25 Instantáneas de Iliana Vargas o Cuando yo te vuelva a ver, no habrá más penas ni olvido13 min de lectura

Héctor Alvarado Díaz

1. ¿El cuento lo trabajas o lo estudias?

Más que estudiarlo, lo exploro para descubrir los misterios del mecanismo que lo hacen funcionar, dependiendo de la voz estética a la que pertenece. Me encanta descubrir qué hace que un cuento sea fantástico -y qué tipo de fantástico- o de ciencia ficción -y qué tipo de ciencia ficción-, o una mezcla de ambos. En todo caso, lo que estudio es la manera en que se ensamblan sus piezas y la articulación de su lenguaje. Al escribir pongo atención en cada una de estas partes, pero creo que no de una manera consciente durante el proceso creativo, sino cuando empiezo a hacer las correcciones.

2. ¿Sueñas con monstruos?

Sí, en uno de los primeros sueños vívidos que recuerdo había un monstruo muy parecido a un reptil descarnado, mucho antes de que yo tuviera idea de que existían los extraterrestres reptilianos. No suelo soñar con monstruos que aparezcan en libros o en películas, sino con seres que resultan una mezcla de distintas especies y en los que percibo un aura ominosa que me angustia muchísimo mientras estoy viviendo ese sueño y que prevalece cuando logro regresar y abrir los ojos, identificando el lugar donde estoy.  Lo ominoso ha sido algo constante en mis sueños desde hace años, ya sea en la atmósfera, que a veces por sí misma es monstruosa, o en personajes específicos que se me quedan muy grabados en la cabeza o en la sensación de haber estado con ellos, de haber sido uno, incluso.

3. ¿Qué te llevó a la literatura?

Creo que siempre estuvo rondándome desde que era chavita. En la primaria nos pedían que leyéramos un libro al mes y que hiciéramos una ficha sobre lo que nos había parecido la historia, acompañada de un dibujo. En la casa, mis papás nos compraban colecciones de leyendas y fábulas; de mitos prehispánicos; de un personaje que se llamaba Pluvio y que se dedicaba a viajar para conocer los diversos ecosistemas del mundo; de Mafalda; de una serie que se llamaba Colibrí, y compilaciones de los Hermanos Grimm. A veces se turnaban para leernos en las tardes, y luego cuando yo aprendí, me ponía a leer con mis hermanos. Pero lo que más recuerdo sobre mi acercamiento a la literatura fue una vez que iba en 4º y me castigaron por no hacer la tarea mandándome a la biblioteca. Recuerdo que me sorprendió ver tantos libros juntos sobre tantas cosas en un espacio tan pequeño, y no entendía cómo eso podía ser un castigo si tenía chance de quedarme ahí durante todo el recreo pasando las páginas, viendo las ilustraciones, leyendo fragmentos de cosas que seguramente no entendía en el momento, pero que después reencontré en la prepa o la facultad. Fueron justo dos profes de prepa los que me incentivaron a estudiar Letras Hispánicas cuando se dieron cuenta de que Literatura y Español eran las clases en las que más participaba, y pues la verdad, no se equivocaron: me enamoré de la palabra, de su uso en el lenguaje escrito, de sus reglas sintácticas, sus posibilidades para transformarse y sus juegos semánticos. Más adelante descubrí que dentro del inmenso territorio que implica la literatura, lo fantástico y la ciencia ficción (cuyas variantes hoy podemos englobar en la ficción especulativa) son los archipiélagos a los que pertenezco.

4. ¿Cómo ves el feminismo?

