El gran pendiente de las autonomías purépechas: la participación de las mujeres5 min de lectura

Alejandro Amado Frausto

La comunidad de San Francisco Pichátaro es un referente en términos de autodeterminación y autogobierno de los pueblos indígenas del que no se ha escrito suficiente, así lo consideró Orlando Aragón, integrante del Colectivo Emancipaciones, en la presentación del documental “Pichátaro en el camino de la autonomía indígena”, dirigido por Cupatitzio Piña.

Si bien cuando hablamos del derecho a gobernarse por usos y costumbres nos viene a la mente el municipio de Cherán, es la comunidad de Pichátaro, asesorada por el mismo grupo de abogados, Colectivo Emancipaciones, la que abrió el camino para la autonomía presupuestal que ahora demandan por lo menos una docena de comunidades en la zona purépecha a sus cabeceras municipales. Los argumentos para solicitar el recurso directo son una distribución inequitativa generalmente impregnada de racismo hacia los pueblos indígenas. Los presidentes municipales son mestizos, o indígenas -puestos por mestizos- ligados a partidos políticos.

Cupatitzio Piña

El documental presenta narrativas de la construcción de autodeterminación en la comunidad perteneciente al municipio de Tingambato, mismas que incluso datan de la época prehispánica. Se escuchan las voces de quienes han contribuido a la construcción de autonomía, pero en el documental es notorio que hacen falta muchas voces: las de las mujeres que han participado de ese proceso.

A la presentación del documental en GiraLuna acudió Dulce María Valdez Jacobo, concejal de Cultura en Pichátaro. De las cuatro mujeres elegidas para este Concejo es la única que se mantiene, pues la revocación de mandato la hacen efectiva y la pueden aplicar por mayoría los barrios con sus encabezados, o la comunidad reunida en asamblea, de forma que, sea hombre o mujer, cualquier concejal puede ser destituido en cualquier momento si se considera que su trabajo no es el esperado.

Fue el caso de las tres concejales que ya no concluirán el periodo de dos años para el que fueron elegidas. La abogada Sara Guadalupe Martínez, concejal encargada de Mantenimiento y Servicios, fue quien pidió su remoción “por cuestiones familiares”. A decir de Dulce María, la abogada realizaba bien su trabajo, pese a considerarse una labor pesada, “para hombres”, pero pasaba menos tiempo con sus hijos pues el puesto era muy demandante, situación que le fue reclamada en el núcleo familiar.

“Pero una vez que deja el cargo el Barrio ya no puso a una mujer, sino a un hombre, porque consideró que era un trabajo muy pesado, cuando la mujer sí lo podía hacer, ella sacaba el trabajo de una forma excelente”.
La segunda mujer en renunciar ocupaba el cargo de Asuntos Comunales, que se equipara a la función de un síndico en un Ayuntamiento: se ocupaba de resolver los problemas legales.

“A ella sí la removieron porque trataba de solucionar conflictos principalmente entre hombres, y la parte culpable o que no salía beneficiada le advertía que la iban a remover o que iban a hacer algo para que la sacaran. La atacaban por varios frentes, los hombres hablaron con los encabezados de sus barrios hasta que la removieron, y en su lugar pusieron a un hombre porque igual dijeron que ella no podía”.

Indicó que incluso al interior de los cuerpos de seguridad de Pichátaro, había resistencia para aceptar como autoridad a una mujer.

La tercer concejal se encargaba de Salud y Deporte hasta que fue removida por la presión de su barrio, decían que no hacía bien su trabajo y fueron los mismos deportistas quienes señalaron que había falta de organización, aunque realizaba una importante actividad en la organización de eventos deportivos. Una vez más el relevo fue un hombre.

Dulce María no ve que haya una falta de capacidad de las mujeres de Pichátaro para ejercer cargos públicos sino más bien una resistencia a aceptar que las mujeres los ejerzan. En su caso ha recibido apoyo por parte de su pareja, quien recibe comentarios negativos respecto a la participación política de su mujer, pero la confianza que le tiene le permite realizar actividades como trasladarse a Morelia a presentar el documental, cosa impensable en otros contextos familiares de la misma comunidad donde aún pesa el patriarcado y los actos de machismo llegan a opacar la construcción de autonomía.

“Las mujeres tenemos la capacidad para hacer trabajo en puestos de gobierno, incluso en trabajos rudos hemos demostrado tener capacidad de resolver problemas. Escuchen a las mujeres, den espacios para que puedan ser atendidas. Muchas veces nos callamos por pena o por miedo, dentro del gobierno debe haber mujeres, para que podamos entendernos y las mujeres que son autoridad puedan apoyar a las demás mujeres. Para eso necesitamos que los hombres también nos apoyen para tener esos espacios”.

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