Uruapan, el arte contra la violencia9 min de lectura

Caliche Caroma

La violencia provocada por la delincuencia organizada en Uruapan desgraciadamente se ha vuelto incontrolable, hoy es el municipio más violento de Michoacán junto con Zamora, Sahuayo y Apatzingán. Apenas comienza el segundo mes del año y los asesinatos, secuestros, extorsiones y robos en la Perla del Cupatitzio ya son noticia internacional. La incompetencia de las autoridades es proporcional a su silencio, los tres niveles de gobierno se han caracterizado por hacer nada.

Pero no todo está perdido, a varios artistas uruapenses (o radicados en este municipio) se les cuestionó sobre la terrible situación que atraviesa su comunidad, la pregunta: ¿Qué haces tú desde el arte para hacerle frente a la violencia que se vive en Uruapan? Éstas son sus respuestas, un poquito de esperanza en el frío invierno de la impunidad, ¿el arte es el arma?   

Laura Trotes, canta cuentos, guitarrista y compositora, considera que las acciones más contundentes deben concentrarse en el sector más vulnerable, los niños: “El proyecto que traigo de música infantil precisamente surgió porque habíamos muchos artistas enfocados a los adultos; una forma de hacer frente a distintas cuestiones sociales que están afectando al entorno es a través del arte, es mi forma, porque podría decir que me convierto en revolucionaria, pero no. Desgraciadamente, me he enfrentado a realidades muy tristes. A muchos papás no les importa lo que oyen sus hijos, el hecho de que un niño esté escuchando canciones que hablen de violencia, sexo y drogas les limita su desarrollo, les están cortando las alas desde la infancia. En Uruapan están haciendo muchos festivales por la paz, pero qué tanto funcionan. A mí me preocupa mucho el verdadero impacto que tienen estos festivales, creo que no están funcionando, porque los sicarios no van a ir a sensibilizarse con estos festivales. Mi manera muy personal, y la única que considero puede funcionar, es trabajar con los niños”.

José Luis Gutiérrez Peña, poeta, pintor y maestro de larga trayectoria que es mejor conocido como Lugupe, opina lo siguiente: “Estamos un grupo de escritores realizando recitales de poesías y narraciones relacionadas al tema de la violencia, como ejemplo está mi poema El Narcopoema, Uruapani, Violento Aguacate (Te extraño Uruapan mío / Tan tranquilo antes y soberbio / ¿Qué demonio te atropelló? / Te cambió de paraíso a infierno), etcétera.  El Poeta Uriel también está moviéndose con sus Poemantas en diferentes lugares alrededor del municipio”.

Yunuén Bautista toca la jarana, guitarra, vihuela  y otros instrumentos de cuerda, además canta y da clases a los niños uruapenses, esto es lo que ella está haciendo en una época de rojos amaneceres: “Desde la docencia del arte, creo que brindamos al alumno la seguridad de que existen alternativas, actividades por medio de las cuales ellos pueden, además de aprender, desarrollar esa sensibilidad ante las cosas que suceden de una manera positiva, buscando opciones de mejora en su vida y su quehacer artístico. El arte crea niños y jóvenes sensibles y también es un medio para que ellos expresen su sentir y pensar”.

David Vargas es de Uruapan, pero viaja continuamente a Morelia porque en la capital está el ambiente del jazz más desarrollado, con más movimiento, género musical que le apasiona; toca la guitarra y da clases: “Lo que yo podría considerar que hago desde la perspectiva del arte, y con las posibilidades que un ciudadano de a pie tiene, es mostrarle a mis alumnos que existe la posibilidad de dedicarse a este oficio de manera honesta y que se pueden lograr cosas buenas a través de la disciplina, del estudio y del trabajo duro, y les expongo diferentes géneros musicales, los cuales creo les pueden interesar, aparte de lo que escuchamos todos los días en la vida cotidiana. Pero aún con todo esto, que es muy poco, yo considero que si la educación que les están dando a los jóvenes en su propia casa, y en su entorno, los acerca cada vez más a la violencia, y más en específico al narcotráfico, es muy poco el impacto que puedan generar sus maestros”.

