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Livier Fernández Topete

Monjes que pretenden con pulcros hábitos
a otros llenos de mugre y rasgaduras
a monjes en la desnudez
a miles de emuladores con sus miles de nudos 
he visto poquísimos monjes hechos desde adentro y no por fuera
monjes que tienen otros nombres, desatentos con sus ropas
anacoretas que echan luces entre el silencio
hechos de silbidos suaves, de agua y de viento
también los hay de fuego y resulta difícil reconocerlos
resplandecen entre la furia, el arrebato, el incendio
nos dejan la ceniza de la duda, el relámpago de una pregunta que punza
el reflejo de unos ojos que nos devuelven otra mirada
desaliñados o desnudos desanudan nuestras trampas
nos acompañan a desandar para el comienzo del gateo
nos dejan su sombra para que desanidemos
emprendemos entonces el vuelo

El anacoreta, de Mariano Fortuny

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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