El doctor que da sueño (100% spoiler)4 min de lectura

Caliche Caroma

Doctor Sueño (Doctor Sleep) es la secuela de El Resplandor (The Shining), ambas películas surgen como adaptaciones de los libros de Stephen King. La de 2019 fue dirigida por Mike Flanagan, la de 1980 es obra de Stanley Kubrick. Casi tres décadas pasaron para que alguien se atreviera a sacar la segunda parte del largometraje que nos regaló las traumáticas actuaciones de Shelley Duvall, Jack Nicholson y Danny Lloyd: “Redrum”.

Esta segunda parte es, sobretodo, una película de superhéroes con superpoderes mentales. Las habilidades psíquicas desarrolladas por el niño Danny Torrance en El Resplandor serán lo más importante en la continuación de uno de los filmes fundamentales del terror psicológico. La repetición y/o reactuación de las escenas emblemáticas de la primera parte en Doctor Sueño, más que una exageración son un acto de economía temporal dirigido a aquellos que no vieron y no verán El Resplandor. Regurgitación cinematográfica.

La sangre por el elevador, la escena del bar, la señora podrida en la tina podrida, en fin, hasta el tipo afroamericano, Doc, llegan de nuevo en esta película, que no es totalmente mala, pero no nos adelantemos. Ésta es la típica historia del personaje que huye de su (im)propio destino, Danny ha crecido y se ha convertido en el borrachín que fue su papá. Los fantasmas del pasado lo persiguen, pero él los guarda en cajitas dentro de su cabeza. Al mismo tiempo, una niña ha desarrollado el resplandor como nadie lo había hecho hasta ahora, ella se llama Abra.

La tensión viene de parte de unos cazadores de personas resplandecientes, estos chupapoderes son comandados por una mujer llamada Rose the Hat. Prácticamente aspiran el vapor de las víctimas, lo que los vuelve fuertes y casi inmortales. Rose detecta la potencia de la niña hiperpoderosa y va por ella. Danny ya ha contactado a la pequeña Abra, son amigos y viven cerca uno del otro. La batalla final está por ocurrir.

Emboscados, así mueren varios de los personajes secundarios, caen en la trampa de la ilusión, ver lo que no está; será uno de los recursos más utilizados en Doctor Sueño, quizá algo exagerado esto del engañar al otro por medio del control de la mente. La acción principal tendrá lugar en el viejo hotel Overlook, donde Jack Nicholson rompió puertas y ventanas: “No voy a hacerte daño, Wendy”. Reaparecen los fantasmas de El resplandor y los buenos logran escapar, menos Danny que se muere, pero sobrevive en el plano psíquico.

La película no es tan mala, un divertido rato en el cine con la recreación de la locura de ayer, explicaciones a tu acompañante, que no vio la primera parte, las obvias referencias, los alcohólicos anónimos. Lo que no haría alguien con nostalgia crítica sería verla dos veces. En el tema de la música simplemente no llegaron, tuvieron que remedar los temas de Wendy Carlos y Rachel Elkind; sugieren el sonido de hace 29 años y la sugerencia se desvanece, o sea, podría no haber música en esta película y hubiera sido lo mismo. Las actuaciones de Ewan McGregor, Rebecca Ferguson y Kyliegh Curran, más o menos. Se agradece la ausencia de romances innecesarios.

Nos han repetido hasta el cansado cansancio que segundas partes nunca fueron buenas, dudo de esta afirmación, sí existen precuelas y secuelas de calidad. Lo cierto es que Doctor Sueño tenía una gran responsabilidad, si no superar, al menos llegar al clímax logrado por Kubrick, no lo logró Flanagan. La realidad: el director de La Naranja Mecánica está muerto y, por si fuera poco, estamos en 2019, año en el que la gente sólo va al cine para tomarse selfies y desperdiciar las palomitas de cien pesos. Suerte para la próxima, cinéfilo.

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