Lo veo como un impulso vital y necesario para luchar contra el canon en todos los ámbitos políticos y socioculturales en los que convivimos como especie desde hace siglos. Es el arma que construimos día a día desde nuestro lugar en el mundo cuando, con acciones a veces tan sutiles que casi nadie las nota, evitamos o reaccionamos ante los distintos tipos en que se manifiestan la violencia, la discriminación o la imposición de un rol “femenino”; cuando preferimos escuchar y leer a otras mujeres aunque no sean nuestras amigas o ni las conozcamos; cuando decidimos que no tenemos por qué seguir alimentando ni formando parte del sistema y encontramos las maneras de proponer otras formas de organizarnos y apoyarnos sin caer en la condescendencia, sino recordándonos las unas a las otras cuáles son y dónde están nuestras fortalezas.

5. ¿Alguna vez la novela?

Espero que sí. Me cuesta concentrarme en una sola historia, aunque implique diversos personajes, sucesos y escenarios que se interconectan. No sé por qué, pero mi cerebro o mi mecanismo creativo se sienten correteados por la inmediatez, como si no alcanzara el tiempo para planificar una novela, y siempre estoy saltando de una historia a otra al mínimo detonador que se me ponga en frente. Si sobrevivimos a la pandemia, uno de mis objetivos para el próximo año es continuar y terminar el borrador de una novela que empecé en 2019.

6. ¿Llevas la fantasía en la sangre?

Yo creo que sí; hasta mi familia apoya la idea de que no soy un personaje del todo terrestre en el sentido figurado y literal. No es que todo el tiempo esté papaloteando como cuando era niña o adolescente; a mis 43 años ya tengo muy claras las prioridades prácticas de la vida para sobrevivir, pero sí admito que fantaseo varias veces al día porque en mi caso es un mecanismo que funciona como punto de partida para hacer lo que quiero. Ha habido varios momentos de mi vida, desde chavita hasta ahora, en los que la fantasía me ha ayudado a explicar fenómenos naturales o humanos de mi entorno y a mirarlos desde otra perspectiva para comprenderlos. La fantasía, más allá de las cualidades pueriles o inocentes que se le suelen atribuir y por las que se le llega a menospreciar, es un poder que necesitamos aprender a cultivar y ejercer para visualizar y construir nuestras posibilidades de existencia, tanto individuales, como en colectivo.

7. ¿Eres cruel con tus personajes?

Yo diría que más que ser cruel con ellos, o en su mayoría ellas, me gusta que ejerzan la crueldad cuando es necesario, o que la experimenten si es parte del destino que les toca habitar y confrontar.

8. ¿Te comportas en sociedad?

Ups, no sé; creo que esa pregunta tendrían que responderla las personas con las que convivo en las diferentes sociedades en las que me muevo. Según yo, me comporto dependiendo de los estándares del lugar al que llego, pero nunca he sabido si lo he logrado o no.

9. ¿Cómo definirías esa criatura llamada cuento?

Como un organismo que siempre está buscando las condiciones ambientales adecuadas para cobrar formas desconocidas, volátiles, en constante movimiento. Tiene algo de planta carnívora y de animal exótico que atrae por sus colores, sonidos y formas, y cuando menos te das cuenta, ya te devoró y te vomitó de regreso al mundo, pero con partes de más o de menos en el cuerpo y en el inconsciente.

10. ¿Qué te altera y qué te apacigua?

Me altera la gente malacopa, manipuladora y chantajista; la alerta sísmica y las manadas de perros que ladran al mismo tiempo a todas horas. Me apacigua regar las plantas, bailar y platicar con Nina (mi gata), salir a caminar, observar el cielo en las tardes y echarme una chelita mientras cambian los colores entre las nubes y escucho a Diamanda Galás.

11. ¿Te pasarías la vida escribiendo?

Sí, si no tuviera que preocuparme por encontrar los medios económicos para sobrevivir, o si lograra sobrevivir gracias a la escritura. Eso sí: no sería lo único que me pasaría haciendo en la vida, porque es imposible sólo sentarse a escribir sin experimentar todo lo que está sucediendo en otros espacios; entre más ajenos a lo cotidiano, mejor.

