25 Instantáneas de Lorena Sanmillán o Para rodearte de besos, quisiera ser el viento19 min de lectura

Héctor Alvarado Díaz

1.  ¿Apuestas por el anonimato o por la fama?

Soy un narciso en eterna búsqueda de espejo. Amo los reflectores, vivo en romance con los micrófonos. No nací para ser ignorada, aunque de tiempo en tiempo puedo sentirme muy cómoda en el anonimato. Soy una tímida megalómana con modesta soberbia. Día a día cultivo mi pasión y quiero llegar a ser tan famosa que Madonna tenga mis libros en su mesita de noche y, puesta a cumplir anhelos: que cuando venga a México pida conocerme. 

2.  ¿Monterrey es un personaje?

Sí. Siempre. Es la escenografía, el escenario y el coprotagonista de la vida de los regiomontanos y por lo tanto de mi existencia. Es un personaje que día a día nos muestra otro aspecto de su complejidad. Con 424 años de historia en su alma, suele despertarse muy temprano y de buen humor con el sol brillantísimo en el cenit, o bien, abrirá los ojos de malas y ofrecerá un día nublado. Si lo haces enojar, arrojará sobre ti el vómito ígneo de un dragón o el hielo que destierre tus ganas de conocer Siberia. Su más brillante travesura es jugar con los extremos del termómetro, a veces en el lapso de unas cuantas horas. Sin importar el semblante que tenga, siempre irá a trabajar. No sabe estar quieto. Inventa un nuevo negocio, cumple sus compromisos, construye una joya más para su caja del tesoro, huele a azahares y a fábricas, destruye su pasado, hace torneos deportivos, eventos sociales, tiene universidades con diversas filosofías. Dicotómico:  no sabe usar las direccionales de sus múltiples coches y al mismo tiempo es un escaparate de cultura. En su Macroplaza se desnuda y nos regala un Museo de Arquitectura al aire libre en el que es posible leer su historia, su progreso, su exclusión; una Calzada de los Muertos contemporánea que enlaza el Palacio de Gobierno y el Palacio Municipal aderezada por el barroco en su Catedral, lo internacional funcionalista en el Condominio Acero, lo colonial en el Antiguo Palacio Municipal, lo contemporáneo de Marco, lo bohemio del Barrio Antiguo. Contradictorio, etéreo, abstracto, miserable, inenarrable, entrañable. Está lleno de poesía, y gracias a Alfonso Reyes, el sol con sueño sigue a todos los niños que lo habitan. Sabe cocinar y le gusta el eclecticismo. Puede brindarte un pandelote de 20 pesos o una comida gourmet por una fortuna. Intenso en sus sabores y vigilante de sus tradiciones judías: el cabrito y el machacado están dentro de sus platillos icónicos. Aunque tiene fama de ser rácana lo cierto es que encontrarás su escudo junto a la palabra generosidad. Le gustan los eventos sociales, sabe vivir las grandes pasiones. Se colapsa con el futbol y apoya a los Sultanes. Se enamora hasta el tuétano y su boda será en el Ancira, trasnochará en El Jardín y sin dormir irá por el menudo o la barbacoa. Después de almorzar machacado, los domingos subirá a Chipinque, al bajar irá a la iglesia, comerá con la familia, visitará los centros comerciales; por la tarde preparará una carne asada mientras canta con sus amigos “Mi tesoro” o se deleita con un huapango, y brindará con cerveza Carta Blanca.  Sin importar el desvelo, al día siguiente irá a trabajar, uniformado y puntual. Sus montañas son la cuna preferida de la Luna y el escaparate de su arcoíris. Es el personaje que decidió incluir en su historia mi nacimiento en La Conchita y cuidará mi eternidad en el Cerro de la Silla. Me ha abrazado y abrasado; testigo de mis mejores orgasmos y mis más dramáticos llantos. ¿Que el clima de Monterrey es inclemente? Dímelo a mí, menopáusica en canícula. Y sigo amándolo.

3.  ¿Qué te anima y qué te desinfla?

La conciencia de  mí misma, mis incesantes diálogos internos. Soy lo mejor que puede sucederme y lo peor que puede pasarme. Soy mi paroxismo y mi debacle. Necesito el perenne contacto conmigo misma para no perderme en el laberinto de mi hipersensibilidad. Me anima la idea de trascender, el amor, la belleza, el arte, las palabras; me desinfla la indiferencia, la falta de empatía, la crueldad, la ineficiencia.

