Rosas muertas5 min de lectura

Horacio Cano Camacho

Cuando pensamos en Islandia, siempre imaginamos fiordos, volcanes activos, termas y glaciares. Es un país muy pequeño, de apenas 350,000 habitantes, la mayoría concentrados en su capital, Reikiavik. Además de ser un estado muy pacífico (de los más tranquilos del mundo), con una tasa de criminalidad bajísima, los asesinatos en particular son raros y como dice nuestro autor de hoy, “Por fortuna, los islandeses cuentan con un insignificante elenco de asesinos”.

Entonces, ¿Qué pinta Islandia en la novela negra? Resulta que en este país se están realizando algunas de las series televisivas del género más interesantes, que ya han causado revuelo internacional y que me encantan. Y uno de los responsables de este boom, es Arnaldur Indridasson, autor que ahora queremos presentarles en este bufete negro.

Indridasson es un historiador y periodista de cine que un día decidió escribir (o describir) el lado oscuro y complejo de una sociedad de bienestar como la islandesa y contar un aspecto social poco conocido, y lo hizo creando un personaje y una serie criminal, algo que al inicio se vio como un despropósito dentro y fuera de Islandia. Creó al Inspector Erlendur Sveisson, un personaje muy complejo, con una vida muy difícil, solitario, ensimismado, con una vida rota, dos hijos drogadictos (un problema muy serio en la isla), pero muy eficiente y comprometido con su trabajo.

Arnaldur Indridasson

El primer libro que se tradujo al español y que leí de él, Las marismas, de inmediato lo catapultó internacionalmente y lo hizo acreedor a múltiples premios del género como el Premio de la Crítica Francesa, el Gold Dagger inglés o el Premio RBA de Novela Negra, entre otros de los más prestigiados.

El universo de Indridasson se caracteriza por la oscuridad de sus historias. Pero nunca se extiende en descripciones escabrosas de los crímenes, sino que nos da un recorrido del contexto que explica cómo fueron posibles. Y sí, nos muestra un lado de esa sociedad en la que pocas veces pensamos, como la influencia apabullante (y muy negativa) de Estados Unidos y su cultura, el clima extremo, el efecto de la luz solar presente día y noche en inviernos y veranos interminables, el aislamiento de sus habitantes, y lo desolado de los paisajes que retrata. Es muy cinematográfico en sus escenas, tal vez por su ocupación como crítico de cine.

A Las marismas (2000), le siguieron La mujer de verde, La voz, El hombre del lago, Invierno ártico, Hipotermia, Río negro, En el abismo, El duelo, Naturaleza hostil, Noches de Reikiavik, Inocencia robada y Rosas muertas (2020), todas publicadas en español por RBA. Sobre esta última quiero hablar un poco. Debo decir que aún cuando es una serie, pueden leerse de manera independiente, cada libro es autoconclusivo y prácticamente no hace referencias a títulos pasados, salvo tal vez cuando recuerda los problemas con sus hijos, de manera que puede comenzar por el más reciente, aunque yo les recomiendo todos absolutamente, en particular Las marismas y El hombre del lago, que son mis favoritos.

En Rosas muertas, una pareja de jóvenes exitosos, propietarios de una empresa de software salen de fiesta en su tercera cita. A las dos de la mañana deciden tomar un atajo de camino a casa y cruzar por el cementerio. A medio camino les dan ganas de correrse una aventura sobre una tumba (recordemos que está claro a esa hora). En medio del revuelo, ella mira una figura extraña a lo lejos, sobre una tumba y luego ve salir huyendo a una persona. Movida por la curiosidad, termina su acto y va a mirar para descubrir el cadáver de una mujer muy menuda, joven, desnuda, colocada sobre la tumba del héroe de la independencia de Islandia (recordemos que se independizó a principios del siglo XX de Dinamarca). Asustada, avisa a la policía y el caso es encargado al Inspector Erlendur Sveisson, que es el único de la brigada de la capital con experiencia en crímenes violentos.

Un cadáver puesto sobre la tumba del héroe nacional debe significar algo, el problema es que no hay mayores datos sobre la mujer, salvo que se trata de una “yonqui”, adicta a la heroína y que muestra todos los signos del daño por esa vida.

La novela es la búsqueda de victima y victimario, pero es un recorrido por el abandono del campo para ir a la ciudad, la especulación inmobiliaria que deja a los pescadores, criadores de ovejas y jóvenes, sin porvenir y los empuja a la “gran ciudad” y luego en ella, nos muestra como el mundo del lucro y el “éxito” los va perdiendo y los hace víctimas de gente sin escrúpulos.

La novela, sin ser un análisis sociológico, toca lateralmente el origen de la burbuja financiera que llevó a la crisis económica al país e implicó modificaciones muy duras sobre la especulación financiera, al mismo tiempo que indaga en el efecto sobre la vida cotidiana de los habitantes de esta isla que algún día conoceré, se antoja leyendo a Indridasson. Anímese, para esta cuarentena que ya se volvió una rutina permanente.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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