Ficticio, poeta, narrador y performancero que vive en Uruapan bajo el pseudónimo de Miguel Ángel Pardo Guía, da su versión de los hechos y, además, habla de sus acciones combativas: “La cabecera municipal (y federal) tuvo acuerdos con los grupos criminales (Viagras) desde que se disolvieron las autodefensas. Llegaron dos grupos más: los CJNG y otros que son de la Familia Michoacana pero ya no se nombran así. En fin, primero fue una batalla entre ellos.

Prosigue Ficticio: “Lo que sucede ahora es que empezaron a extorsionar, cobrar piso y demás, los Viagras (por ejemplo, la balacera que hubo en un lote de venta de carros se debió a que un hijo y su papá se cansaron de pagar cuota y fueron a matar a los tipos). Lo de las maquinitas de ayer (03/02/2020) fue igual por no pagar cuota. La guardia nacional no tiene permiso de intervenir, al menos que le agredan. Pero qué te digo, desde el 2014 ha estado igual, he pasado persecuciones, un secuestro, la madre de mi hijo tuvo que salir del estado por amenaza de muerte, etcétera”.

Ante el caos, Ficticio propone: “Por ahora, desde el arte estoy diseñando la estrategia para darles unas cachetadas a los godínez, universitarios y profesores. Comenzaré a formar desde el PT a un grupo de jóvenes, obviamente el partido político tiene una agenda, pero me darán libertad de acción. Y recién empezaré. Por lo tanto, no estoy en acción directa a hacer algo. Para terminar, hay muchas situaciones que no salen en los diarios, invasiones de grandes propiedades y huertas por parte de los Viagras que no tienen los recursos para repeler al CJNG, así que están usando todos los medios −con apoyo del gobierno− para obtener recursos. La semana pasada hubo una balacera en una huerta que duró horas. Ésta los medios de Uruapan no la cubrieron”.

Lalo Arellano, saxofonista talentoso y fundador del Ensamble de Alientos de Uruapan, expresa su sentir: «Primero que nada, no promover la música que fomenta la violencia y mostrarle a la gente que hay mucha música y no todo son narcocorridos; apenas este domingo hicimos un festival con un colectivo de la ciudad, Uruapan Suena, en el que se busca apoyar la escena local y promover la paz y la sana convivencia. También doy clases de música y siempre trato de sembrar esa semilla para que los muchachos se den cuenta que la música es una herramienta para hacer muchas cosas positivas para sus vidas y las de los demás».

Ana Felina Guerrero cierra estos testimonios que son propuestas que son denuncias, ella, escritora y promotora cultural, también lo ha sufrido de cerca: «Pues llevo tres años ejerciendo trabajos de campo, lo que me permite tener una visión absolutamente realista de las condiciones sociales a las que se enfrenta Uruapan, más allá del confort de una oficina o de lo que llamo idealización de la vulnerabilidad, donde todos los intelectuales creen saber el porqué de los problemas sociales, generando teorías desde el imaginario. Cualquiera puede ser criminal, ya sea por necesidad, por ignorancia o por convicción y es ahí donde el artista interviene, no cacaraqueando versos y rimas en su trinchera, sino en el campo de guerra compartiendo o enseñando lo que sabe. He dado cursos de cultura de la legalidad a través del arte, mediante el teatro, la expresión corporal y verbal buscamos, junto a un grupo de artistas, concientizar a los jóvenes sobre conductas nocivas que han aprendido y normalizad, para reestructurarlas por conductas más propositivas en su entorno».

«A través de la escritura busco sensibilizar al otro, a la vez que libero y expulso todo el dolor que tengo dentro de mí, por los amigos que he perdido a causa de la violencia. Creo que la gente debe aprender a sublimar, a darle valor al conocimiento y no sólo al poseer, y el arte es la puerta, mi padre me lo enseñó, lleva casi 50 años pintando, viene de un pueblo en donde 80% de los habitantes viven de la tala de árboles, y él fue la excepción. Si él me lo enseñó a mí, confío en que yo puedo enseñarlo a otro y así generar redes», las cosas pueden ser de otra manera, así lo cree Ana Felina Guerrero y todos los que aquí se nombran (y los ausentes).

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