Niños del hombre5 min de lectura

Horacio Cano Camacho

Todos nosotros hemos construido futuros en nuestra mente. A veces muy vinculados a lo que hemos visto en el cine, la televisión, la literatura. Estos futuros son construcciones colectivas de ficción. Pero este imaginar futuros alternativos nos va entrenando para adaptarnos o responder al futuro real, o eso quiero pensar. No podemos construir el futuro si no somos capaces de imaginarlo ¿Cuánto dista lo que cada uno de nosotros imaginó de lo que realmente tenemos? ¿Cómo imaginamos el futuro con los elementos que ahora tenemos?

En términos generales, la literatura de ciencia ficción trata muy mal al futuro. Al menos la que surgió a mediados del siglo pasado. Al desencanto por toda una suerte de utopías arruinadas, guerras, sistemas que se volvieron una pesadilla cuando se proponían constructores de un mundo mejor, la literatura respondió imaginando un futuro gris, desventurado. Como que la realidad no daba elementos para ser optimistas.

Hoy podríamos decir algo similar, con elementos que no están para utopías, como el cambio climático global, las extinciones, la contaminación, el resurgimiento de los nacionalismos por todos lados y por si fuera poco, una pandemia que nos tienen asolados.

Phyllis Dorothy James

El libro que ahora recomiendo está situado en el 2021. Si, calculó bien, ese “futuro” ya nos alcanzó. Este libro imagina un mundo caótico y arruinado por… una pandemia. Se trata de Niños del hombre, novela de Phyllis Dorothy James, mejor conocida como P.D. James, escritora británica de novelas policíacas. Niños del hombre o como se llamó en la edición española que yo tengo Hijos de hombres, trata de un mundo distópico. El libro está escrito a manera de un diario, el que escribe Theo Faron. Este comienza el 1 de enero del 2021. Ese día Theo cumple 50 años, y ese mismo día, Joseph Ricardo, muere a la edad de 25 años en una disputa de bar en Buenos Aires. El hecho puede quedar como uno más en la dinámica del mundo si no fuera porque Ricardo es el último humano cuyo nacimiento fue registrado oficialmente. Se trata del hombre más joven de la tierra.

Hace 25 años que la humanidad está afectada por una pandemia de infertilidad, cuyas causas se desconocen y no han podido ser revertidas por la ciencia. Se cree que el país que descubra una cura la compartirá con el mundo y todos aprenderemos a trabajar juntos (…), pero Theodore Faron (Theo), doctor en filosofía e historiador, docente en la Universidad de Oxford, decide escribir su diario, no para que alguien lo lea y comprenda su modo de vida en un futuro que no existirá. Lo hace para sentir el placer de quemarlo en su ultimo día de una humanidad condenada a la extinción.

El mundo es caótico. Ese futuro que nos ofrece P.D. James es realmente un presente en descomposición, con toda la carga de los problemas que vemos todos los días: terrorismo, desaparición masiva de especies animales y vegetales, agotamiento de los recursos naturales, contaminación, migración desbocada que huye de la miseria…

La historia comienza en 1995, año en que terminamos por darnos cuenta que no están naciendo suficientes niños. Ese año es conocido como el Año Omega y a la generación última se les llama los niños omega. Theo nos va describiendo en su diario la conducta social, primero capaz de mirar como un respiro para la tierra o como un mensaje que esta nos manda (¿le suena?). Pero ese respiro se torna en sordidez y el mundo entero se entrega a algunas de sus peores plagas, renacimiento del nacionalismo excluyente y con él, la discriminación racial y económica, el aislacionismo, el hedonimo más absurdo.

Eso nos va contando Theo, no sin cierto humor muy amargo, cuando un extraño grupo de jóvenes que se niega a aceptar el destino y resiste al orden impuesto por el gobierno, le propone desafiar al totalitarismo.

No le cuento más. Es probable que a estas alturas usted haya visto la película de Alfonso Cuarón del mismo nombre y basada en el libro que recomiendo. Debo decirle que si bien la película es una excelente adaptación, son dos obras separadas, en su profundidad y alcances. El libro de P.D. James se permite muchas reflexiones que serían imposibles en la película porque la tornarían en un mastodonte difícil de asimilar. El libro es con mucho, más audaz que la película y nos deja ver un futuro escalofriante pero muy convincente, un espejo en muchos sentidos de lo que estamos viviendo ahora, aunque menos optimista…

A pesar de todo, atisbamos luces de esperanza en ese mundo oscuro, sin futuro. Creo que eso mismo está pasando ahora. En el libro hay una visión muy desesperanzadora cuando entendemos que la ciencia ha sido incapaz de encontrar una solución. En la actualidad, tenemos todo nuestro capital de futuro invertido en que la ciencia pueda encontrar una solución que nos permita salir, o por lo menos mitigar, la crisis sanitaria. Esperemos que esta esperanza si se cumpla…

Por cierto, la película de Cuarón se comentará el jueves 17 de septiembre a las 19:00 en la página de Facebook La Ciencia en el Séptimo Arte por un grupo de académicos, quienes desde sus perfiles profesionales nos darán sus impresiones. Los invito.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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