4.  ¿Cómo te llevas con la fauna literaria?

Con la fauna literaria no me llevo. Con los escritores comprometidos con la literatura tengo lazos entrañables: son fundamentales en mi vida.

5. ¿Políticamente correcta?

No. Imposible antes, imposibilísimo ahora, que caminamos sobre un pavimento hecho de cascarón de huevo, campo minado de cascabeles que molestan incluso a quien padece hipoacusia. Es una paradoja interesante: mientras parece que estamos más metidos en nosotros mismos de pronto alguien se siente ofendido por algo que alguien le dijo que dijo alguien más en el otro extremo del mundo. Parece que estamos muy dispuestos a cazar agravios en vez de cimentar  y disfrutar lo inmediato que nos rodea. Es un trabajo difícil el comprender y respetar que cada quien es libre de invertir su tiempo como le parezca oportuno. Puedo intentarlo siempre y cuando siga siendo fiel a mí misma. A veces me decanto por el silencio, que, vaya ociosidad, también ofende.

6. ¿Te han/has censurado?

Nunca me han censurado. Algunos de mis textos han sido rechazados por no cumplir el objetivo literario que se requería. En ocasiones me autocensuro en algunas opiniones sólo y simplemente para conservar mi paz. Mis textos nacen libres, y así les gusta vivir.

7. Cinco poetas vitales en tu formación.

Antes de aprender a leer llegó Federico García Lorca a mis oídos, a mi corazón, y se instaló en el santuario de mi alma. En mi casa natal teníamos un radio de onda corta y escuchábamos la Radio Exterior de España. Había un programa dedicado a la poesía. Un día, además de la lectura de poemas, pusieron música y escuché por primera vez La leyenda del tiempo, en la voz del Camarón de la Isla. Que hubiera un camarón que cantase ya me resultaba lo más fantástico del mundo, que además la canción dijera que El sueño va sobre el tiempo / flotando como un velero. / Nadie puede abrir semilla / en el corazón del sueño. / El tiempo va sobre el sueño / hundido hasta los cabellos. / Ayer y mañana comen / oscuras flores de duelo / ….  resultó ser una de las cosas más extraordinarias que escuché ese verano; la cantaba todo el tiempo, prisionera de sus imágenes. En la primaria lo leía de tarde en tarde Y yo que me la llevé al río / creyendo que era mozuela o En el aire conmovido / mueve la luna sus brazos / y enseña, lúbrica y pura / sus senos de duro estaño / Huye luna, luna, luna, / si vinieran los gitanos, / harían con tu corazón / collares y anillos blancos… compartimos el amor, la devoción, la fascinación por la Luna. Sigue siendo incomprensible la noticia de su desaparición. Lorca, con su corazón generoso, venía acompañado de Antonio Machado, a quien también escuché en la voz de Serrat. Caminante no hay camino, se hace camino al andar o bien ¿Quién me presta una escalera, para subir al madero a desclavarle los clavos a Jesús, el nazareno? Adoré su profunda nostalgia y la forma que tenía de compartir sus recuerdos, sus detalles, la sutileza al expresar el gran amor que sentía por su esposa. Lo leía y sentía que platicaba con un amigo de exquisita sensibilidad. Comparto uno de mis poemas favoritos:

Soñé que tú me llevabas
Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.

Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.

¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!…

Vive, esperanza ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

Los libros de Lorca y Machado son los más desgastados de la colección Seix Barral que semana a semana compraron mis hermanos. Sus letras eran el refugio al que quería volver cada noche. Ambos libros fueron muchas veces mis almohadas. Nací en 1973, el mismo año que Neruda murió y la coincidencia temporal me llevó a leerlo. Conocí otra forma de escritura: catorce líneas bastaban para reinventar el universo. Cuando empecé a escribir, transcribí sus sonetos en una libreta que atesoro. Con ellos tres se despertó mi imaginación para vivirla en un insomnio fértil, creativo, de ensueño. Amé sus palabras: eran mis bloques de Lego.

