Sukkwan Island6 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia

Hay libros inclasificables y el que recomiendo en esta ocasión es uno de ellos. Con apenas 200 páginas, es capaz de hacernos vivir una novela de aventuras, al estilo de Daniel Defoe o Jack London, de inmediato nos sumerge en abismos claustrofóbicos que parecen salidos de algún relato de Edgar Allan Poe, o bien nos hace vivir un drama de una intensidad psicológica casi insoportable, provocando que literalmente no nos podamos despegar de su lectura .

Se trata de Sukkwan Island (Ediciones Alfabia, 2010, ISBN 978-84-937943-2) de David Vann (1966), escritor estadounidense y profesor de literatura en la Universidad de San Francisco. Sukkwan Island, fue su primera obra y un fenómeno literario que fue recibido unánimemente como una obra original, de estilo profundo y trepidante a la vez, dada su capacidad narrativa es comparado con escritores consagrados como Cormac McCarthy.

David Vann

James Edwin Fenn es un dentista de mediana edad, residente de Alaska, sobreviviente a dos divorcios, planea dar un vuelco a su vida, encontrarle un sentido que hasta ahora se le escapa, para ello decide vender su casa, su consultorio y convencer a su primera exmujer de pasar un año completo junto a su hijo Roy, en una pequeña cabaña que compró en la Isla Sukkwan, una región deshabitada y salvaje en los fiordos del Sur de Alaska. Este plan que a todas luces se antoja como una invitación a la aventura, es la base de este estrujante y original relato.

Roy es un adolescente de 13 años que vive en Santa Rosa, California, el sexo irrumpe con una fuerza incontenible en sus fantasías y sueños, que lo mantienen sumido en un estado de erotización propio de la pubertad. Realmente no conoce mucho a su padre, y no sabe bien como logró convencer a su madre y a él mismo de embarcarse durante un año en una aventura que por mas que se le plantea como el gran viaje en el que tendrán que sobrevivir totalmente aislados, cazando y pescando, así como acumulando provisiones para pasar el salvaje invierno en las montañas de Alaska, no acaba de hacerse a la idea del valor que entraña en su vida esa “gran aventura”.

Esta historia es construida solo por tres personajes: Roy, Jim y la salvaje naturaleza de Sukkwan Island. Padre e hijo llegan a la isla en un hidroavión, el cual será su único contacto con la civilización cada 2 semanas, saben que en alguna de las islas cercanas viven otras personas, no saben cuantos ni quienes son. Sus provisiones, básicamente, son salmones que pescan en los ríos cercanos y leña para la estufa, juntos condicionan la destartalada cabaña donde se hospedan. Desde un principio Roy descubre que su padre es un ser inseguro y frágil, que ha convertido ese viaje en una prueba de autoafirmación personal, pero que no puede deshacerse de sus demonios internos, llora durante las noches y balbucea historias absurdas en sueños, provocando temor e inseguridad en Roy quien se pregunta ¿quién es su padre? y ¿qué pasado pretende dejar atrás?. La relación comienza a hacerse cada vez mas áspera, la comunicación es escasa a pesar de estar en completa soledad, pasan los primeros días ensimismados rumiando sus propios temores y fantasías.

La historia adquiere fuerza y cuerpo en los pequeños detalles, en los intensos monólogos interiores de padre e hijo, en la descripción de una naturaleza amenazante y omnisciente que no se puede domar por la bisoñez de Jim, que va cometiendo errores que ponen en peligro su supervivencia, y que no logra establecer el vinculo de cooperación indispensable con su hijo para poder sobrevivir con bien en esta aventura. 

El autor es dueño de una prosa dura, directa y descarnada, hace de la descripción del impresionante paisaje de la isla, un marco ominoso al drama personal que se va gestando en la convivencia diaria de los dos personajes, quienes a manera de dos presos obligados a convivir forzadamente, se van descubriendo como dos desconocidos, y que es mucho mas lo que los separa de lo que los une. Roy, va descubriendo en su padre un hombre atormentado, inseguro y egoísta, que lo llevó mas como una tabla de salvación personal que en un afán de procurar una experiencia formativa de vida inolvidable para su hijo.

En sus noches de insomnio, Roy se va enterando de los secretos de su padre, al escucharlo hablar entre sueños descarnadamente de sus separaciones, de su necesidad de compañía femenina y de la frustración que siente por el fracaso de su ultima relación con una mujer llamada Rhoda. Jim pierde cada vez más la noción de la realidad mientras Roy se obsesiona por escapar. Las tareas diarias, la pesca, la caza, el almacenamiento de provisiones se hacen cada vez mas pesadas y sin sentido. Jim errático se obsesiona en comunicarse por radio con Rhoda, pero cuando lo consigue solo obtiene indiferencia y una rotunda negación a recomenzar la relación. En este punto el relato cobra una intensidad casi corpórea, la relación entre padre e hijo se precipita en un camino de miedo y desconfianza, Jim se empecina en permanecer en la isla sin un propósito definido.

Los acontecimientos se precipitan y termina la primera parte de la novela con un final impactante que te deja totalmente en shock, el autor da un giro inesperado logrando una profundidad psicológica angustiante, el clima claustrofóbico y amenazante de la isla se hace cada vez mas evidente, el peso del relato cae ahora en el padre, quien va cayendo en un abismo existencial que lo lleva al borde de la locura.

Incluyo esta novela en el Bufete Negro pues alcanza cotas de intensidad y de exploración de los sentimientos mas oscuros del ser humano, tiene un misterio que solo se nos revela al final del libro. A todas luces se trata de una novela claustrofobica e intensa, posee un ritmo trepidante y directo que hace que su lectura se convierta en un verdadero tour de force que nos deja exhaustos, al mismo tiempo deconstruye los estereotipos de la relación padre hijo. Sin duda Sukkwan Island nos hará sentir que el encierro no necesariamente se da entre cuatro paredes.

Se las recomiendo ampliamente.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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