No hables con extraños/ Las viudas de los jueves6 min de lectura

Horacio Cano Camacho

En estas vacaciones extrañas, encerrado en casa, me dispuse a darme un maratón de series y comencé por una precedida de la lectura del libro y que pintaba bien. Cuando me senté a escribir, llegó la noticia del premio Dashiel Hammet (uno de los más prestigiados en nuestro idioma), otorgado por la Semana Negra de Gijón a Claudia Piñeiro por su novela ya reseñada en este bufete negro, Catedrales. Sirva la reseña de hoy para recomendar el libro nuevamente (http://elartefacto.net/catedrales/), toda su obra y que sea mi más que modesto homenaje.

La situación es que la vista de la serie me recordó inevitablemente el primer libro de Piñeiro que conocí y no pude menos que vincularlos de alguna manera, incluso marcar sus distancias. Se trata de la serie No hables con extraños, basada en el libro del mismo nombre de Harlan Coben (RBA, 2019) y que recién se estrenó en Netflix. No hables con extraños es un thriller psicológico con un tema que encanta a su autor, inscrito en el subgénero conocido como domestic noir o novelas negras que narran sucesos ambientados en la vida familiar, doméstica o de pequeñas comunidades: Los secretos inconfesables que todos arrastramos y cuya revelación inicia una cascada de eventos trágicos que son el centro de la trama.

Hay algunas variaciones entre el libro y la serie, un hombre extraño (una mujer en la tele) se acerca al protagonista, el abogado Adam Price y le susurra tres palabras “podrías haberla dejado…” (en la serie es todo un diálogo). Este extraño mensaje le lleva a descubrir que su mujer Corinne fingió un embarazo y el subsecuente aborto para retener a su marido en un momento de crisis de la pareja.

Adam confronta a su esposa y luego de una áspera discusión, ella desaparece dando inicio a una serie de sucesos que llevan a descubrir que, en la pequeña localidad idílica en un pueblo de los suburbios de Londres, todos guardan algo vergonzante que están dispuestos a ocultar a cualquier precio. La investigación de Adam va descubriendo que el extraño (la extraña de la serie) va por el pueblo revelando cosas a unos y otros, creando situaciones muy complejas y trágicas.

La serie (incluso más que el libro) funciona bien, es un thriller eficaz y adictivo. Todos queremos saber, cual mirones, qué hay detrás de esas confesiones y qué se esconde en el ambiente tan correctamente avenido. La serie está muy bien construida, con magnificas actuaciones y si nos ponemos atentos, no nos perderemos en la cadena de subtramas que corren paralelas y que probablemente sean la principal pega del libro y de la serie. Abarca o pretende abarcar mucho. Véanla, se las recomiendo, es una serie palomera para un fin de semana de cuarentena.

Pero aquí aparece la comparación (para mi, inevitable) con la novela de Piñeiro: el contexto. Para Harlan Coben, nuestros secretos, nuestras vergüenzas son construcciones individuales que poco a nada se vinculan al contexto social. Son una carga para cada uno de los involucrados, pero el contexto importa poco.

Las viudas de los jueves (Claudia Piñeiro, Alfaguara, 2005), es una novela sobre la clase media argentina, pero en realidad sobre la de cualquier lado. Un retrato psicológico sobre la clase media acomodada, como le decimos en México, sector en el que muchos de nosotros, nos guste o no, nos movemos. Es una novela cuidada, espléndidamente narrada de como este sector de la población va construyendo su mundo en un barrio residencial cerrado como los que aparecen como hongos en cualquier ciudad de nuestro país. Ladrillo a ladrillo, cada habitante va edificando su propio paraíso, al margen del mundo externo que se derrumba. Dentro del muro, el mundo transcurre tranquilo, apacible, perfecto.

Dentro de los muros de Altos de la Cascada, coto donde ocurre la historia y microcosmos de Piñeiro, las familias pasan la vida dedicadas a construir un estilo de vida, ajeno a cualquier crisis, lujoso y apacible, mientras la catástrofe hace mella de su país, que se derrumba. Dentro de esas familias modélicas, se esconden muchos secretos, muchos «esqueletos en sus armarios». El germen de su destrucción no es sólo el mundo caótico de afuera, el verdadero se esconde en sus propias entrañas. No se puede construir el paraíso al margen de la realidad, no podemos crear felicidad negando lo que pasa afuera. ¿Hasta dónde se está dispuesto a llegar para sostener ese estilo de vida?

Construir las bardas perimetrales es sólo el primer paso. Luego le sigue la construcción de una barda para cada alma. Vemos aquí diferencias fundamentales entre dos libros que parten de temáticas similares: los secretos que todos guardamos y queremos esconder. Pero mientras Coben lo hace una tragedia individual, a coro si acaso, Piñeiro lo sitúa claramente en la realidad circundante y como producto de esta.

Me recordó inevitablemente las discusiones con cofrades clasemedieros, todos nosotros mucho menos pudientes que los de la novela y la serie, claro, pero igual de preocupados por la propia seguridad, al margen de la realidad misma y sin entender que no hay muro que nos proteja de la destrucción del tejido social que estamos experimentando desde hace décadas. Nuestras “aspiraciones” son solo buenos deseos o proyectos, sin conexión alguna con el mundo real que se desmorona en nuestro entorno, pero que de alguna manera nos hemos creído que inició apenas hace un par de años…

Dentro de Altos de la cascada, la preocupación es la clase de idioma de los niños, la sesión de Feng shui de la señora, el partido de golf o tenis del sábado o las reuniones de hombres (maridos) de los jueves. Un crimen rompe la vida en la que los habitantes de Altos de la cascada chapotean como en una salsa. La tragedia se narra al inicio y eso permite a la autora, en pequeñas viñetas, descubrirnos quién es cada habitante “perfecto del mundo perfecto”.

Les invito a leerlo y por cierto, también hay una película en Netflix sobre este libro. Es un muy buen ejercicio de reflexión sobre nuestra vida misma y la decadencia de nuestro modelo de sociedad. ¿Qué estamos construyendo? ¿Podemos sobrevivir en la destrucción de lo que nos rodea? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar? ¿Transformar nuestra realidad no pasa por comprometernos con la transformación de nosotros mismos junto a los que nos rodea?

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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