12. Bandas favoritas.

Tsssssssss… Esto es más complicado que mencionar libros favoritos. Digamos que depende del humor, el momento, el tono, el clima e incluso lo que necesite sentir en el cuerpo, pero pa’ pronto: Mueran Humanos, Circuit des Yeux, Santa Sabina, Caifanes, Soda Stereo, Mars Volta, Bauhaus, Joy Division, Sonic Youth, The Velvet Underground, Dead Can Dance, Sun Ra, Cocteau Twins, Acid Mothers Temple, Low, Fire!, Otomo Yoshihide’s New Jazz Quintet, Trobbing Gristle, Coil, Current 93, John Zorn y sus múltiples ensambles, Germán Bringas ídem, y una banda que no es banda en sí, porque cada uno tiene su proyecto, pero luego se juntan/juntaban para tocar en múltiples combinaciones: Sarmen Almond, Fernando Vigueras, Manrico Montero, Juanjosé Rivas, Sergio Sánchez, Rodrigo Ambriz, Julian Bonequi, R.R, Arthur Henry Fork,  Arcángel Constantini, Concepción Huerta, Gibrán Androide, César Rats, Martín Escalante, Mabe Fratti, Gibrana Cervantes y Camille Mandoki son a quienes tengo más presentes.

13. ¿Es necesario viajar?

Es indispensable. Exponer el cuerpo y todos los sentidos a un espacio que se explora por primera vez es, para mí, como regenerar las células del organismo y poner al máximo la capacidad de percepción. Salir de la zona de confort y no saber qué va a suceder allá a donde vas, aunque sea un lugar al que has ido otras veces, es uno de mis adrenalinazos favoritos.

14. ¿Escribes con ritmo pausado o intenso?

Creo que un poco de ambos: cuando me hace clic una idea para convertirla en historia escribo intensa, casi fogosamente, para que no se me pase ningún detalle en la libreta de los borradores. Después, cuando la paso a la compu, ya todo va más pausado y pensado para ver qué sí funciona y qué no de todo ese arrebato inicial.

15. ¿Lees a tus colegas de generación?

Sí, yo lo considero un ejercicio necesario para saber qué hacen, por dónde van, en qué coincidimos y en qué no; si tenemos inquietudes parecidas o si cada quien anda muy por su lado.

16. ¿Y a los mayores?

Sí; en realidad no me fijo mucho en la edad o en las diferencias generacionales. Leo a quienes me siento atraída por coincidencias temáticas y por exploraciones de los géneros que me interesan. Siempre tendré preferencia por la literatura no mimética, pero también le entro a textos relacionados con la ciencia, el arte performático, o el art brut, y me laten mucho los diarios, las biografías, las entrevistas y los ensayos de gente que se dedica a la música, la pintura y el cine. Me interesan mucho las interconexiones disciplinares desde que conocí a los dadístas y luego a los surrealistas.

17. Una palabra para las siguientes palabras.

Lovecraft: Cosmos

Chinchilla: Papel

Página: Exploración

Pulpa: Invertebrada

Argonauta: Alunizaje

18. ¿Conoces la inspiración?

No exactamente; más bien respondo a impulsos.

19. ¿Eres el alma de las fiestas?

No voy mucho a fiestas, pero cuando voy me gusta pasarla chido, aunque no tanto como para ser el alma del lugar. Me dejo llevar por caminos insospechados cuando estoy con personas con quienes tengo relaciones muy cercanas desde hace años.

20. ¿Cómo te fue en la pandemia?

Siento que no ha acabado, pero no me costó trabajo adaptarme cuando empezó el encierro porque no soy un ente muy social. Creo que no llegué a caer en crisis de paranoia o temor extremo, pero sí he tratado de cuidarme o de encerrarme por completo para no contagiar a nadie cuando siento que tal vez me expuse demasiado. Nunca había usado tanto la virtualidad como ahora, pero no soy fan; aunque para el trabajo y para contactar a banda de otros países y en diversos proyectos ha servido muy bien.

