El invencible verano de Liliana9 min de lectura

Mariano Paul

En medio del odio descubrí que había, dentro de mí, un amor invencible.
En medio del caos descubrí que había, dentro de mí, una calma invencible.
En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible. 
Y eso me hace feliz. Porque esto dice que no importa lo duro que el mundo empuja contra mí; en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta.   
Albert Camus

El invencible verano de Liliana, de la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, se trata de un texto que no es fácil de clasificar. Por un lado está presente la voz de Cristina, que puede caer en formas propias del género narrativo, pero también encontramos formas que sirven para el análisis y la exposición de ideas.

Esa voz y ese cuerpo que cuenta las vicisitudes que la llevaron a buscar el expediente de su hermana, Liliana Rivera Garza, asesinada en 1990. Literalmente a desenterrar el expediente del feminicidio de su hermana, con todos los efectos telúricos tanto internos como externos que desata el movimiento de aquello doloroso que ha permanecido latente. 

Pronto tuve que darme cuenta de que en realidad sabíamos muy poco. Una muchacha desorientada, presa del maltrato cotidiano de un depredador. Una mujer acaso demasiado libre. Una nadadora disciplinada. Una joven confundida dispuesta a probarlo todo. Una niña buena y dócil, ciega ante el peligro. Una mentirosa. Una estudiante ejemplar. Una inocente. Una amiguera. Una mujer llena de amor. Una descuidada. Alguien con pasado.[…]El resultado: 30 años de silencio.

Uno nunca está más inerme que cuando no tiene lenguaje. ¿Quién en ese verano de 1990, iba a poder decir, con la frente en alto, con la fuerza que da la convicción de lo correcto y de lo cierto, y la culpa no era de ella, ni dónde estaba ni cómo vestía? ¿Quién en un mundo donde no existía la palabra feminicidio? En un mundo así, guardar silencio fue una forma de arroparte, Liliana. Una forma torpe y atroz de protegerte.

Rivera Garza narra la búsqueda del expediente de su hermana, reúne una serie de testimonios del círculo de amistades auxiliada por un detective con la intención no sólo de explicarse su ausencia, también para tejer una red, ese microcosmos de dolor y esperanza que hay detrás de cada nombre. Pero también reivindica su lucha silenciosa y utópica contra el patriarcado.

El género narrativo nos lleva al encuentro con la complejidad psicológica de esta experiencia así como al conocimiento del contexto en el que sucede. Desde el proceso de negación, remordimiento y silencio, hasta la victimización de parte del entorno y las instituciones de procuración de justicia.

Cristina Rivera Garza

Cuando la ma­quinaria patriarcal nos alcanzó para triturarnos el cuerpo y el corazón, para arrasar con el pasado y con el futuro, fue, sí, intentando salir. De eso no me cabe la menor duda. Iba ya ha­cia fuera, más allá, creyendo profundamente, honestamente, provocativamente, que otra vida era posible. Otro amor.

Cuántas veces al día se reprochaba el no haber tenido los fondos suficientes. Cuántas veces le retumbaban en las orejas las palabras soeces, las palabras crudas, las palabras bestias de fauces abiertas con que los comandantes se refirieron al cuerpo de Liliana. A la vida de Liliana.

¿Qué desata la sensación de que ahora, después de tanto tiempo, una por fin está lista para afrontar la tragedia y el conocimiento de la tragedia? ¿Cómo puede una estar segura de que ahora sí es posible formular las preguntas y, sobre todo, que ya se está en condiciones de escuchar las respuestas?

Pero también dentro de una perspectiva de activismo e intervención comunitaria hay partes donde en forma más ensayística trata el tema de la violencia. Lo que distingue a la violencia doméstica, especialmente al homicidio de pareja, de cualquier otro tipo de crimen es el amor, asegura Rachel Louise Snyder en No Visible Bruises. What We Don´t Know About Domestic Violence Can Kill Us. Ningún otro acto de violencia extrema se alimenta de una ideología tan diseminada como compartida.

¿Quién en su sano juicio estaría en contra del amor romántico? Los cientos de miles de mujeres asesinadas por sus parejas podrían responder a esa pregunta de múltiples formas inéditas. Pero incluso ellas, necesitarían lo que necesitamos todos para poder contestar a esa pregunta básica: un lenguaje capaz de identificar factores de riesgo y momentos de sumo peligro.

El invencible verano. La llama interna. El amor propio. La amistad. El amor a secas: esa piel hecha de pasiones compartidas que afianza y nutre la diferencia en el flujo de las fuerzas uniformadoras de la sociedad.

El Invencible Verano de Liliana trata, sobre todo, de los acontecimientos relacionados con el autodescubrimiento de la adolescencia en el contexto de una sociedad conservadora, donde va emergiendo, de sus encuentros y desencuentros, ilusiones y desilusiones, la sombra de una pasión delirante y criminal.

