Escribir2 min de lectura

Livier Fernández Topete

Es mentir, sin embargo, aunque se “mienta”, la escritura nos condena a la verdad, al menos, a la nuestra. No hay manera de salir ileso tras haberse arrojado al abismo de la hoja en blanco, lo que aparece tras el desierto de palabras nos delata, pone en evidencia los sueños, las fantasías, los miedos, los deseos; sí, escribir es tenderse en el diván para el análisis. Manchar de tinta es irse escribiendo a uno mismo, aunque no sea propósito de tal ejecución, es uno de sus efectos colaterales.

Escribir es fundar premoniciones, es predecir el futuro, porque lo dicho, tiene el potencial de ser y de hacer, esta es una de las tantas maravillas de la palabra, su capacidad para crear realidades. Pero también es narrar el pasado, aunque se hablara del tiempo venidero, pues lo acontecido deja su huella imborrable en cualquier otro lapso, la sentencia del que ficciona es la invención a partir de lo que conoce, la imaginación no puede salir de los límites del que concibe, somos madres o padres que engendran textos tan pobres o gloriosos como nosotros mismos. Ah, qué estupendo sería poder crear por encima y por fuera de nuestro campo de obstáculos. Escribir es dar cuenta del presente, tiempo que por excelencia se cuela en cualquier manuscrito, por más que se le reprima, por más que se le evada. La escritura es confluencia de todos los tiempos, cuando nombra lo hace a través de una experiencia o conocimiento del pasado y al trazar en el presente resuelve lateralmente algo que repercutirá en el futuro.

Escribir es desgarrar la realidad con el punzón de una idea, es abrir una grieta para que nazca una pregunta, una mirada, una posibilidad.

Quizá escribir sea destino, no elección, el hado empujando rumbo al conocimiento, en dirección a la introspección.

Escribir es ser astronauta: viajar a la Luna con traje espacial hecho en Tierra, es persistir en otros universos desde las paredes de la casa, la tierna intención de salir de uno y de este mundo, empuñar la mano para existir, para dejar la propia pintura rupestre en la cueva oscura que, con suerte, un día será descubierta por otro.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el artefacto.

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