21. ¿Siempre estás buscando algo?

Creo que sí. O más que buscar, siempre estoy atenta por si aparece algo que no esperaba o que no estaba antes ahí, en la casa, la calle o cualquier espacio cotidiano, ya sea en el sueño o la vigilia.

22. Cinco narradoras de tu corazón.

Voy a mencionar diez porque cinco son muy poquitas: Mary Shelley, Margaret Atwood, Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas, María Luisa Bombal, Angélica Gorodischer, Ursula K Le Guin, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Anna Starobinets.

23. ¿Qué haces en tu tiempo libre?

Antes de la pandemia me encantaba meterme a los museos o al cine sin saber de qué se trataban las expos o las pelis (a menos que fuera a ver algo en especial), y durante los últimos cinco años me la pasaba en conciertos de la banda que te comentaba hace rato, porque además hicimos lazos muy entrañables ahí. Ahora me dedico a dar vueltas por la colonia, a ver pelis y series, a espiar a los vecinos y a los pájaros, a visitar a mi familia, a cotorrear en el whats o en el facebook y a aventurarme a subir cerros y montañas a petición de dos amigos muy queridos que parecen sayayines: Rafael Villegas y Enrique Urbina. A veces me escapo a la Cineteca o a algún concierto, pero todavía no me acostumbro a andar muchas horas con el cubrebocas puesto.

24. ¿Café, té o vino?

Café en el día y vino en las noches cuando hay algo especial que celebrar. El té nomás lo tomo cuando tengo mucho frío o algún malestar corporal.

24. ¿Qué estás escribiendo ahora?

Empecé un libro de cuentos a partir de algunos personajes que encontré en mis paseos durante estos meses, y que estoy usando para explorar más las posibilidades de transformación y transfiguración que trabajé en Yo no voy a salvarte, pero haciendo énfasis en la capacidad de hibridación con el entorno vital y los límites del cuerpo para mutar.

25. ¿Odias o amas la rutina?

Digamos que tengo una relación tóxica con ella: me choca hacer las mismas cosas todos los días, pero reconozco que en algunos casos tiene ventajas para que salga bien la parte funcional y estructurada de la vida.


Iliana Vargas (CDMX, 1978). 

Es egresada de la licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde cursó el Diplomado de Literatura Fantástica y co-organizó el Encuentro Multidisciplinario en torno a lo Fantástico, en 2001. Actualmente forma parte del Seminario de Literatura Fantástica Hispanoamericana en la misma institución.

En 2018 fue seleccionada para participar en The  Mexicanx Initiative de la 76 World Science Fiction Convention, San José, California; y en 2019, en el 2º Encuentro Internacional de Literatura Fantástica y Ciencia Ficción en Santiago de Chile y Punta Arenas. Cofundadora, en 2020, de “MexiCona: imaginación y futuro”. Durante la pandemia ha formado parte de diversos encuentros, foros y festivales virtuales dedicados al fomento y la difusión de géneros de ficción especulativa en Hispanoamérica.

Es autora de los libros de cuento Joni Munn y otras alteraciones del psicosoma (Conaculta/Fondo Editorial Tierra Adentro, 2012); Magnetofónica (Ediciones y Punto, 2015); Habitantes del aire caníbal (Editorial Resistencia, 2017) y Yo no voy a salvarte (Eolas Ediciones, Las Puertas de lo Posible, España, 2021). Editó el dossier Fémina Incógnita y llevó la columna “Hibridaciones Sinápticas” para la revista digital Vozed. Su obra se incluye en diversas antologías y publicaciones nacionales y extranjeras; algunos de sus cuentos han sido traducidos al inglés.

Se ha desempeñado como correctora de estilo, editora, tallerista y jefa de fomento a la lectura, la escritura y bibliotecas en la DGESUM para las Escuelas Normales del país.

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