Vuelve el Diablo Cojuelo4 min de lectura

Caliche Caroma

Diablos, hechizos, brujas, seres fantásticos, el Santo Oficio, fantasmas e invocaciones, esto es algo de lo que nos trae La Sombra Rinconera-Teatro de Acumulación de Objetos y Estorbos en su más reciente producción, Ojos Tengan No Me Vean, Zarambeque para Diablo Cojuelo, ahora en su tercera temporada a realizarse en La Casona del Teatro, Aquiles Serdán #35, colonia Centro de Morelia, los días 19, 20, 21, 26, 27 y 28 de marzo de 2020.

Sinopsis: En un paraje desconocido de la Nueva España, se reúnen los fugitivos Catalina Soloyo y su hermano Juan Lorenzo, ambos esclavos libertos y adoptados por Mariona Cieneguillas, una bruja mestiza. Los tres son perseguidos luego de ser denunciados por Emiliana de Ocampo, una aristócrata criolla procesada por practicar hechicería amorosa a su marido y a otros hombres, con ayuda de los negros. Esta obra, plagada de hechizos, oraciones heréticas, venganza, crímenes pasionales debate las zonas más ensombrecidas del sincretismo religioso novohispano y las regiones más trágicas del amor.

Aunque contiene la palabra prohibida, diablo (uy, qué miedo), no hay nada qué temer, pues esta obra en realidad nos remite a ese mundo imaginario que la Inquisición inventó para justificar su oscura existencia, estamos hablando de una truncada historia de amor (filial y no), liberación y persecución. Con pinceladas de la negritud, nuestra tercera raíz, la magia de los títeres magistralmente creados y las actuaciones, hay que decirlo, de primera. Un ceviche de entretenimiento, conocimiento e imaginería, a propósito de lo ecléctico.

La encargada de todo este aquelarre es Flaviana Moreno, que además de dirigir, actúa junto a Gunnary Prado, también asistente de dirección en Ojos Tengan No Me Vean. Los otros dos actores, con una experiencia importante en el teatro, son Gilberto Arredondo y Landy Medina, quienes demostraron que hicieron su tarea y les pusieron estrellita en la frente, ya que el lenguaje y la caracterización les exigió estudio, ensayo personal y general, para entender el contexto que nos remite a finales de 1600 y principios de 1700 en la Nueva España.

A propósito de la preparación que tuvieron los actores para esta obra, escribe la doctora Gunnary Prado: “El ensayo es el cruce de caminos, es el acto amoroso de los cuerpos en comunión construyéndose y reconstruyéndose a partir de la proximidad, del danzar juntos. En el ensayo se interroga y se responde un plural. En el ensayo se descubre quién es uno y quién puede llegar a ser en uno y con los otros u otras. El ensayo es una rutina placentera, es una llegada que está por partir. Los ensayos crean unicidad, pero también diversidad. En el ensayo se mira, se habla, se hace, se repite. Es el ensayo un retorno, un inicio que ya se convirtió en un final”.

Y termina la directora, actriz, estudiosa, Gunnary Prado, con la imperiosa invitación: “Si los espectadores supieran de los ensayos como lo saben los actores, no pagaría por una función, sino por participar del sinuoso y combatiente camino de los ensayos. ¡Vengan a la función!”.

La recepción de las funciones es a las 20:30 horas, el costo es de $100 pesitos y tienen la promoción en donde pagan dos y entran tres. Un par de frases de la obra para ir entrando en calor: “Es lo que hacen los hombres, Lorencito, perder y perderse”, «Nunca hubo amor para Emiliana, ni el cielo ni el infierno me lo dio». Nos vemos en la Casona del Teatro.  

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