A propósito de Los labios del mar, libro de Adrián Ortega Iturriaga7 min de lectura

Caliche Caroma

Asistí como presentador/compartidor de la ópera prima de Adrián Ortega Iturriaga; este encuentro a favor de la literatura sucedió en Liceo Michoacano, en la calle Miguel Silva #55, el mero Centro moreliano, antigua casa llena de recuerdos y cuadros de la época colonial que parecen muy valiosos. La fecha no se olvida, cuatro de octubre del dos mil más diecinueve, comenzó a las cinco de la tarde. En la mesa estuvieron también: Beatriz Donnet y Dorian Arroyo. Adrián es geógrafo, doctorando por la UNAM, amigo de mis amigos, la invitación llegó en un momento de mucha chamba para mí, pero dije va, aunque también pensé “qué tal que no me gusta”, lo bueno es que ocurrió lo contrario. Me sorprendió la cantidad de personas que asistieron a la presentación del libro, unas muy jóvenes, ¡y compraron libros!, sé que no asistieron por los bocadillos o el vino que regalaron, eran auténticos lectores, algo sorprendente en época de memes, sí, la “memeidad” no quita lo lector. En fin, esto fue lo que escribí a apropósito de “Los labios del mar”, ahora lo comparto aquí, en El-artefacto, y no estoy revelando (spoileando dicen los semi-anglos) detalles que el lector debería descubrir por su propia cuenta, sólo comparto mi lectura, creo que de eso se trata, sensibilidades aparte, ojalá lleguen al último renglón. Nota irrelevante: Adrián tiene tatuado en su brazo una alegoría a “La gran ola de Kanagawa”, del Katsushika Hokusai.

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En lugar de preguntar ¿para qué escribir libros?, la otra cuestión, ¿para qué presentarlos? Casi simple, para compartir la lectura con los otros, el jugo de 89 páginas leídas y, por qué no, como ejercicio de comprensión y crítica. Esta novela, “Los labios del mar”, de Adrián Ortega Iturriaga, editorial Camelot América, es la historia de personas, más o menos normales, haciendo cosas sorprendentes; como corresponde a la buena narrativa, los personajes tienen vidas límite, se encuentran asumiendo las consecuencias de sus decisiones. La trama, la presentación de cada uno de los protagonistas y el desarrollo de las acciones están llenas de tensión, porque ésta es hermana de la atención. Tensión y atención, una novela corta, el mar, el amor, la carnalidad, la música. Al parecer, tenemos los elementos necesarios para que aquellos que no han leído Los labios del mar corran a leerla, nada más terminada esta presentación.

Leí una sola vez esta novela, no tuve tiempo para la segunda lectura, pero tampoco se trata de un texto intrincado, más bien es lúdico en la forma como nos cuenta las cosas; así que una lectura pausada, con sus respectivas anotaciones, fue suficiente. Me acompañó, de fondo, mar de fondo, “La Mer” de Claude Debussy. Tomé cuatro vasos de agua en las cinco horas que me entretuve con este libro; agua dulce, sin sal. Antes de leerla, recordé algunos otros libros que se han escrito a propósito del maravilloso océano, la playa, las islas y todo lo que tenga que ver con el mar. Muchos títulos, sin orden cronológico o clasificación por género: El viejo y el mar, de Hemingway; Otra vez el mar, Reinaldo Arenas; Moby Dick, Herman Melville; El faro, Virginia Woolf; La Odisea, Homero; Los trabajadores del mar, Víctor Hugo; El mundo sumergido, J. G. Ballard; La Perla de John Steinbeck y un montón más.

Después de leer Los labios del mar organicé mis anotaciones según los 10 capítulos correspondientes a la obra de Ortega Iturriaga, y aquí se los comparto como olas que se suceden, una a otra, como húmedo vals:

1
Cerciorarse de que el libro sigue ahí, de que el mar sigue ahí. Kwan, Oriental bellísima. Viajar para ver el mar. Kilómetros de espera, pero al fin ahí está, tan arrogante y sublime. Arrojar las cenizas al mar, no para Kwan. Olvidarse del tiempo, lo importante es el mar. Ella llegó al mar, cualquier pretexto es bueno para ver, oler, sentir el mar.