En la secundaria me inscribí en la poesía coral y uno de los poemas que montamos fue “Hay que inventar de nuevo las palabras” de la poeta regiomontana Bertha Alicia Cantú. Fui solista y me tocaba el primer verso “Hay que inventar de nuevo las palabras, para hacerlas certeras / porque no existe medio en el lenguaje, al emplear un vocablo o una frase, de poder expresar un sentimiento / que rebasa la esencia del idioma; porque ya el verbo amar no es suficiente, y los nombres: ventura, dicha, gozo, son escasos indicios de la fuerza / que en sus letras raquíticas se asoma.” Este poema ha sido determinante en mi vida, pues gracias a Bertha Alicia descubrí el hilo negro, tuve una epifanía: la poesía no se hacía sólo allá en otros países, lejos, del otro lado del mar: supe que también se podía hacer en Monterrey y eso me abrió un mundo que sigo explorando con la compañía exquisita de quienes nos han precedido en este camino de las letras.

Plenitud, de Amado Nervo, fue el primer libro de poesía que me regalaron y entonces pude leer lo que antes sólo escuchaba en Radio Recuerdo, donde programaban a Manuel Bernal leyendo La amada inmóvil. Pude tener en las manos un tesoro que llevaba a todas partes, leerlo a cualquier hora y no tenía que esperar hasta que lo pasaran en la radio. Era llena de gracia, como el Ave María, quien la vio no la pudo olvidar…

8. Platillo favorito.

Vendo mi últimagenitura por un plato de lentejas. Las lentejas tienen algún recuerdo muy profundo y trascendente que no alcanzo a vislumbrar con la conciencia. A nivel sensorial, nunca siento algo igual cuando como otra cosa. Aunque no sigo a pie juntillas la receta de mi madre, sus sabores me transportan a un momento perdido en el tiempo. A pesar de ser muy baratas, en casa no se preparaban mucho porque son muy pequeñas y era difícil limpiarlas; con once hijos por atender, lo mejor era ahorrarse trabajos en la cocina.

Quizá fue lo único que comí ese día. Quizá eran vacaciones. Quizá Manuela -mi madre- estaba contenta. Quizá al ofrecerme una cucharada me dio también un poco de ternura. Quizá inauguré un sabor. Quizá me cumplieron un antojo. Quizá me sentí amada. Quizá estrenamos platos. Quizá sólo se trata de que cambiamos por un día el sabor de los frijoles. Quizá nos las trajeron de regalo. Quizá alguno de mis hermanos me cedió su porción. Quizá estábamos de visita en casa de mi tía. Quizá me sirvieron primero que a los demás y me sentí importante. Quizá mi abuela las preparaba riquísimas. Quizá es la rebeldía de saber que al comerlas hacíamos una travesura probando un platillo tan denostado por ser moneda de cambio para una primogenitura. Quizá sólo es uno de los guiños que tiene mi gula.

No sé qué haya detrás, pero siempre revive esa sensación en cada cucharada. Me siento sibarita al disfrutarlas. Lloro de felicidad comiendo un humilde plato de lentejas preparadas por mí. Es una de mis formas de demostrar amor.

9. ¿Tienes malos ratos?

Sí, muchos, menos de los que recuerdo y más de los que puedo digerir. Mis emociones marcan el ritmo de mis sístoles y diástoles. Antes los aborrecía. Ahora los recibo con esperanza y serenidad, pues sé que tienen una lección para mí, que hay algo detrás. Son tragos de aire que tienen peor sabor que las Sales de Epsom de los cuales el paso del tiempo permite decantar el almíbar. Viví una sucesión interminable de malos ratos cuando pretendí aprender a nadar. Transité por el infierno azul de esa alberca que me enfrentó a mi total vulnerabilidad. Lloré incontables lágrimas de fracaso arrostrando mi orgullo y soberbia hasta conocer el rostro de la humildad. Tuve que hacer mucho trabajo interior para superarlo. Al paso del tiempo, llegó la recompensa: el mal rato del pasado vino a sonreír conmigo mientras nadé con una sirena de silueta deslumbrante.

10. ¿Le entras a los debates?

A los debates sí; son una gran forma de aprendizaje y es delicioso observar la esgrima mental de dos argumentos confrontándose y de los cuales se obtienen dos mejores tesis después de haberse complementado mutuamente. Deploro las discusiones inútiles conformadas por soliloquios simultáneos.

11. Una palabra para las siguientes palabras:

Amanecer:  Trinos

Paria: Creatividad

Brisa: Cerveza

Droga: Yo

Candil: París

12. ¿Te ha tocado el huracán?

