Materia oscura: Victorio Ferri cuenta un cuento

Sergio Pitol                                                                                        para Carlos Monsiváis Sé que me llamo Victorio. Sé que creen que estoy loco (versión cuya insensatez a veces me enfurece, otras tan solo me divierte). Sé que soy diferente a los demás, pero también mi padre, mi hermana, mi primo José y hasta Jesusa, son distintos, y a nadie se le ocurre pensar que están locos; cosas peores se dicen de ellos. Sé que en nada nos parecemos al resto de la gente y que tampoco entre nosotros existe la menor semejanza. He oído comentar que…

Materia oscura: La muchedumbre de la que estamos hechos

Roberto Maldonado Espejo —¿A dónde va, Vito? —Al mundo, Palomita, al mundo —contestaba mi tío sin más explicación. El mundo era el lugar de las sorpresas, el espacio que ponía a prueba a los mayores, donde se tenían que enfrentar las esperanzas y las vicisitudes, ahí se demostraban los mecanismos adquiridos en lo vivido. Y esto es la pálida interpretación de aquella sensación de mi infancia. El mundo como futuro y el anochecer como promesa de lo que acaece en la oscuridad… Recuerdo con exactitud el momento en que perdí…

Materia oscura: El cuentista

Saki Era una tarde calurosa y el vagón del tren también estaba caliente; la siguiente parada, Templecombe, estaba casi a una hora de distancia. Los ocupantes del vagón eran una niña pequeña, otra niña aún más pequeña y un niño también pequeño. Una tía, que pertenecía a los niños, ocupaba un asiento de la esquina; el otro asiento de la esquina, del lado opuesto, estaba ocupado por un hombre soltero que era un extraño ante aquella fiesta, pero las niñas pequeñas y el niño pequeño ocupaban, enfáticamente, el compartimiento. Tanto…

Materia oscura: El día que fuimos perros

Elena Garro El día que fuimos perros no fue un día cualquiera, aunque empezó como todos los días. Despertamos a las seis de la mañana y supimos que era un día con dos días adentro. Echada boca arriba, Eva abrió los ojos y, sin cambiar de postura, miró a un día y miró al otro. Hacía ya rato que yo los había abierto y que, para no ver la inmensidad de la casa vacía, la miraba a ella. ¿Por qué no nos habíamos ido a México? Todavía no lo sé.…

Materia oscura: Los Mnemagogos

Primo Levi El  doctor  Morandi  (todavía  no  se  había  acostumbrado  a  que  le  llamaran  doctor) acababa de bajar del coche de línea con la intención de conservar el incógnito por lo menos durante dos días, pero enseguida se dio cuenta de que no lo iba a lograr. La dueña del café Alpino, sin duda por falta de curiosidad o de agudeza, le había dispensado  una  acogida  neutra.  Pero  a  través  de  la  sonrisa  atenta,  maternal  y  al mismo  tiempo  levemente  burlona  de  la  estanquera  había  notado  que  ya  era,  sin…

Materia oscura: La oportunidad de su vida

Larry Eisenberg Me encontraba sentado en un estrecho cubículo que me servía de despacho en el laboratorio, con mis rodillas apretadas bajo el escritorio. La oficina de mi padre era amplia y tenía una gruesa moqueta que iba de pared a pared; estaba cubierta, desde el suelo hasta el techo, por estantes llenos de libros. Pero claro, mi padre era un premio Nobel. Apreté los dientes. Hacía veinte años yo había sido un promisorio posgraduado. Me había unido al laboratorio de mi padre como investigador asociado con grandes esperanzas de…

Materia oscura: Luz de otros días

Bob Shaw Abandonamos el pueblo, y enfilamos las empinadas cuestas de la carretera que conducían hacia el país del cristal lento. Nunca había visto aquellos grandes caserones y, al primer momento, los encontré un poco insólitos, un efecto que acentuaban aún más mi imaginación y las circunstancias. La turbina del coche giraba suave y silenciosamente en el aire saturado de humedad, hasta tal punto que nos parecía estar siguiendo las curvas de la carretera en alas de una paz sobrenatural. A la derecha, la montaña se abría a un valle…

Materia oscura: La máquina de cazar

Carol Emshwiller Sintió el rápido latir del corazón de Ruthie McAlister, del mismo modo en que sentía  los  latidos  de  cualquier  otro  animal.  Las  palmas  de  sus  manos  estaban húmedas, cosa que percibía al igual que su aliento, y escuchaba su risita nerviosa. Ruthie estaba observando a su marido, Joe, mientras éste se inclinaba sobre la unidad de control del aparato que sentía los latidos del corazón: la cosa gris verdosa a la que llamaban perro, o Rover, o a veces incluso sabueso. —¡Eh! —dijo ella—. Supongo que quedará bien,…

Materia oscura: Pista 12

J. G. Ballard —Adivine otra vez —dijo Sheringham. Maxted se apretó los auriculares, colocados cuidadosamente sobre las orejas. Se concentró, y cuando el disco empezó a girar trató de percibir algún eco identificativo. El sonido era un ruido metálico rápido, como limaduras de hierro cayendo por un embudo. Duró diez segundos, se repitió una docena de veces, y luego terminó abruptamente con una serie de sonidos intermitentes. —¿Y bien? —preguntó Sheringham—. ¿Qué es? Maxted se quitó los auriculares y se frotó una oreja. Llevaba horas escuchando discos y tenía las…

Materia oscura: Para cuando llegue a Fénix

Thomas N. Scortia Trató de convencerse de que el tiempo no existía, pero el desierto de Arizona generaba  tiempo  exclusivamente  para  él:  rápidas  estaciones  encendidas  por  una brusca inundación, anchas cataratas de flores que en un día se marchitan y derraman sus  semillas  sobre  las  pálidas  arenas,  truenos  distantes,  el  frenético  rumor  de  los escorpiones que se acoplan, el perezoso arrastre de una serpiente de cascabel. Cada una de estas cosas le recordaba el tiempo a pesar de sus protestas; sin embargo, los ignoraba,  existía  como  en  una  suspensión  intemporal …