El odio de género. El odio contra la independencia y libertad de las mujeres. El odio contra Liliana, la estudiante que siempre se puso del lado del amor.

No importó toda la voluntad puesta para construir relaciones no posesivas y ser fiel al llamado del descubrimiento de su individualidad. Liliana, quien siempre pensó que podría poner a raya a su victimario, fue asesinada la mañana del 16 de julio de 1990 por Angel Gonzalez Ramos. Asfixiada y atacada sexualmente en el pequeño departamento de Calle Mimosas 658, colonia Pasteros, delegación Azcapotzalco. Justo en el espacio que debía ponerla al resguardo del peligro. Hecho que hasta la fecha sigue impune.

Quizás esa es la parte más intrigante. Más allá de conocer los acontecimientos precisos que desencadenaron la muerte de Liliana, lo que más inquieta y asombra es la voluntad de enfrentar por su cuenta todo un sistema y red de complicidades tanto institucionales como culturales. El hecho de que no hubiera sentido el peligro que la asechaba, que hubiera optado por el secreto. Situación que ha sido documentada como un índice de vulnerabilidad siempre aprovechado por el victimario.

El Invencible Verano de Liliana toca también un anhelo, que ahora con un sector de la sociedad más receptivo a estos temas puede encontrar eco y no quedarse sólo entre las paredes de la desesperación como en aquel ya lejano 1990, cuando todavía no existía ni siquiera el concepto de feminicidio y esta violencia se idealizaba como parte natural de los excesos del amor romántico.

Rivera Garza, siguiendo las nociones del ready made manipula, reorganiza y rubrica  una serie de documentos como cartas, entrevistas y diarios que no tienen un valor propiamente artístico, sino que pertenecen a géneros discursivos considerados prosaicos o no literarios.

Cristina y Liliana

En El invencible Verano de Liliana, Rivera Garza a la par que va al encuentro del expediente y esa memoria traumática, deja que las cartas de su hermana conduzcan el hilo, luego las confesiones de cada uno del círculo de amistades y conocidos, y finalmente sus padres, para ir perfilando no sólo ese suceso atroz y todas sus causas y consecuencias, sino a Liliana y el mundo que se iba abriendo para ella y que fue brutalmente interrumpido.

La escritura tal como la concibe Rivera Garza no es un ejercicio de contemplación solitaria en el que el autor le arranca al silencio sus más preciosas palabras para iluminar la vida interior de las masas. Toda escritura es apropiación y reescritura de otros textos. Y en el caso de la literatura, Rivera Garza, siguiendo al Rancière de Aisthesis:escenas del régimen estético del arte, apropiación de géneros y discursos no literarios.

El invencible verano de Liliana puede considerarse una obra feminista por el tratamiento del feminicidio y la documentación que incluye sobre el tema de la violencia ejercida hacia la mujer.  Pero además de eso también experimenta con dispositivos verbales distintos a los tradicionales.

El estilo autobiográfico obedece al principio ético-estético de unir obra y vida. Una forma de hacer coherente lo que se dice con lo que se hace. Y la apropiación y la reescritura de documentos, el ready made, no sólo es una forma arriesgada y novedosa de aproximación a la escritura y el tema de feminicidio, es además una declaración política contra el sistema autoral que alimenta el prestigio y la plusvalía de los textos insistiendo en el carácter contemplativo y solitario de la producción artística.

El ready made hace visible el proceso de inmersión verbal del escritor, y en general el proceso de inmersión verbal que sufre tanto el escritor como el lector en tanto que se rodea, se satura de palabras, hace relaciones, conjeturas y juicios.

Sólo una visión conservadora, es decir, atada fuertemente al estado de cosas y las jerarquías propias de esas cosas, querría la repetición incesante de sólo un modo de producir textualidad.

¿Por qué habría de pedírsele a todo texto que parezca como si hubiera sido escrito con la tecnología y los estándares de conducta de sus congéneres del siglo XIX? Pues porque una pequeña elite temerosa de perder los cotos de poder que refrenda su estética lo sigue argumentando aquí y allá en la plaza pública.[1]

Sobre todo el cuestionamiento del realismo como forma privilegiada de acceso al recorte de lo “real” y sus estrategias discursivas como garantía de valor y conocimiento. Procedimientos como la verosimilitud, la linealidad, la coherencia y la exhaustividad narrativa y descriptiva.

Por mi parte estoy convencida de que todo mundo tiene derecho a seguir escribiendo su versión propia del texto del siglo XIX, ciertamente. Lo que esos neoconservadores no pueden hacer ya es esgrimir una noción de lo literario, que es histórica y contingente, como si se tratara de un estándar natural o intrínseco a toda forma de escritura.[2]


[1] Cita extraída de Los muertos indóciles. Necroescrituras y desapropiación.

[2] Ibidem.

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