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Livier Fernández Topete

El ejercicio de la maternidad se resbala en los pasillos de sus discursos, ni feministas radicales ni abnegadas atinan, exageraciones y pequeñeces se dicen sobre el ser madre. La experiencia está lejos, afortunadamente, de ese decir dogmático que tiende hacia el rechazo o el sacrificio.

La experiencia está llena de matices.

Cada madre, si logra escapar de sermones y mira profundo, puede tener en una de sus manos la paleta de colores infinitos, y en la otra, el pincel de la esperanza.


Madre e hijo de Gustav Klimt

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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