La floración de la luna2 min de lectura

Livier Fernández Topete

Aunque ha marcado sus fases desde todos los tiempos y ha sido atendida por los mares, la mirada de los artistas, la psique de los locos y la furia de los lobos, en nuestro planeta dejó de escucharse desde el origen del patriarcado, que según Gerda Lerner, es una construcción histórica elaborada por hombres y mujeres en un proceso que tardó casi 2500 años en completarse, habiendo aparecido la primera de sus formas en el estado arcaico.

La nuestra ha sido una historia apolínea, atravesada por la imagen del sol, dioses masculinos han permeado buena parte de las religiones, al menos occidentales, hemos seguido la ruta trazada por la mano, el ojo y el deseo de los hombres, por lo que terminamos todos en pugna con el divino femenino, las mujeres conflictuadas con su femineidad, los hombres peleados con su lado femenino, en guerra los sexos por incapaces de integrar.

Sabemos que las cosas están cambiando, hemos decidido o el debalance nos ha empujado a impregnarnos de la luminosa, a bañarnos con su blanco brillo.

Este es el tiempo de abrazar a Hécate y dejarnos cobijar por su luz.

La gran dualidad del taoísmo, que incluye todo lo existente en el universo: el yin y el yang, nos ilustra desde su sencilla complejidad, la necesidad de armonizar con lo aparentemente opuesto, pues el otro lado es sólo otro punto que se toca con el punto de referencia. Y uno sin el otro es la realidad fragmentada, la grieta como herida que separa y lastima.

Como especie, tardamos en darnos cuenta, pero está dicho, no hecho todavía, depende de ti y de mí: este es el tiempo de la que ilumina, es el momento del Yin, la oportunidad para la diosa de plata.

El mundo demanda (no sólo sus hembras) un salto de encuentro con los atributos que han sido asociados al género débil, este es el período del eclipse más largo en siglos, este es el tiempo para interponernos como terrestres entre la gran dualidad de la naturaleza: Sol y Luna, la etapa de la conciliación, la época de la conjunción y de La Templanza.

Demorados y enfermos pero posibilitados para la rehabilitación ¿presenciaremos la floración de La Luna? ¿seremos testigos y partes de la eclosión lunar? ¿cruzaremos a salvo la noche oscura del alma humana hasta llegar al amanecer? ¿disfrutaremos del concierto cósmico tras el entendimiento?

Flor de Luna de Vasilisa Romanenko

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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