Delatora4 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia

En este Bufete negro ya hemos recomendado libros de la gran dama de la literatura norteamericana actual, Joyce Carol Oates (Nueva York, 1938), quien a sus 82 años sigue asombrándonos con su capacidad para crear historias estrujantes y realistas, dueña de una prosa que me atrevo a decir no tiene parangón en la actualidad.

Delatora, su novela más reciente, es la historia de Violet Rue Kerrigan. Comienza en 1991, la protagonista tiene 12 años, es la más pequeña de los siete hijos (Jerome hijo, Miriam, Lionel, Les, Katie y Rick,) de Jerome y Lula Kerrigan, una típica familia de ascendencia irlandesa, católica y tradicionalista. Su padre se dedica a la construcción y a la fontanería, es un típico representante de la american working class, orgulloso de vivir en una prolija casa de clase media en South Niagara, y de encabezar a su familia con una mezcla de dureza y cariño, trato rudo a los varones, indiferencia hacia su esposa e hijas, a excepción de la propia Violet, la más mimada y querida por él.

Joyce Carol Oates

Este típico cuadro familiar, similar al de miles de familias americanas, se rompe abruptamente. Jerome hijo y Lionel, hermanos mayores de Violet, un sábado por la noche, al regresar de la parranda con dos de sus amigos y de haber ingerido alcohol, se topan con Hadrian Johnson, un chico afroamericano, promesa del deporte local y estudiante modelo, a quién en una mezcla de racismo y frustración, le propinan una tremenda golpiza, dejándolo malherido, para luego huir del lugar.

En la vorágine de los acontecimientos y con la adrenalina a tope, Jerome y Lionel, repasan lo sucedido en casa, buscando atropelladamente alternativas para borrar rastros que los incriminen, Violet, quien se encontraba despierta, escucha su relato asombrada, sin entender cabalmente de lo que hablan ni la excitación y nerviosismo de sus hermanos.

Hadrian, muere a los nueve días de la agresión, y por azarosas razones (que el lector tendrá que encontrarlas en el relato), Violet acaba hablando con la policía y delatando a sus hermanos. Aquí comienza la tragedia de los Kerrigan, los hermanos son arrestados, llevados a juicio y condenados; su padre no soporta la idea de que su pequeña Violet haya delatado a sus hermanos y la destierran del núcleo familiar a los 12 años, mandándola a vivir a Port Oriskany, a 200 kilómetros de South Niagara, con el matrimonio sin hijos que formaban su tía Irma, hermana de su madre y su marido Oscar.

Con los recuerdos y sentimientos de Violet, la autora va construyendo una historia brutal en la que no deja “títere con cabeza”, revelándonos toda una escala de prejuicios, racismo, clasismo y misoginia, además de la culpa subyacente del alma norteamericana. Los hermanos terminan creyéndose víctimas de un racismo inverso alimentado por los prejuicios de una comunidad en su mayoría blanca, y que a su vez anulan toda posible empatía y consideración hacia las verdaderas víctimas: Hadrian Johnson, su familia y Violet, a quien el exilio teñido por la culpa, la soledad, y la búsqueda de redención, va forjando en ella un carácter duro, solitario e incluso cínico que le permite enfrentar los riesgos que se le presentan.

Delatora, nos muestra una sociedad prejuiciosa y racista, un Estados Unidos profundo con toda su gama de atavismos, en donde la familia se convierte en el núcleo de la desgracia, formando seres incapaces del perdón y con poco involucramiento emocional. Una novela cruel y desesperanzadora, con una economía de lenguaje y diálogos afilados, o lo que Henry James llamaba “la imaginación para el desastre”, y con la que Joyce Carol Oates nos sigue cautivando, su terrible magia oscura.

Esta no es una novela negra propiamente dicha, pero es muy negra en su espíritu y realismo, además de tener una enorme calidad literaria, la recomiendo ampliamente.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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