2
Zubizarreta y la narrativa del mar. La voz del océano. Científico o escritor. El erotismo, el abismo de las posibilidades. Lo profundo del deseo y lo inasible del sueño. Historias que cuenta el mar, pero que no se pueden recordar, porque ya las corrientes las han separado del que sueña. El escritor frente la inmensidad, la hoja en blanco, el mar azul. La brisa, susurro del recuerdo.

3
La renta del búngalo. El casero mordaz. Tura la bailarina, niña y mujer, con la que lleva una relación epistolar. El empleado que atiende todos los negocios en la única tienda que existe en Ñur, Quimmik es el nombre de ese empleado. La carta que dará cuenta de las historias del mar. Cuál será, el recolector de basura es el cartero.

4
Kwan y su amor-odio al mar. Suicidarse en el mar, dejarse inundar, ser mar también. Gran cabrón, patriarca el mar.

5
La carta de Tura en donde habla de su destreza, el surf y la danza, lee Zubizarreta. El encuentro de Tura y Kwan. La metamorfosis, porque siempre estamos cambiando; el apretón de manos y el cansancio. El mar lo cura todo, otra vez. Los encuentros frente al océano, las gaviotas están muy solas. ¿Y nosotros?

6
El dueño de los búngalos se llama Papaloukas, es un hombre que no duerme, su mujer lo dejó, exceso de sexo. Necesita hablar por teléfono, charlar, distraerse. Le renta el búngalo a Kwan, pero el escritor aún vive ahí, ¡desde hace cincos años! ¿O son seis? ¿Qué ha escrito el escritor? Al parecer, nada. Kwan dejó todo cuando Papaloukas le dijo que estaba libre el búngalo sin puerta, pero con mosquiteros. Dejar todo, escribir nada.

7
La historia de Tura, la niña-mujer. Son los ojos. Su padre habla de ella, el origen de su inclinación dancística y el amor por el monstruo llamado mar. La invención del surfenco, surf y flamenco. El encuentro de Zubizarreta y Tura. Zubizarreta, el escritor que no escribe. El encuentro de Kwan y Zubizarreta. No son fantasmas, son ellos mismos viviendo en el mismo lugar. ¿Se gustan?

8
La catarsis de Kwan y de Zubizarreta. Qué pasaría si… La voz del mar, eso busca el científico-escritor, qué ha escrito. Los pensamientos, ¿o son posibilidades ya concretadas? ¿Cuál es el tiempo de la novela, y del mar? El encuentro carnal, el amor, la pasión. La búsqueda, ella ya no está, él corre tras de ella, quien siempre estuvo en el mismo lugar sin estar. La huida, porque todo puede explotar.

9
El desenlace de Tura. Ella estaba enamorada de Zubizarreta, el científico que logró captar la voz del mar, y después vino la música, porque el mar canta. Tura se queda en un pueblo a la mitad de su casa. Ella sale de Ñut porque el pueblito a la orilla del mar se convierte en destino turístico, cámaras de fotografía y ruido total. Y hasta el empleado de la multitienda, Quimmik, encuentra trabajo en un gran hotel. Tura cuenta su historia y en esa narración se aclara el mar, turbio de interpretación. Zubizarreta se enamoró y la voz del mar fue la voz del amor. Y llegaron las olas y se llevaron la esperanza.

Kwan
Ella huyó, lejos del mar, en la huida encuentra al dueño del búngalo, Papaloukas, y charlan, charlan hasta que se cansan y van a la casa de él, pero no tienen sexo, sólo la tranquilidad de la plática y, cuando ella va a dormir, escucha de nuevo la voz, la música salida de los labios del mar. Pianissimo y fin.

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