Sí, tanto en la vida real como en la vida emocional. Del huracán Gilberto tengo un recuerdo muy presente. Habían comenzado los Juegos Olímpicos de Seúl 1988 y estaba emocionada por ello; mis hermanos y yo nos habíamos desvelado, pretendía dormir hasta tarde, levantarme a seguir viendo las competencias, pero esa mañana me despertó el intenso repiqueteo de la lluvia en las láminas de mi casa, me asomé a verla caer por las rendijas del tejabán: el framboyan recién nacido que había plantado mi vecino se balanceaba indefenso formando un abanico completo, emulaba los limpiabrisas de los coches en un ángulo de 180 grados, se comía la banqueta a besos en el extremo izquierdo y derecho. Supe que estaba pasando algo inédito. Al intentar levantarme mis pies recibieron un bautizo de lodo. Pasamos esa mañana en la tarea olímpica de rescatar nuestra casa de la inundación.

El huracán Alex trajo consigo una lección de vida que aún me estremece. Me contrataron para hacer el desasolve de una casa en Santa Rosa. Conforme me acercaba al sitio, todo era destrucción: había una camioneta Lobo en la copa de un árbol, la barda de la escuela se había caído y la cimentación quedó expuesta.  La señora que me habló dijo que había lodo a una altura de metro y medio; pensé que exageraba, que no tenía idea de las medidas. Cuando llegué ahí comprobé que estaba en lo cierto. El refrigerador -enorme- estaba en la sala, parecía el mobiliario de una casa de muñecas guardado al descuido por un infante que tenía mucha prisa. Todo era desolación, era un desastre. No sabía ni por dónde comenzar. Lo más impresionante para mí fue cuando mi cuadrilla comenzó a sacar las pertenencias de las recámaras. Muchas cosas aún estaban en su empaque, sin estrenar, e irían directo a la basura, imposibles de rescatar. Todas esas cosas guardadas para una ocasión especial -perfumes, ropa, vasos, menaje de casa, libros- las había estropeado la lluvia. A partir de ese día decidí usar mis zapatos, mascadas, plumas, libretas, libros, perfumes, así vaya sólo al gimnasio por las mañanas. Cada día es una ocasión especial.

13. ¿Partes de una palabra, una imagen, una idea?

Parto siempre de un sentimiento que puede expresarse por medio de una palabra que me ayude a construir una imagen y plasmar mis ideas. El componente emocional está presente en todos mis textos. Hay algo dentro de mí que necesito decir, compartir, eternizar, y las palabras son mi vehículo de expresión.

14. ¿La obra mejora con la edad?

Sí, si quien la hace mejora. La obra refleja siempre el interior del artista. No existe manifestación artística desligada de su contexto espiritual.

15. ¿Amiguera?

El ritmo de mis emociones es muy violento y radical: pocas personas le cogen el gusto y son capaces de seguir mi cadencia. Amarás o aborrecerás mis obsesiones: eso determinará el curso de nuestra relación. Soy pendular. Tengo muchos conocidos, puedo hacer amigos con facilidad.  Peco de selectiva para mis afectos esenciales. Me gusta tener cerca de mí personas a las que respeto, admiro y amo. Protejo mucho mi intimidad y sólo acceden a ella invitados especiales. Suelo ser absolutamente generosa y genuina con mis afectos.

16. ¿Inventas mucho?

Toda yo soy un invento. Soy mi creación irrepetible,  mi propia obra de arte. Segundo a segundo escribo el guion que determina mi paso por la realidad. Acepto las vueltas de tuerca que se presentan en mi existencia.

17. Si pudieras ser otra, serías…

No me cambio por nadie, lo que quiero ser lo soy. A veces me gustaría, quizá por masoquismo, por curiosidad inútil, por morbo, por divertimento, darme la vuelta por esa decisión que no tomé, ver el lado B de esta vida, saber qué pasó en otro plano existencial en el brazo izquierdo de la Y cuando yo tomé el derecho.

18. Cinco bandas de tu alma.

La Banda Macho es la primera que viene a mi recuerdo, pero no es de mi alma, es una asociación libre,  gratuita, boba,  que brota apenas leo o escucho la palabra banda. Debo reconocer que de ellos me gusta mucho la canción “La noche que murió Chicago”; no sé por qué tiene una carga inexplicable de nostalgia. Sólo recuerdo esa canción. En definitiva soy más de solistas. There is only one Queen and that’s Madonna!, la quintaesencia del pop, irrepetible, única, insustituible, imprescindible, divina, eterna.

