Hermanos de alma5 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia

En esta columna, de vez en cuando nos permitimos incursionar en otros géneros que no son precisamente novela negra, pero que siempre están relacionados con el lado oscuro del ser humano y de la vida en general, así pues, hemos recomendado series y novelas que por su singularidad y temática se insertan en estos parámetros, y sin duda dejan huella en nosotros como lectores o espectadores, este es el caso de la novela que recomiendo el día de hoy, se trata de Hermanos de alma (Anagrama 2019) de David Diop (París, 1966). David Diop creció en Senegal y actualmente reside en el sur de Francia donde es jefe del departamento de Artes, Lenguas y Literatura de la Universidad de Pau. Su primera novela Hermanos de alma ha sido ganadora de varios premios siendo el más destacado el Booker Internacional 2021.

Se ha convertido en un lugar común decir de una obra especialmente impactante ¡es un puñetazo en el estómago!, la novela que recomendamos el día de hoy cumple y rebasa con creces esta caracterización, es una historia que nos deja sin aliento de la primera a la última página.

David Diop

Alfa Ndiaye es un soldado senegalés que pelea en las filas francesas durante la Primera Guerra Mundial, tiene un amigo: Mademba Diop a quien le dice con cariño “mi más que hermano”, y lucha con él en el mismo regimiento. En una incursión a las filas enemigas, Mademba es herido mortalmente y le pide a Alfa Ndiaye que lo mate pues no va a sobrevivir, él se niega y acompaña a Mademba en su agonía hasta que después de varias horas muere; Alfa, loco de dolor y de culpa jura que vengará la muerte de su “más que hermano” y así comienza su periplo sangriento que será un verdadero descenso a los infiernos. 

Al caer la noche, Alfa Ndiaye se desliza sigilosamente a las trincheras enemigas, escoge un enemigo de “ojos azules” y lo mata con la misma brutalidad con la que mataron a Mademba, una vez consumado el asesinato, le corta una mano y se la lleva a manera de trofeo y testimonio a su propia trinchera. Al principio Alfa Ndiaye es celebrado por sus compañeros por su valor y arrojo, conforme pasan los días y él sigue realizando diariamente su macabro ritual, va generando desconfianza y temor entre sus compañeros de filas hasta que llega un momento en que se le considera un hechicero, un “robador de almas“ y todos lo evitan, tanto los franceses como los senegaleses le hacen un vacío en el regimiento y buscan el medio para alejarlo del campo de batalla.

Toda la novela está escrita en primera persona, Alfa Ndiaye es el narrador que nos relata de primera mano los horrores de la guerra de trincheras, con toda la cauda de pasiones y sentimientos que emergen en una situación límite: el pánico ante la inminencia de la muerte, la brutalidad de los superiores que obligan a las tropas a enfrentar una muerte segura, el racismo hacia los senegaleses, todo ello, en medio de las condiciones infrahumanas de la vida (si es que así se le puede llamar) en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, la narración no se queda en la acumulación de los horrores, también nos habla desde una visión no exenta de ingenuidad, de la nostalgia por el hogar, de la construcción de los lazos afectivos y del proceso de conversión de un campesino de un pequeño pueblo africano en un asesino despiadado y vengativo. El protagonista está en una búsqueda constante de respuestas que no encuentra en los referentes de su vida anterior y construye los suyos en la irracional circunstancia de la guerra que le ha tocado vivir.

La historia está escrita en un lenguaje sencillo que a veces puede parecer infantil desde el punto de vista occidental, pero que está totalmente justificado por el origen del narrador. Este recurso le da mayor verosimilitud a lo terrible y descarnada que es la novela, la cual ante nuestros ojos se convierte en una reflexión catártica acerca de la irracionalidad de la guerra y de los límites a los que puede llegar el ser humano en una circunstancia así.

A pesar de ser una narración muy dura, con pasajes francamente brutales, no está exenta de belleza y lirismo gracias al estilo narrativo del protagonista que nos muestra con candor su paso por el infierno de la guerra y su nostalgia por el “edén perdido” de su tierra.

Si leer significa vivir muchas vidas y muchas épocas, esta novela nos hace vivir intensamente experiencias límites, y a la vez reflexionar sobre la capacidad que tenemos los humanos, para que aún en el infierno que es la guerra, conservar vestigios de esa “humanidad”.

Se las recomiendo mucho, una vez que se comienza ya no se puede soltar el libro.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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