Crónica de un Mastuerzo anunciado7 min de lectura

(17 de Junio, 2019)

Caliche Caroma

A finales de los noventas comencé a escuchar a Paco Barrios El Mastuerzo, supe de él y de la legendaria banda Botellita de Jerez por recomendación de algunos amigos rockero-pachecos que influyeron en estas ruinas que lees. Pero fue hasta el 2007 (la memoria es una trampa mortal) cuando lo conocí en persona. Ulises Vaca, un compa en común con el “Más-Terso”, invitóme al evento prozapatista en el que participaría el tuleño, el Paco es de Tula, Hidalgo, la tierra del Santo. Echamos palomazo y hasta unas luchitas nos aventamos, desde la tercera cuerda en esa noche en Morelia (acá Morguelia).

Pasaron los años y el 18 de junio de 2011 regresó El Mastuerzo, aceptó la invitación para venir a tocar a la capirucha del ate, otra vez arroz, pero no venía solo, esta vez cayó con Los Jijos del Maíz (Iker Moranchel, Gustavo Franco y Josué Vergara). La tocada tuvo lugar en el Limbo, antro que se caracteriza por estafar a músicos locales y foráneos. Lo más chicho de esta visita fue la improvisación que se armó en la azotea del desaparecido Eat, calle Allende #590, Centro Histriónico. Sonó la salsa y cumbia con Alex García y Jorge Pointelin, el buen cotorreo con los Jijos y El Más-Denso, hay video de Paco Barrios rumbeando: https://www.youtube.com/watch?v=8ClPR_ZL0uI

Los años han bailado las calmadas y hemos coincidido dos que tres veces, y no sólo en Michoangastán. Un día me lo encontré caminando muy orondo por el Centro de Querétaro, trabajaba yo en una librería en el centro fresa de Queretarrock. Lo reconocí a lo lejos, cómo no, nos abrazamos, besitos, ¿qué transita por tus venas, mi Mastuerzo?, y nos fuimos a fumar un buen churro en medio de un montón de libros, no hubo incendio, quizá era 2013, he perdido el calendario. Sencillo, el “Más-Cuero” siempre tiene una sonrisa para quien lo saluda en la calle, ¿quién no reconocería a este ruco locochón, pantalones de mezclilla, tipo glam, o sea, pegaditos, con un rebozo en la cabeza y nariz de cacahuate?

En 2014 lo invitamos para participar en la Librósfera, encuentro pseudo literario que se insertaba en la fiebre de organizar festivalitos como alternativa en el arte de hacerla de jamón. Esta tocada del Baco Agrios El Lepidium sativum, dícese Mastuerzo, coincidió con la muerte de Josué alias Oken Fuss, alias El Chino, alias El Todasmías, un cuate mío que tomó demasiada agua de mar.

Josué murió el nueve de diciembre, la tocada de Paco Barrios fue el once. Recuerdo que le dedicó “Prohibido” al recién ahogado en las playas de Coahuayana, la rola comenzó: «Aquí estoy detrás de mi nariz / bohemio renegado, sin destino / disidente como un equívoco un error / un loco un transgresor un mal parido / con los puños apretados / con la cara endurecida / y este amargo en la saliva». Al escuchar el principio de esta canción, en el segundo piso del Cactux, me solté a llorar como nunca lo había hecho en mi asquerosa existencia, era un llanto cascada, hasta sollocé y me comí los mocos varias veces, ¡no mames, pinche Josué, te pasaste de lanza!

Pero no todo ha sido tristeza. En 2018 compartimos escenario con El Mastuerzo y Los Jijos del Maíz, ahora tocando con Sonaxa, grupoide dizque sonero, el motivo era apoyar al Concejo Indígena de Gobierno y a su vocera Marichuy. El 14 de enero en Cactux aventamos ruido, humo y las pertinentes chelas, domingo político en el que algunos locos hablaron de sueños políticos y posibilidades de cambio, es decir, pachequez.

Regresó Paco Barrios el 20 de marzo de 2018 a Michoacán de los hervores, ahora para tocar/presentar el libro Morguelia, que escribí en un malviaje de coca y pegamento cinco mil. La onda culturalosa fue en el teatro Ocampo. Antes de empezar a tocar se le reventaron unas cuerdas de su guitarra de guerra, aun así, el Más-Cuero le tupió duro a la canción de autor y salió victorioso de incidente en la morisqueta. Al terminar, fuimos a la bodega chaca de la compañía teatral Foro 4. Hubo palomazos hasta altas horas de la madrugada, chairos y fifís tomaron mezcal del barato. Al otro día comimos en el Mechuacan, fonda atendida por filósofos, después le caímos a Prados Mueres para un último jalón de greñas a la tarde que se acababa como la chora que mancha los dedos y los deja apestosos.

Y la historia sigue. El Mastuerzo regresó a Morguelia el cinco de julio de 2019 para festejar el primer aniversario de la librería La inundación, orgía en Paseo del Roble #412, colonia Prados Mueres. La cotorreada incluyó a los Foro’s 4 y la ya citada Sonaxa. Unas semanas después tiró rolas en un encuentro de maestros bolcheviques, uno de ellos se la hizo de jamón y casi se matan a golpes. Exagero, sólo discutieron un poco por el humo del cigarrillo y la ontología de Santo Tomás.

También en 2019, pero en noviembre, prestó su casa en Coyoacán, tiró paro con su azotea. Tuvimos una pequeña gira con los soneros en el chilango, nos acompañó al Multiforo Alicia, nos invitó de comer, echamos chelas y nos platicó de su última grabación que tenía mucha influencia del esquizoanálisis. Pasamos una semana, menos que más, en su cantón, para mí significó un gesto de sincera amistad, lo más hermoso es que dejó unas colas de sativa en el comedor, «para que no pasen frío», dijo.

Si me muero antes que él, díganle que olvidé mi sudadera en su casa. Me quedo con sus palabras, con sus canciones y con esta amistad de un vato a toda madre: “Ésa es mi propuesta: llegar al barrio, al pueblo; hay mucha que me ubica como cantante de protesta, pero yo soy cantante del amor, como los de la antigüedad. Le canto al barrio y a la vida; quiero que la vida me quiera, y me hace muy feliz nuevamente ser cómplice de Caliche en esta parte, en esta faceta de su vida creativa más allá de su musicalidad percusiva”.

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