Tuve que recurrir al diccionario para ver si en la definición de banda podía entrar Mecano y el concepto es tan elástico que sí cabe. Mecano fue el soundtrack de mi primer amor. La canción “Un año más” es infaltable en mi cierre de año desde 1988. Imperdible su canción de Eungenio Salvador Dalí, junto a Me cuesta tanto olvidarte, No es serio este cementerio, Busco algo barato, El mapa de tu corazón, Tú, El mundo futuro, Aire, El amante del fuego. Mecano me ha regalado el privilegio de una tarde inolvidable e increíble cantando en el karaoke. Es delicioso su manejo del lenguaje, las imágenes, las metáforas, musicalización, armonía y por supuesto, la voz de Ana Torroja. Incendiarios, transgresores, propositivos, creativos, vanguardistas. Escucharlos es unirme a un viaje donde me reencuentro conmigo y descubro algo más de mí.

Algún tiempo estuve enamorada de Bono y aún es fecha que no resisto el impulso de acompañarlo al cantar Pride o With or without you. Police acompañó mi adolescencia con Every little thing she does is magic, Every breath you take, Message in a bottle.  En mi recuento también entran las Go-Go’s, primera banda pop formada exclusivamente por mujeres, quienes cimbraron mis pies y bailé al ritmo de Head over heels junto a Belinda, Jane, Charlotte, Margot y Elissa. Y, por supuesto, en este recuento es infaltable Anatema, la banda de heavy metal que en los años noventa fundó mi hermano Moisés y que tuvo su debut en la extinta Feria de Monterrey frente a una hermana emocionada hasta las pestañas.

19. ¿Perdonas fácil o te cuesta?

Perdono fácil a los demás, en mi equipaje diario descarto los rencores. Me cuesta trabajo perdonarme a mí misma. Es un proceso personal intenso.

20. ¿Cómo te cae El Bronco?

Mal. Es una profunda y total decepción.

21. ¿Café o té?

Ambos. En mi infancia me despertaba el olor del café de olla que preparaba mi madre y era parte medular de mi desayuno. De cuando en cuando disfruto tomar un café conmigo misma. Creo que nunca he probado la Camellia sinensis en su estado puro; prefiero las tisanas, especialmente la de flor de jamaica y la de jengibre con eucalipto macho.

22. ¿Regresas los libros que te prestan?

Casi nunca pido libros prestados y es casi imposible que preste los míos. Dándose el caso, sí los devuelvo, porque comprendo el valor que tienen en las bibliotecas personales.

23. ¿Tienes una musa preferida?

¡Sí! Calíope. Presencia de luz que con toda majestad, pasión, complicidad y paciencia se recuesta a un lado mío mientras escojo las palabras que describan el milagro de coincidir en esta vida con quien comparto los verbos más profundos que me gusta conjugar en la primera persona del plural. Viene a mi rescate, traduce mis suspiros, tranquiliza mi taquicardia cuando el amor no me cabe en el cuerpo y necesito decirle que ella nació porque este mundo necesitaba un nombre para la belleza.

24. ¿Se te ha caído alguna obra?

No. Ni en la arquitectura ni en la literatura. He pausado proyectos en ambos campos.

25. ¿Qué estás escribiendo ahora?

Esta entrevista y tres proyectos:

a) Viñetas de mi madre, donde rescato sus momentos de lucidez ahora que su mente es un vaivén de pensamientos recurrentes y recuerdos de su infancia.

b) Con pasos de hormiga novata camino sobre las huellas gigantes de Margo Glantz y Perec con mi propio Me acuerdo.

c) Mi diario personal combinado con un diario de lectura donde consigno impresiones sobre las cosas que leo y lo que sucede en mi vida.


Lorena Sanmillán (Monterrey, 1973).

Arquitecta. Narradora, tallerista y promotora cultural. Diplomada en Creación Literaria por el INBAL. Maestría en Psicoterapia Gestalt. Forma parte del Consejo Editorial de la revista Papeles de la Mancuspia y coordina Ediciones Especiales en la misma.

Fue becaria del Centro de Escritores de Nuevo León. Su poemario Retales de mi vida obtuvo el Accésit y Mención Especial del Jurado por la Revista Katharsis de Madrid (2008). Primer lugar en el II Concurso de Crónica y Relatos de la CEENL (2019). Ha obtenido diversos premios de minicuento, cuento y crónica.

Imparte talleres de Escritura Creativa, Escritura Curativa y Autobiografía.

https://lorenasanmillan.wordpress.com/

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