidencias que le son solicitadas por los investigadores y los abogados para sustentar casos y no, los forenses no sólo hacen medicinal legal, hay otros que abarcan campos tan diversos como la entomología forense, la química forense, la contabilidad forense, la patología, la genética, y un amplio listado de áreas muy alejadas de las salas de autopsias.

Sheila Queralt

A mi me encantan las novelas de investigadores forenses de muchas especialidades, pero reconozco que se toman licencias a veces muy exageradas. Por ello ahora quiero recomendarles este libro, no es una novela negra y es de una verdadera especialista, que en la práctica ha detectado fraudes, plagios, autorías de secuestros y amenazas, pero buscando no en cadáveres o escenas de crímenes, sino en la lengua.

Y me gusta desde la dedicatoria, donde la autora, Sheila Queralt (Larousse, 2020), nos promete, que ni a los lectores ni a sus amigos les hará un análisis, a menos, claro, que nos encontremos involucrados en un delito. Atrapados por la lengua es un compendio de 50 casos reales resueltos por la lingüística forense.

El libro comienza con una exposición muy simpática de los motivos que llevaron a la autora a estudiar lingüística y luego ampliar su experiencia con varias maestrías relacionadas con el área forense; luego, el libro pasa al contexto forense propiamente, aunque contado de manera muy personal, en donde nos va explicando como se pueden extraer conclusiones de las pistas que un crimen va dejando y la labor de los científicos de ir sacando conclusiones o haciendo inferencias de estas evidencias y lo ilustra con el “caso del bombardero loco”, que sucedió en EUA en los años 50, cuyo análisis de las cartas que este personaje mandaba a los periódicos para burlarse de la empresa que era el motivo de sus ataques con explosivos, fue perfilando su nivel educativo, su estado mental, incluso datos de su entorno y fue uno de los casos fundacionales de muchas técnicas forenses ahora muy usadas.

Toda esta sección preliminar es muy sustanciosa, ya que nos explica de que manera muchos que crímenes ha sido posible desentrañarlos gracias a la forma de hablar, expresarse, escribir una nota, mensaje o un anónimo. Digamos que es la parte más técnica, pero contada con bastante soltura y humor, lo que la vuelve ligera y fácil de comprender.

La siguiente parte es la más cercana a una novela negra, porque nos cuenta varios ejemplos reales, algunos muy mediáticos y conocidos, tales como en Unabomber o el Destripador de Yorkshire. Muchos casos en donde se realizó un análisis del lenguaje, los perfiles lingüísticos, la atribución de autoría, la identificación de voz, o el análisis de imitación.

Cada capítulo, que son muy cortos, como en un thriller, va acompañado de textos de ejemplo, recomendación de libros, películas, programas y una muy sustanciosa cantidad de ejemplos de cosas que se comentan en las redes en las que nos percatamos de la cantidad de errores que cometemos (por fortuna no nos andan investigando) y el uso de los emoticonos o emojis y su impacto en la comunicación. Incluye códigos QR para localizar fácilmente los ejemplos en la nube y como ya lo comenté, su lectura es muy sencilla y muy cercana al habla popular (de España) que en ocasiones hasta nos puede escandalizar.

Un libro muy interesante de investigaciones forenses reales y que nos muestran los retos de la novela negra para reflejar con más realismo estos procesos de investigación criminal. Alguien puede pensar que esto no es nada emocionante, pero de entrada le digo que se equivoca. Los ejemplos usados son apasionantes…

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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